lunes, 27 de febrero de 2012

EL PRECIO DE LA MUERTE (CAROL REED - 1963)



Calificada como Neo Noir, The running man es una obra menor de Carol Reed, director de El tercer hombre. Esto lo digo con absoluta positividad pues la categoría profesional de Reed nos ha dejado trabajos espectaculares entre los que les recomiendo «Larga es la noche» un film tan excelente como olvidado. En cartera tengo otros como El idolo caido, Trapecio, La llave o Nuestro hombre en La Habana, pero estas serán otras historias...

De lo que vamos hoy es de El precio de la muerte, una película que, ciertamente, no encontró a Carol Reed en su mejor momento y que a pesar de contar con un argumento de cierta solidez acaba malográndose por pequeños detalles que restan credibilidad al film. El hecho de que un pasaporte olvidado permita un cambio tan radical de identidad resulta inverosimil, lo mismo que un ralo bigote y un teñido de cabellos no alteran demasiado unas facciones que siguen siendo claramente reconocibles.

La historia de un piloto que tras sufrir un accidente aéreo es desatendido injustamente por su compañía aseguradora y su venganza posterior fingiendo su propia muerte en accidente para cobrar el seguro es, por un lado, una crítica del comportamiento de este tipo de sociedades prestas al cobro y remisas al pago, y por otro una especie de juego del gato y el ratón, con una doble presa: El propio defraudador (Laurence Harvey) y su esposa (Lee Remick), objetivos ambos de un tenaz agente de seguros (Alan Bates).

Motivaciones legales y sentimentales se unen en una historia a tres bandas filmada en gran parte en España (Málaga y San Roque)así como en el peñón de Gibraltar, con participación hispana (Fernando Rey, Juanjo Menéndez) y donde se da una imagen excesivamente folclórica de nuestro país con remenbranzas de repúblicas bananeras tipo Trás el corazón verde que no se correspondían con la realidad de los 60. Nunca se vieron tantos burros juntos en Málaga como los que juntó Mr. Reed.

Con diferencia la mejor interpretación es la de Alan Bates. El resto, grises como la película. De Neo Noir a mi entender poco. Entretenida, no más...

Puntuación: 6,15

sábado, 18 de febrero de 2012

LA FUGA DE LOGAN (MICHAEL ANDERSON - 1976)


Reconociendo que me gusta el género de la ciencia ficción y que La fuga de Logan acaba resultando una obra entretenida, debo decir, tratando de ser objetivo, que su encuadramiento dentro de las películas de culto, es una prueba de que este tipo de catalogaciones parece atender más a motivaciones poco confesables que a circunstancias objetivas y que la etiqueta “cult movie” debe ponerla el tiempo y no venir de fábrica como parece ser el caso.

Repito que no quiero ser demasiado duro con un film que me ha resultado entretenido en su conjunto e incluso espectacular por momentos (el Carrusel regenerador), pero que se ajusta demasiado a unos cánones apocalípticos demasiado socorridos. Las catástrofes nucleares, las colisiones planetarias o los virus que diezman la Tierra son elementos que han sido demasiado utilizados en el cine, por lo general acompañados de supervivientes incapaces de organizarse por sí mismos y que precisan la figura del líder. En este caso, el liderazgo parece ejercerse desde computadoras futuristas inteligentes, que diseñan una sociedad aborregada y hedonística, uniformada por colores según edad y  con un plazo de caducidad de 30 años, tras los cuales se les liquida convenientemente al tiempo que se les “vende la burra” de la regeneración. Lógicamente los menos borregos de entre ellos tratan de librarse de la masacre y escapar al anhelado “santuario”, cosa que los guardianes “sandmen” tratan de evitar con sus pistolitas de rayos verdes.

