sábado, 30 de junio de 2007

EL DESPRECIO (JEAN LUC GODARD - 1963)




Como creo que ya quedó patente en un comentario anterior, mis relaciones con el llamado cine de autor no atraviesan un buen momento. Uno de los genios de este mundo del celuloide, universalmente reconocido es Jean-Luc Godard, al que no voy a presentar aquí. Director de películas tan afamadas como “Al final de la escapada” ó “Pierrot el loco” y también allá en 1963 de “Le mepris” (El desprecio).

Me doy cuenta que en ciertos círculos cinéfilos, los comentarios negativos sobre aspectos concretos de su filmografía son inmediatamente contrarrestados con argumentos basados en la idiosincrasia personal del autor, en su forma de ver la realidad, en su pertinaz deseo de dejar su impronta en todos sus trabajos. En definitiva, que por encima de guiones, historias y otras zarandajas que casi no vienen a cuento, destaque con todas las luces de neón encendidas el nombre de Godard.

Esta reivindicación de la autoría la supieron hacer mejor que nadie los directores franceses. Sus películas no eran de Belmondo ni de Jeanne Moreau por citar solo dos actores de la época, eran películas de Godard ó de Truffaut. Y bueno, hay que reconocer que estaban en su derecho. Y a eso se le ha llamado cine de autor.

Pero a este que aquí escribe, le gusta encontrar guiones consistentes y con interés. Las filosofías existencialistas suelen aburrir y producen somnolencia. Los cuerpos maravillosos también acaban cansando si no se les dota de alguna que otra frase coherente. Y si al elenco de personajes unimos, como actor, a un director consagradísimo de la talla de Fritz Lang pues los seguidores de este cineasta alemán nos sentimos bastante desconcertados oyéndole hablar de dioses, héroes y otras historias homéricas incomprensibles para la mayoría de los mortales.

Pero eso sí, la película es Godard, los colores, el rojo, el blanco destacando sobre azules, los carteles, las referencias cinéfilas. ¡Ah, ¿Es de Godard, verdad?! “La crème de la crème” Pues miren, aunque se molesten algunos. No me gustó. Y lo siento. Hasta los dioses hacen obras mediocres.

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miércoles, 27 de junio de 2007

CINE SERIE B: LA IMAGINACION AL PODER






Creo que coincidirán conmigo en que en este siglo XXI el no estar informado podría tipificarse claramente como delito, tanta es la facilidad con que se puede obtener información de cualquier tema. Esto viene a colación porque tenía algunas dudas respecto a otro de esos conceptos que se manejan en la terminología cinematográfica: El cine Serie B.

Ciertamente la letra B ya augura una especie de segundo orden. Pero no está de más afinar un tanto el concepto acudiendo a Wikipedia:

“El cine Clase B (también llamado Serie B), apareció en los tiempos del sistema de estudios de Hollywood, entre los años 1930 y 1960.

Clase B era una película realizada con bajo presupuesto y actores principiantes, no reconocidos o en decadencia.

La clasificación se siguió usando luego de la caída de dicho sistema y se asocia comúnmente a producciones de baja calidad (se relaciona con el cine bizarro”

Y luego, respecto al cine bizarro se habla de absurdo, ridículo, contradictorio e ilógico así como de imposible etiquetación.

Bueno, estas definiciones nos van situando en materia. La cosa va de que no hay dinero. Eso está claro. Pero lo que no está tan claro es esa asociación con producciones de baja calidad. Porque, en mi modesta opinión, el cine es el arte de producir sensaciones en el espectador y esas sensaciones, esas buenas vibraciones que dirían los chicos de la playa, pueden proceder tanto de una película super cara con efectos especiales maravillosos y los actores más cotizados como de otra de un cineasta novel y con interpretes prácticamente aficionados. La historia nos va dejando multitud de ejemplos. Por ejemplo, la ópera prima de Polansky “El cuchillo en el agua” no deja de ser una película serie B, lo que sucede es que el director polaco es un fuera de serie y la obra, con sus lagunas que las tiene, incluye momentos geniales, encuadres y fotografías absolutamente perfectas y no creo que su calidad sea discutible.

