jueves, 30 de agosto de 2012

EL HELECHO DORADO (JIRI WEISS - 1963)


Aunque mis preferencias cinéfilas se mueven en el terreno del “old Hollywood” de vez en cuando me resulta muy edificante una penetrante mirada al cine de este viejo continente del que, por mucho que se molesten en el Rhin, formamos parte. Y es que, nuestra memoria colectiva sigue poblada de historia de cruzados, de brujas, de inquisiciones, de hadas y de muchos avatares que nos han unido en un destino común. El cine kazajo (y esto es un guiño a nuestra amiga Mara y su excelente blog Maraminiver) es por supuestísimo más nuestro que el cine parido en Norteamerica, del que nos distancian siglos de cultura y millas náuticas de distancia. Y el ejemplo es válido para el cine checo de un poco conocido Jiri Weiss del que por lo visto aquí merece un repaso más profundo.

Como por algún lado hay que empezar, yo lo he hecho por “El helecho dorado” versión cinematográfica de un cuento de hadas de Jan Drda, escritor checo del siglo pasado. Seguramente no se trate de su mejor trabajo, al menos así lo aseguran los que saben de esto, pero deja un agradable sabor de boca a pesar de que, a diferencia de otros cuentos al uso, aquí nadie parece feliz ni mucho menos come perdiz alguna.Sin embargo, a mi me gustó, y, aunque desconocedor de la obra de Weiss,  me atrevo a exponer mi opinión ante todos ustedes.

Básicamente El helecho dorado es una historia de amor. De ese amor universal que no entiende de fronteras ni de continentes pero que aquí en Europa, sabe y puede vestirse de magia y rodearse de un entorno de guerras y reconquistas medievales que son nuestra misma historia, de oriente a occidente y de norte a sur. Así Jura (Vit Olmer), el pastor, encuentra en la oscuridad del bosque el mágico helecho dorado y con él a una dríade (hada de los bosques) al que llama Lesanka (Karla Chadimova) y de la que se enamora. Trás un baile y una borrachera es reclutado a la fuerza por los soldados del Rey para combatir contra el ejercito turco. Lesanka le entrega una camisa que nunca deberá quitarse. Sin embargo Jura está tan ansioso de volver con su amada que se presta a todos los requerimientos de la hija del general de su regimiento, incluso a quitarse la burda camisa mágica impropia de su rango de capitán.

Exquisitamente fotografiada en blanco y negro por Jiri Srnka, El helecho dorado es mucho más que un infantil cuento de hadas. Es el drama del amor en los tiempos de la guerra, esa misma guerra que condicionó la propia vida de Weiss, tanto por la ocupación nazi de Checoeslovaquia en 1939 como por la ocupación rusa en 1968 trás la llamada primavera de Praga. En ambos casos, Jiri Weiss, checo y además judío, debió emigrar a Londres primero y a EEUU después. El helecho dorado es un símbolo de ese amor entre Jura y Lesanka. La camisa bordada con semillas de helecho también. Con ella los avatares del mundo no tienen poder alguno sobre Jura pero cuando la camisa arde en el fuego, arde el amor y en una escena final magnífica la rama de helecho se desintegra al querer asirla.

Un cierto fatalismo queda en el aire. No. No es un cuento con final feliz. Es el final de la vida misma, sin colorines ni colorados...

Puntuación: 8,00



miércoles, 22 de agosto de 2012

LA TIERRA DE TODOS (FRED NIBLO - 1926)



Greta Garbo. The Temptress. En traducción directa: La seductora. Algo así como la tentación vive arriba, al lado y en todas partes. Lo mismo en París que en Argentina. La película se conoce también en versión patria como “La tierra de todos” y ello por la novela homónima de Vicente Blasco Ibañez.

Lo primero que hay que señalar es que estamos en el año 1926, los “talkies” aún por llegar, el silente en su apogeo, y la Garbo divinizándose cada día más. Si un cierto repelús recorre su espalda y decide pasar página, sepa usted que no me enojaré aunque lamentaré perder un lector al que tratar de interesar en un film que sin alcanzar el grado de sobresaliente acaba dejando buenas sensaciones e incluso alguna que otra moralina sobre la que reflexionar.

En estas fechas en las que se habla tanto de uno de los mitos por excelencia de este arte: Marilyn Monroe, diosa de la sensualidad, las curvas y los contoneos, además de una muy buena artista, no está de más recordar a una de sus insignes predecesoras en eso de llevar a los hombres a la perdición : Greta Garbo ( y de paso citar a otra de las reinas, Marlene Dietrich).  La Divina era una especialista en este tipo de roles y aunque ella bregaba con la MGM para que no la encasillasen tanto, la taquilla y los gustos del público eran materia sacra y obligada.