El film puede verse desde distintas ópticas, la mesiánica entre ellas e incluso analizar su encuadramiento en una sociedad donde los principios del amor libre y el consumo de alucinógenos estaban entre las variables del cambio social propiciado por una juventud que buscaba su propio sitio. Estas visiones son válidas y en ellas puede estar la clave de su calificación como film de culto. Pero un film no puede limitarse al puro y duro análisis sociológico, precisa algo más, y en ese más es donde flaquea: El conjunto de la historia, entretiene sin más, los actores cumplen, aunque muy justitos y los pequeños detalles acaban debilitando un film ya de por si flojo en donde los efectos especiales son bastante interesantes hasta el punto de reconocerse en forma de estatuilla. La resultante nos da un film mediocre, con más diferencias de las aceptables con la novela original pero que deja verse, especialmente en su fase final donde la figura y el saber estar de Peter Ustinov junto con una simulación de Washington DC invadido por la naturaleza salvaje, suben un tanto su valoración. 

Sé que me manejo entre el sí pero no y el no pero sí, pero así lo he visto y así se lo he contado.

Puntuación: 6,25



viernes, 3 de febrero de 2012

SOLO ANTE EL PELIGRO (FRED ZINNEMANN - 1952)


Un magnífico western. ¿El mejor de la historia? No lo sé. Esto no es una competición atlética con un tal Usain Bolt corriendo los cien metros en un tiempo inferior al de cualquier ser humano que figure recogido en los libros y otros anales. Haberlos, hay otros. Pero este es bueno, muy bueno.

En este género existen trabajos convencionales ajustados al muerde la bala, tu perdonas, yo no y otros tópicos al uso, donde los indios son crueles y malvadísimos y los americanos tienen un arsenal balístico inagotable. Suelen ser películas con presupuestos moderados y medianamente entretenidas. Junto a ellas, encontramos films estilo Arguiñano es decir, con fundamento, donde tras los revólveres, las venganzas, las fiebres del oro, los duelos, los linchamientos o las persecuciones implacables, existe y se palpan, la vida y los sentimientos. Siempre puse como ejemplo los westerns de Jacques Tourneur. En este grupo de westerns con más profundidad se incluye sin ningún género de dudas Solo ante el peligro, cine psicológico donde los haya y estudio inmejorable de las reacciones humanas.

El tránsito inexorable de los minutos en un omnipresente reloj, el sentido del deber y la constatación de la ruindad humana, son algunos de los elementos de un excelente trabajo de Fred Zinnemann donde por una vez el título español resulta, a mi parecer, especialmente apropiado, porque si hay una palabra que lo defina magistralmente es esa: Solo. Y la representación gráfica de la soledad la encontramos en ese plano fotográfico aéreo de Gary Cooper en una ciudad tan absolutamente desierta que mas que parecer muerta está realmente muerta, con el honor y la vergüenza muertos tras los visillos de las ventanas.

De argumento tan simple como intenso - un grupo de delincuentes esperan la llegada de su jefe, liberado anticipadamente de prisión, en el tren de las 12 (High Noon), para vengarse del sheriff que lo encarceló - la película es un ejemplo de cine comprometido. Incluso se ha afirmado que el hecho de que Carl Foreman, su guionista, fuese “blacklistado” hizo del film una alegoría del maccartismo con paralelismos entre el mutismo miedoso de los testigos en estos procesos de caza de brujas con el comportamiento cobarde de los habitantes de Hadleyville.

Desde todos los puntos de vista, Solo ante el peligro es un film de visionado imprescindible donde la batalla no se dirime entre un Marshall y cuatro forajidos – posible alegoría a los cuatro jinetes del apocalipsis – sinó entre ese sentido del deber que generalmente se ha magnificado en el cine de Hollywood y la falta de vergüenza torera (símil muy hispano) de unos vecinos literalmente “acogotados”. Una estrella sobre el polvo es el amargo resumen de una victoria.

Una Grace Kelly discreta en su primer papel principal, una Katty Jurado inmensa y un Gary Cooper ganador de un Oscar supermerecido ponen gestos y rostro a una auténtica obra de arte. La música: Una joya imperecedera.

Puntuación: 9,50