Y otro ejemplo es el de la última película que he visto. Se llama Detour y su realizador es Edgard G. Ulmer. La calificaría como una road movie con algunas gotas de cine negro. Es una película de carreteras con esa dosis de aventura y suspense que tan apropiadas resultan para éste género. Y ciertamense te nota que el presupuesto anda muy pero que muy escaso. Hay mucho rodaje en interiores ó en el propio automóvil. Pero la película tiene su gancho y consigue interesar al espectador. Incluso con algún que otro plano cinematográficamente memorable como la orquesta en sombras acompañando la canción que perturba los sueños del protagonista.

Conclusión: En cine el dinero sigue sin dar la felicidad y hay costosísimas superproducciones que son auténticos bodrios mientras que trabajos “sin un duro“ calan en nosotros y nos producen esas sensaciones de las que antes hablaba. Aquí si vale aquello del 68 :” La imaginación al poder.”

lunes, 25 de junio de 2007

CINE DE AUTOR




Quiero divagar un poco sobre el llamado “cine de autor” uno de tantos conceptos que se manejan en el mundo cinematográfico y que se supone que todo el mundo conoce y tiene claro. Pero, ¿realmente lo tenemos tan claro? Porque, vamos a ver, toda obra tiene su autor y esto es válido en cualquier lenguaje artístico y siguiendo este razonamiento debemos concluir que cualquier película es cine de autor. Elemental querido Watson. Pero...no sé, creo que la cosa no va por ahí.

Por ello, ante la sombra de esta sospecha, acudo al lugar donde se guardan los mayores tesoros del género humano: la cultura y el conocimiento. Y encuentro esta definición:

“El cine de autor es el cine en el que el director tiene un papel preponderante al basarse normalmente en un guión propio y ser realizado al margen de las presiones y limitaciones que implica el cine de los grandes estudios comerciales, lo cual le permite una mayor libertad a la hora de plasmar sus sentimientos e inquietudes en la película. .En el cine de autor, el autor es normalmente identificable o reconocible por algunos rasgos típicos en su obra” (Wikipedia)

Después de leer esto empiezan a definirse posiciones pero sigo teniendo alguna laguna que otra. Lagunas que inicialmente son sombras al acecho para irse concretando en multitud de preguntas que se formulan insistentemente una detrás de otra: ¿El cine de autor es un cine de bajo presupuesto? ¿Es necesario ser financieramente independiente para realizar películas de autor? ¿Directores como Hitchcock ó Passolini pueden incluirse en este género? ¿O se trata de directores absolutamente independientes y por ello la mayoría de las veces absolutamente desconocidos al desenvolverse por la estratosfera de los, digamos, canales oficiales?.

Creo que la cosa no está tan clara ni es tan evidente. Y si seguimos por este camino acabaremos concluyendo que el cine de autor es un cine marginal. Y tampoco sería verdad. O si. ¡Uf, me perdí, no sé donde estoy!



Para salir del atolladero citaré a dos grandes directores cuya inclusión en este género creo que no ofrecerá grandes dudas: Roman Polanski y Woody Allen. Ambos perfectamente reconocibles en sus películas. Ambos con una independencia artística reconocida.



En posteriores comentarios me referiré a sus trabajos, a su cine, a sus temas recurrentes y a sus demonios particulares. Pero hoy sólo quiero mencionar dos trabajos suyos, uno de cada, que he visionado recientemente y que me dejaron absolutamente deslumbrado: El pianista de Polanski y Match Point de Allen. Se las recomiendo.

sábado, 23 de junio de 2007

LA VIDA EN UN BLOC




 
Esta era un película española de 1956 dirigida por Luis Lucía, habitual realizador de películas con niñas prodigio. Recuerden: Marisol en Un rayo de luz, Ha llegado un ángel , Tómbola , Sólos los dos e incluso Las cuatro bodas de Marisol, Rocío Dúrcal en Rocío de la Mancha, Canción de juventud y La novicia rebelde y también Ana Belén en Zampo y yo.



Para algunos de nosotros ahí estuvo gran parte de nuestra juventud y ¿Qué muchachito con 10 u 11 años no soñaba con Marisol? ¿Qué padres no querían tener una hija como ella?. Marisol era nuestra diosa, nuestra diva, nuestra Barbie superstar en una época en que tener sueños era casi pecado. ¡Cómo cambian los tiempos! Hoy, evidentemente también existen sueños pero se miden en probabilidades.