De hecho en esta película se avino a participar solo a requerimientos de un director amigo suyo Mauritz Stiller y tras el abandono de éste motivado por sus dificultades idiomáticas pero sobre todo por su choque directo con el actor principal, el galán español y madrileño Antonio Moreno, estuvo también a punto de abandonar el proyecto y solo la voluntad de Stiller de que continuase trabajando para su sucesor Fred Niblo evitó que hoy estemos hablando de otras cosas más interesantes.

Y es que estamos ante un film-Garbo, una de esas películas que, contando con un argumento decente y un reparto interesante, hubiese acabado entre tediosos bostezos de los espectadores. Pero no. Ella nos mantiene alerta. Sus ojos trascienden la pantalla y nos seducen, casi abducen, sus labios nos hipnotizan. Ella no necesita palabras. Su voz está en el gesto y cada detalle suyo es una enciclopedia de vida y sensualidad. 

Por lo dicho, casi habrán adivinado el argumento. Mujer casada causa el suicidio de su amante, la deshonra de su marido y la desdicha del hombre al que verdaderamente ama. Los hombres que, en un momento u otro, están cerca de ella, acaban destrozados de deseo y celos, cuando no muertos. Un periplo entre París y Argentina en busca del amor verdadero acaba conduciéndola a una degradación personal, física y moral, de la que nadie que vea la película y reflexione sobre lo que ve, puede declararla culpable. 

Sin desvelarles nada, su final invita a la generosidad y a una revisión profunda de lo visto en dos horas de buen cine.

Puntuación: 7,75 

domingo, 19 de agosto de 2012

SUEÑOS DE JUVENTUD (GEORGE STEVENS - 1935)



Una película llamada, en España, Sueños de Juventud, (“allá” Alice Adams), del año treinta y tantos, en B/W y protagonizada por una jovencita llamada Katharine Hepburn, parece una propuesta cinéfila ochocentista para paladares rancios y acaramelados. Y es que “Sueños de Juventud” nos suena a Mujercitas, a Shirley Temple y a la Dorita de El Mago de Oz. Su visionado en estas calurosas noches estivales presagia empalagamientos máximus y viajes al frigorífico en busca de bebidas frías con las que acompañar el evento. Sin embargo, si somos persistentes y capaces de resistir el primer envite nos acomodaremos en el sillón y nos deleitaremos con una comedia que, teniendo sus defectillos, que los hay, supera en algunos momentos, otras más afamadas de su tiempo.

Alice Adams está basada en una novela del año 1921 escrita por Booth Tarkington y ganadora del prestigioso premio Pulitzer. Cuenta la historia de una familia que, en una era de bonanza económica previa a la gran depresión del 29, se sitúa en un status social de clase media baja, con los consiguientes problemas de relación e inclusos sentimentales para su hija Alice, cuyas “amigas” pertenecen a una especie de “jet set” que ha obtenido dinero del ferrocarril y otros prósperos negocios. La situación se agrava por la enfermedad del padre y los reproches de la madre a éste, al que acusa de poca iniciativa para la explotación de un pegamento de su invención, que les hubiese proporcionado un mejor nivel social y económico.

La oferta de la película es variada. Por un lado tenemos una buena interpretación de Katharine Hepburn quien estuvo nominada al Oscar a la mejor actriz de aquel año, Oscar que le fue arrebatado por la gran Bette Davis, aunque la propia Bette reconoció los sobrados méritos de Katherine para la estatuilla. También es meritorio el trabajo de Fred Stone como padre de familia, aunque es de recibo reconocer que es en la segunda mitad del film cuando alcanza su mejor registro. Y si nuestro paladar es exigente, se sentirán satisfechos con una de las escenas cómicas mejor conseguida de la historia del cine, la de la cena con que la familia Adams (nada que ver con los Monsters) agasajan al pretendiente de su hija (un también jovencísimo Fred McMurray) y es que la presencia de una Hattie McDaniel (a la que recordamos por Lo que el viento se llevó) no solo no nos deja indiferentes sino que nos arranca jocosas carcajadas.

Es cierto que lo escrito por Booth Tarkington antes del 29 era difícil de trasplantar al año 1935 De hecho el rápido lanzamiento de un negocio de “superglus” no parece demasiado viable trás el martes negro de Wall Street, pero cine es cine y así lo aceptamos y disfrutamos. Por otra parte la moralina del libro se encaminaba más a la liberación de la mujer por el trabajo y la película por obra y gracia de su productor Pandro S. Berman buscó un final taquillero y feliz.

Cuentan que el propio George Stevens, harto de críticas sobre un final tan distinto (piensen que la novela era suficientemente conocida en su tiempo) llegó a rodar un final nuevo con Mary perdiéndose entre la bruma pistola en mano. Como dicen por aquí: ¡ Ni corto, ni cortijo! ¿Recuerdo de Gun Crazy? Tal vez...

Puntuación: 7,80

miércoles, 15 de agosto de 2012

DECISION A MEDIANOCHE (NUNNALLY JHONSON - 1954)




Más esclarecedor resulta otro título con el que también se bautizó al film: Canje a medianoche. Toda la trama puede resumirse en eso, en el canje de un soldado americano destinado en el Berlín Occidental y raptado supuestamente por los rusos del sector Este, por un matrimonio alemán al que los “red” tratan de ajustar las cuentas, por sus filtraciones durante la contienda.

La historia se trenza en un delgado hilo sicológico donde se pone en cuestión una moralidad que acepta el trueque de vidas sin apenas sentido de la justicia. Claro que, como no podía ser de otra manera en una película americana de los 50 la moralina acaba surgiendo, a mi parecer un tanto increíblemente, y así el importante hombre de negocios norteamericano (Broderick Crawford), que había llegado dispuesto a remover cielo y tierra para liberar a su hijo, parece dispuesto a sacrificarlo antes que ser cómplice del asesinato de dos seres humanos.

Estamos ante un film a mayor gloria y prez de Gregory Peck, un actor al que los uniformes le sientan espléndidamente (incluyo los marineros) y claro, aquí no iba a ser menos, en su rol de coronel Van Dyke, oficial encargado de la investigación de este secuestro, investigación donde se recurre a una agente doble (Anita Björk) con la que Van Dyke había mantenido una relación más que amistosa en el pasado. Sin embargo, la actriz que llena la pantalla no es tanto Anyta sino Rita Gam, en un papel bastante menor de secretaria enamorada, amante ocasional y hasta paño de lágrimas si se tercia. Respecto a Crawford , bien en esa línea inicial de elefante en una cacharrería, y algo menos, porque no es su estilo, en su posición final de chico bueno imbuido de la gracia de la redención que como un Abraham revivido parece resignarse a la suerte que deba correr su propio hijo.

Al final, una oportunísima vuelta de tuerca del guión distribuye justicia divina y pone las cosas en su sitio, malos y buenos a derecha o a izquierdas, según se mire, como todas las cosas...

Puntuación: 6,00

viernes, 10 de agosto de 2012

LA REINA KELLY (ERICH VON STROHEIM - 1929)




Cine dentro del cine: La Reina Kelly y El crepúsculo de los dioses. Un tandem: Von Stroheim y Gloria Swanson. Podíamos estar hablando de la obra del genial Billy, pero no, pongamos que hablo de Queen Kelly, película de un austríaco con aires, cuasi delirios, de grandeza (por lo visto en Greed, merecidos). El gran Erich Von Stroheim, actor, marido, mayordomo, director, y hasta arquitecto de pirámides, si se hubiese terciado, en el Antiguo Egipto. Sus películas, lejos de pecar por defecto, son faraónicas, aunque se queden en simples proyectos o no puedan finalizarse por falta de presupuesto u otros motivos, cual es el presente caso.

Cuando Stroheim tenía un guión en las manos le daba su propio y genuino sello, en otras palabras, lo triplicaba. Así películas “normalitas” de la hora y media consabida se elevaban exponencialmente hasta las cuatro horas de duración. Ya pasó con Avaricia (Greed) y así estaba previsto que pasara con la Reina Kelly. Sin embargo la propia Gloria Swanson y su amante Joseph Kennedy (papá de John Fitzgerald) echaron el cerrojo al cuerno de la abundancia (no olvidemos que estabamos en el año 29) y sea porque el presupuesto se hubiese extralimitado o quien lo hubiese hecho fuese el propio director, el caso es que colgaron el cartel de “hasta aquí hemos llegado” y aquí paz y después gloria.

Cuentan que la gota que colmó el vaso de las extravagancias y acabó con la resistencia de Miss Swanson fue el rodaje de una escena en la que un siniestro personaje, bebedor, pendenciero y mutilado por más señas escupía tabaco sobre la mano de una Kelly que se había convertido en su esposa en una de los momentos más duros y siniestros que ha dado el cine, amén del “si” más largo que se recuerda. De esta forma finalizó el rodaje de una película que nació con aristocráticos propósitos pero que acabó, por mor del toque Stroheim en un desmesurado melodrama donde el apelativo de Reina Kelly valía tanto para Madame de burdel como para dignataria de un imaginario país centroeuropeo.