Toda esta “filosofía” viene a cuento de una de las obras de este director: La vida en un bloc, donde el protagonista, un puntilloso médico de pueblo anotaba en un bloc todos los acontecimientos de su vida. La película tuvo su éxito para la época e incluso he podido leer algún comentario recomendando su visionado. Pero no quería hablarles de la película en si, sino de estos nuevos signos ó derroteros de los tiempos y de la propia sociedad.



Consultas en un buscador La vida en un bloc y obtienes esto: Quizás quiso decir: la vida en un blog. Y es como si nada de aquello hubiese existido realmente, como si nuestra generación no hubiera sido la que hubiese dado el salto por excelencia entre lo que no existió y lo que existe. Nos damos cuenta, de repente, de que nosotros, los de los 50 somos tan “carrozas” como nuestros padres, de que esta generación actual de los 90 está dando un salto cualitativamente muy importante, pero a la vez miramos a nuestros hijos con esa sonrisa que la madurez ha puesto en nuestros labios porque sabemos que la historia no dejará nunca de saltar...

jueves, 21 de junio de 2007

BUSTER KEATON: UN COMICO EN SERIO




Siempre se dijo que hacer reír es muchísimo más difícil que hacer llorar. Y es cierto. Tanto que hay cómicos patéticos que si conseguimos soportarlos hacen llorar más que otra cosa. Es por ello que el género cinematográfico de la comedia es, posiblemente, el más difícil de todos y tendemos a valorar más una película dramática que una cómica. Nos impacta más y eso hace que la valoremos de forma distinta. Pero cometemos una gran injusticia. Sin ninguna duda.


Seguro que todos tenemos nuestras comedias y nuestros cómicos favoritos y muchos, entre los que me cuento, guardamos en nuestra cinéfila retina recuerdos impagables de nuestra niñez. Ahí están El gordo y el flaco, Charlot, Jaimito y tantos otros, en carreras de autos, en peleas a tartazo limpio y tantas otras secuencias mágicas. En mi caso y desde la madurez he ido recuperando estas joyas impagables del séptimo arte y las he vuelto a ver intentado abstraerme de aquellas impactantes carcajadas infantiles colectivas y he hallado en ellas auténticos valores cinematográficos.


Pero hay un cómico que he descubierto mucho después de las sesiones sabatinas en el cine del colegio. No se porqué pero no nos ponían películas suyas. Su nombre: Buster Keaton, también conocido por Cara de Palo (más serio que un palo) ó por Pamplinas (uno de sus primeros papeles).


Si su filmografía es interesante su vida no lo fue menos. Sólo les diré que pertenecía a una familia de acróbatas, Los tres Keatons, y ya desde los tres años ya era lanzado y pisoteado. Y durante su trayectoria artística conservó sus cualidades acrobáticas no siendo doblado en las escenas de riesgo y llevándose más de una caída y bastantes batacazos.


Nos ha dejado trabajos magistrales, siempre desde su desternillante seriedad. Quizás su película más reconocida sea El maquinista de La General. Pero échenle un vistazo a otras obras suyas como El moderno Sherlock Holmes ó El cameraman y seguro que les hará llorar...¡ de risa!.

miércoles, 20 de junio de 2007

BOGART: EL GENUINO TIPO DURO AMERICANO




Hay actores que parecen nacidos para interpretar una determinada clase de personajes. Y voy más allá, los espectadores llegamos a imaginar que en la vida real son así, con la misma imagen y personalidad a la que nos hemos acostumbrado. ¿ Porque, digo yo, alguien pudo imaginar nunca a un Bogart apocado y tímido en la realidad ? ¿ A alguien se le ocurrió que Jerry Lewis pudiese ser un tipo serio? ¿O que a Rock Hudson le tirasen mas las pistolas que las cartucheras ?. Es cierto, nos acostumbramos a la imagen que proyectan sobre nuestras pantallas y tendemos a idealizarlos confundiendo realidad y ficción.


Hoy quería hablar sobre Humphrey Bogart, el auténtico y genuino tipo duro americano. Totalmente contrario al típico y tópico galán. No tenía la seducción de Cary Grant ni la aparente inocencia de James Stewart, ni se le suponía el valor de Gary Cooper ó John Wayne. No. Bogart es la rudeza pero no la brusquedad, la ironía pero no la chanza. Bogart es el ejemplo más apropiado para ilustrar una gama de actores, que podría ir, y esto es una sugerencia desde Edward G. Robinsón hasta Robert Mitchum, pasando por un Robert Ryan ó un James Cagney.


Ciertamente, con los actores citados, podemos regalarnos un buen recital de cine negro. Pero Bogart “is diferent” y aunque nos empeñemos en encasillarlo él nos ha dejado regalos cinematográficos como La reina de Africa ó en menor medida El tesoro de Sierra Madre, donde ofrece una imagen sustancialmente distinta de la que nos tiene acostumbrados.


No conozco en su totalidad la filmografía de este genial actor y por ello estoy convencido que las dos películas citadas no serán las únicas que ofrezcan de él una imagen diferente. Habrá otras. Y entre ellas Sabrina de Wilder.

Quiero hacer mención especial de su papel en este film y afirmar que el traje de ejecutivo no le sienta nada pero que nada bien a Bogart por mucho que él se esmere y se empeñe en llevarlo con dignidad. Prefiero quedarme con el Bogart de la última película vista por mi, Callejón sin salida, de John Cromwell, buen director de los 40 con alguna incursión que otra en el cine negro, donde da auténtica vida a Rip Murdock un ex soldado leal con sus amigos y capaz de resistir a las vamps y sus tentaciones vivan arriba, al lado ó donde vivan.

Aunque puestos a elegir, dénme en lugar de Rip a Rick. Si, si, ese, el del café de Rick,s y el de “tócala otra vez,Sam”. Dénme al Bogart de Casablanca.

martes, 19 de junio de 2007

CON S DE SEDUCCION





Hay películas que me encantan, me gustan y no puedo por menos que calificarlas con un diez, o con “sobresaliente con destaca” según modernos sistemas escolares de medida y valoración.


Pero hay películas que me seducen. Y esas no sé como valorarlas. Es imposible. Renuncio a hacerlo. Como máximo estoy tentado de apostrofarlas con una S. S de seducción.


¿ Donde está la diferencia entre gustar y seducir? Lo siento. No puedo decírselo. Sencillamente porque no lo sé. Es algo fuera de los contextos de la razón y más propio del terreno de lo sentimental.


Tal vez un ejemplo ayude a clarificar las cosas. Veamos. Con la muerte en los talones, mi film mítico por excelencia, me encanta pero no me seduce. Lo mismo me pasa con Testigo de cargo de Billie Wilder ó con El Padrino de Coppola. No me negarán que todos ellos son “peliculones”. Pero les falta algo... Esa S de seducción que en cambio si tienen, siempre desde una óptica personalísima, La reina Cristina de Suecia de Rouben Mamoulian, La vida es bella de Roberto Benigni, Avaricia de Erich von Stroheim y Sunrise (Amanecer) de Friedrich Wilhelm Murnau.


Y quiero detenerme en esta joya del cine que es Amanecer, una de las ultimísimas películas del cine mudo (dos semanas antes del estreno en Estados Unidos de “El cantor de jazz”).


Amanecer es una de esas películas que después de verlas no cabe más que exclamar eso de ¡Que grande es el cine!. Y yo exclamé también ¡Gracias, Murnau por haberlo hecho posible!.


Cada fotograma es una joya, tratada con delicadeza al propio tiempo que con la osadía de los innovadores. Cada gesto de los actores, cada expresión, es un verso de esta maravillosa poesía cinematográfica. Después de verla nadie podrá dejar de comprender a que se llamó y se sigue llamando hoy en día “expresionismo alemán”. Esas expresiones que en otra película como Avaricia de Stroheim hablan por si mismas sin necesidad de rótulos literarios que nos expliquen los hechos, aquí nos hablan desde su mudez con la misma claridad pero con un lenguaje poético absolutamente sublime y, lo que les decía, totalmente seductor.


Un último pensamiento, agarrado al vuelo como se suele decir: La madurez ayuda a comprender y valorar obras como ésta pero al mismo tiempo viendo películas así no se puede por menos que madurar.



lunes, 18 de junio de 2007

COWBOY DE MEDIANOCHE (JOHN SCHLESINGER - 1969)





Cowboy de medianoche podría muy bien haberse denominado “Experiencias de supervivencia” ó algo así porque su lectura última no deja de ser mas que uno de tantos intentos para no ser engullido. No ser engullido ni por la mediocridad de una vida como lavaplatos ni por las fauces siempre abiertas de una ciudad como la gran manzana.

Pero, mucho ojo, no vayamos a confundirnos y titulemos la cosa como “Manual de supervivencia” porque, desgraciado aquel que siga sus instrucciones, dado que puede resultar totalmente inhalado como una bocanada del humo de un cigarrillo de marihuana ó similar.

Vistas las cosas así, la película cuenta lo que cuenta, ese intento de salir a flote entre las miasmas de una sociedad americana de los 70 altamente complicada y de una ciudad sumamente exigente. No busquemos nada más ni nada menos. Y el retrato que hace Schlesinger de ésta experiencia de vida es muy meritorio. Esa mezcla de crudas realidades y hermosos sueños, siempre con Miami como referente, resulta tan coherente como apropiada. Sobrevivir entre señoras con perrito, hotel y portero y sin un centavo, en fondos y lavabos de cines de mala muerte, en edificios que se caen a pedazos, sólo con un transistor pegado a la oreja que nos hace viajar por “mundos maravillosos”, es una experiencia digna de retratarse. Y eso es lo que hace el director checo. Claro que, si encima en la foto están Dustin Hoffman y John Voight pues la cosa empieza a tomar visos de obra, no diré magistral, pero sí sumamente interesante y agradable a nuestros paladares cinematográficos.

Finalizo con esto, la obra es francamente dura, el final hiere nuestra sensibilidad al ver destrozados hasta hacerse añicos los sueños de los dos protagonistas y tan sólo Nilsson con su tema musical súper conocido “Everybody's Talkin'” consigue, a través de sus notas, dibujar una sonrisa de esperanza en nuestro semblante.

Los tres Oscar (mejor película, mejor director y mejor guión) que consiguió absolutamente merecidos. Y además estuvieron nominados Voight y Hoffman, y solo el "valor de ley" de un mito como John Wayne pudo arrebatárselo.




domingo, 17 de junio de 2007

VAMPYR , LA BRUJA VAMPIRO (CARL THEODOR DREYER - 1931)





Hoy quiero hablar sobre la obra de un cineasta europeo, danés por más señas, Carl Theodor Dreyer, uno de esos pioneros que contribuyeron al nacimiento y crecimiento del cine, con unos medios absolutamente escasos pero, eso sí, con muchas y buenas ideas en su cabeza.

Y esto lo afirmo con conocimiento de causa porque acabo de ver una de sus películas más importantes, Vampyr, también conocida aquí en España como La bruja vampiro.

Lo primero que hay que reconocer que Vampyr fue un absoluto fracaso comercial allá por el año 1932 cuando se estrenó. Tanto que a Dreyer no le quedaron ningunas ganas de volver a hacer cine y tardó nada más y nada menos que 10 años para dirigir un corto titulado Good Mothers y 11 para rodar el largometraje Day of Wrath. Pero esto es algo que a los auténticos genios les suele pasar con frecuencia, la incomprensión del gran público.

Vampyr nació como una película de terror y probablemente en los años 30 consiguiese el efecto deseado. Lo que sucede es que el 2007 es sustancialmente muy distinto al 1932 y lo que entonces ponía los pelos de punta hoy es causa de una ancha y distendida sonrisa. Es por ello que la película debe verse desde la óptica formal de como Dreyer nos cuenta su historia de vampiros más que desde la óptica de la propia historia en si. Y así nos encontramos ante un film que entremezcla surrealismo y expresionismo al mismo tiempo que explora formas cinematográficas diferentes. Distinta, curiosa e inquietante resulta la filmación de la ciudad desde el interior de un ataúd. Distinto resulta el tratamiento dado a los blancos cuando la temática de vampiros, sombras, fantasmas y otros engendros parece más propicia a la exaltación de las sombrías oscuridades por encima de claridades diáfanas. Surrealistas son las sombras en busca de personaje. Y expresionismo puro el gesto y la mirada de Allan Gray (Julian West).

La obra mas reconocida de Dreyer es La pasión de Juana de Arco. Pero Vampyr es un buen y recomendable aperitivo. Sin duda.


sábado, 16 de junio de 2007

EL CINE NEGRO




En cine es muy frecuente dar por unánimemente sabidos determinados términos ó expresiones. Así, se manejan sin pudor y sin mayores explicaciones términos como "cine negro", "expresionismo alemán", "neorrealismo italiano", "road-movie" ó la "nouvelle vague" francesa, por poner sólo unos pocos ejemplos. Y claro, para los profanos como yo,es muy pero que muy facil perderse en este intrincado laberinto de vocablos técnicos asociados con el cine.

Hoy quiero referirme al llamado cine negro. Expresión que no significa en absoluto que esté realizado por directores de raza negra tipo Spike Lee ni exclusivamente protagonizado por actores de color como Denzel Washington ó Morgan Freeman. Quiero citarles una especie de definición localizada en Internet:

“Cine negro fue aquel que reinó en Hollywood en los años cuarenta y la primera mitad de los cincuenta con argumentos y personajes de índole criminal. Detectives privados y policías de moral dudosa, vampiresas tan atractivas como letales, poderosos magnates de vicios ocultos, delincuentes profesionales y ciudadanos corrientes súbitamente situados al margen de la ley por un mal paso..”

Si después de leer esto viene a su imaginación la figura de Bogart, las novelas de Dashiell Hammett adaptadas cinematográficamente, ó una "vamp" como Ava Gardner (maravillosa en Forajidos de Robert Siodmak)pues es que están ustedes en la línea correcta.Eso es auténtico cine negro.

Ejemplos altamente recomendables son Encrucijada de odios de Edward Dmytryk, El abrazo de la muerte también de Siodmak o La casa en la sombra de Nicholas Ray, por citar algunas de las que he visionado recientemente y dentro del cine negro más clásico pues El sueño eterno de Howard Hawks con una de las parejas cinematográficas por excelencia (Humphrey Bogart y Lauren Bacall)y basado en una novela de Raymond Chandler ó El Halcon Maltés de un prolífico y genial director como John Huston.

Sin lugar a dudas un género cinematográfico mayor con atractivos más que suficientes para mantenernos durante algunas horas absortos ante nuestro televisor.

viernes, 15 de junio de 2007

LA REINA CRISTINA DE SUECIA (ROUBEN MAMOULIAN - 1933)



Una de las mejores películas que he visto últimamente ha sido Queen Christina (La Reina Cristina de Suecia) de Rouben Mamoulian. Y esta fotografía de Greta Garbo que he elegido para ilustrar este comentario es una de esas imágenes que quedan fijas para siempre en nuestra cinéfila memoria. No es una imagen cualquiera. No señor. Esa imagen final de la Garbo, cual mascarón de proa, cabellos al viento, con la mirada perdida en el horizonte y alejándose de su Suecia natal es de las que hacen época. Tanto es así que los espectadores abandonaban las salas de proyección altamente interesados en descubrir que se escondía detras de sus ojos. ¿En que pensaba la Garbo?. La contestación pública de Mamoulian fue: "En nada. Absolutamente en nada". Yo me atrevo a aventurar que tal vez estuviese pensando que acababa de interpretar el papel de su vida.
Citaré parte del comentario que escribí en Filmaffinity (buenísima y muy recomendable página de Internet dedicada al cine):

"En Gran Hotel Greta Garbo estaba bien pero el guión chirriaba por todas partes, en Ninotchka estaba bien pero gran parte del éxito se debía a Lubitsch y a los guionistas, entre ellos Billy Wilder, pero en La Reina Cristina de Suecia está genial por ella misma, sin rival alguno que le dé “cancha” (la interpretación de Gilbert es bastante anodina). Aunque decirlo así no deja de ser injusto con un director de fotografía (William Daniels) que mima a la diva, en primeros y en primerísimos planos, con una presentación espectacular bajo el ala de un sombrero ó en un final de los que incluir sin duda entre los mejores fotogramas de este arte."
Acabo de leer que la verdadera Reina Cristina de Suecia nunca abdicó por amor ni, que se sepa, disfrazada de hombre tuvo aventurilla alguna con el embajador español, pero que importancia puede tener que concuerden realidad y ficción.La historia tiene sus caminos y el cine los suyos.Lo que en verdad importa es que al acabar la proyección, nuestra mirada sigue atrapada en los ojos de la diva y nuestra sensibilidad prendida en la historia que acabamos de contemplar aunque la historia "oficial" sea otra.

jueves, 14 de junio de 2007

SECUNDARIOS DE PRIMERA



Quisiera rendir un modesto pero sincero homenaje a todo ese elenco maravilloso de actores secundarios, cuyos nombres no brillaron nunca con las luces de neón pero sin los cuales el cine nunca hubiese podido existir. Y he elegido a propósito este poster de The Quiet Man (El hombre tranquilo) de John Ford, por múltiples razones, porque es una magnífica película, porque Ford es un auténtico y genial hombre de cine, también porque John Wayne y Maureen O,Hara bordan sus papeles, pero sobre todo por sus secundarios. Nada menos que Barry Fitzgerald, Ward Bond, Victor McLaglen, Mildred Natwick, la mayoría de ellos habituales de Ford. A los que he nombrado seguro que he de añadirle muchísimos más, de todos los tiempos y de todos los lugares, y entre estos lugares, sin ninguna duda España. El plantel patrio de actores habría hecho temblar a Hollywood a poco que las cosas hubiesen sido de otra manera.

Entre mis propósitos está, y espero tener tiempo para ello, regalarme un pequeño ciclo cinematográfico doméstico dedicado a algunos de ellos. En mi agenda están apuntados los ya citados, también Donald Crisp - otro habitual de Ford- y muy especialmente Thomas Mitchell, apunten este nombre, al que pueden ver, deleitar y paladear en dos soberbias interpretaciones: Hombres intrépidos (del propio Ford) y Solo los ángeles tienen alas de Howard Hawks.



Reconozco que el propósito es atrevido. El número de maravillosos secundarios es tan grande que probablemente se necesiten las siete vidas del gato para darse el gustazo de ver muchos de sus buenos trabajos.Pero en ello estamos...

miércoles, 13 de junio de 2007

UNO DE MIS MITOS: ALFRED HITCHCOCK


En la medida que he ido avanzando en el conocimiento de los grandes directores cinematográficos que en el mundo han sido, se ha ido ampliando mi lista de directores míticos. Pero debo reconocerle a Hitchcock el honor de haber sido el primero. Luego lo acompañaron Billy Wilder, Eric Von Stroheim y Ernst Lubitsch. Y algo más tardiamente John Ford. Bueno, cualquier selección o clasificación no dudo que siempre será injusta pues siempre habrá quien no esté que deba estar y quien esté que, a juicio de otros, no se lo merezca. Pero para eso se inventó lo de la tolerancia y ese es el camino por el que me gusta discurrir.

Hitchcock, ese genial mago del suspense, me dejó absolutamente impresionado con una de sus obras magnas "Con la muerte en los talones", tanto que, creo que es la película que más veces he visto, algo así como seis o siete. Y no vayan a creer, yo mismo me pregunto qué encuentro en este film para tenerlo en el top de los tops de las obras maestras del cine. Porque, miren, Hitchcock se "sale" absolutamente con Psicosis y también con Rebeca y en plan más cinéfilo todavía, tiene la mejor versión de los 39 escalones. Pero aun así, Con la muerte en los talones tiene algo, plantea algo de forma distinta, a mi modo de ver, del resto de la filmografía de Hitchcock. En todas sus películas, nosotros como espectadores comprendemos lo que está pasando, puede que nos guste o no e incluso puede que nuestros pensamientos sean erróneos, pero siempre creemos dominar la situación y tener la "sartén por el mango". Pero aquí no. ¿Quién es Kaplan? ¿Porqué confunden a Roger O. Thornhill con Kaplan? ¿Que está pasando?. Este es a mi juicio el gran valor de la película, la forma en que nos maneja absolutamente desconcertados. Después, una vez aclarados los "misterios" empezamos a ver la película de otra manera, de algún modo vuelve el cine "normal" con sus buenísimas escenas del Monte Rushmore, del tren con una seductora Eva Marie Saint ó la escena por excelencia de Cary Grant perseguido por el avión fumigador.

Es una película distinta, incluso dentro de la propia filmografía de Hitchcock. Cuenta además con un reparto de lujo. Ahí están Martin Landau y James Mason. Casi nada.

Saben, les confieso que, después de escribir esto, me están entrando ganas de verla por octava vez.

¿Porque este blog?


Bueno, este blog no nace de una "noche loca" ni de una mala pesadilla. Nace desde la intención de hacer algo distinto. De crear algo. De sentirme positivo y si es posible contactar con personas que amen el cine y tengan algo que decir sobre él. Pretendo dejar mis comentarios sobre el cine de siempre, desde el cine de los pioneros hasta el actual, aunque probablemente me ancle más en el cine de antes, que voy redescubriendo plano a plano y secuencia a secuencia. Esas son mis intenciones. Tal vez sea uno de tantos propósitos que se van quedando por el camino. O tal vez no. Dejemos que el tiempo lo diga.