La película con la que nos encontramos hoy en día es un montaje video fotográfico de lo rodado por Stroheim (la primera parte del film donde se conocen el principe y la novicia, y una larga escena, puro expresionismo alemán, donde una Kelly resignada a su suerte consiente una boda absolutamente vejatoria) y un conjunto de imágenes que pretenden complementar una supuesta historia que nunca sabremos si fue la que el director quiso contar en sus presupuestadas cuatro horas.

Unas consideraciones finales:

La película se rueda entre estertores del cine mudo lo cual condicionaba indudablemente su viabilidad y puede incluirse entre los motivos de abandono del proyecto.

Los “excesos” de Stroheim no solo se limitaban al metraje, también abarcaban el terreno de la sexualidad, la provocación e incluso la violencia. En estos aspectos hay secuencias memorables tales como la inicial con la reina Regina V (Seena Owen) solamente “vestida” con un gato y con El Decameron de Bocaccio como libro de cabecera en su mesita de noche. Del mismo modo, la brutal paliza infringida a Kelly por la soberana ante las risas de la soldadesca es otro instante genial de un director tan singular como extremado.

De haberse completado el film tal como lo veía Stroheim, seguro que estaríamos hablando de una obra maestra. No siendo así nos quedamos un tanto a medias, pero con todo y eso, una gran y recomendable película.

Puntuación: 8,15

 



miércoles, 8 de agosto de 2012

CITA EN LAS VEGAS (GEORGE SIDNEY - 1964)





La estrella de Elvis Presley se forjó no solo en el mundo de la música sino también en el de las candilejas cinematográficas entre películas hechas a la mayor gloria de “El Rey”. Una de las producciones más afamadas es esta “Cita en Las Vegas” (Conocida también como Viva las Vegas) donde se encuentra con una actriz como Ann Margret  que por momentos se adueña claramente del film y con la que establece una relación personal muy interesante que durará toda la breve vida del chico de Memphis (que nació en Tupelo, Mississippi). 

Aunque este tipo de films iban dirigidos especialmente a los incondicionales del gran Elvis y se estructuraban de forma simple sobre un argumento poco complicado, un romance inevitable y una colección de canciones y números musicales a mayor lucimiento del artista, ello no los descalifica “per se” pudiendo resultar entretenidos para el resto de los espectadores siempre que sepamos situarnos y no esperar peras, mucho menos limoneras, de los olmos.

El dinero con el que Lucky Jackson (Elvis) piensa adquirir un motor para su coche de carreras acaba tragado por los sumideros de una piscina donde Rusty Martin (Ann Margret) imparte clases de natación. Sin dinero, Lucky se emplea como camarero de hotel e intenta por todos los medios ganar los dólares necesarios para equipar su automóvil y participar en la carrera de Las Vegas. Con su guitarra conquista el corazón de la chica y las simpatías de su padre, aunque su obsesión por la competición no acaba de convencer a Rusty. 

Todos conocemos los montajes póstumos que se organizan en la ciudad del juego, Las Vegas, con el respaldo de la imagen y los contoneos de Presley. Concursos de imitadores y hasta una propia religión con un oficiante caracterizado a lo Elvis y celebrando matrimonios al son de “Viva Las Vegas”, canción del film. Todo un fenómeno de masas, inexplicable para algunos, pero que vemos con absoluto respeto. Los mitos y sus legiones de seguidores son un fenómeno connatural a la especie humana, que en el siglo pasado y en éste ha tenido su reflejo en el mundo de la música. Los desmayos que ocasionaron Los Beatles, los imitadores de Michael Jackson o toda esta parafernalia alrededor de Elvis Presley son ejemplos de lo necesitados que estamos de modelos a imitar.

Destacar de nuevo a Ann Margret, su buen hacer, su capacidad para el baile y esa frescura, incluso desparpajo, que no la ponía nerviosa frente al Rey del rock, más bien todo lo contrario, y que establecía una electricidad voltaica entre ellos y una química no demasiado frecuente y que los espectadores percibían. El Coronel Tom Parker, manager de Elvis, no estaba demasiado de acuerdo con una fémina que parecía dejar a su pupilo en segundo plano, máxime cuando el presupuesto se disparaba desorbitadamente, pero la fuerza de la pareja era tal que terminó cediendo. La película fue un éxito de público, situándose en el puesto nº 11 de las más taquilleras del 64, y ello acabó compensando el millón de dólares de la época invertido en ella.

La mano de George Sidney (Scaramouche) da a la película un tono colorista y espectacular, especialmente en las escenas de la carrera, al tiempo que posibilita un recorrido seudo-turístico por los casinos y salas de espectáculos de Las Vegas, y eso también se agradece... Ah! Y con la ventaja añadida de que no perdemos nada ni en las maquinitas, ni en la ruleta ni el bacarrá.

Por ponerle un pero, el desinterés, rayano a la alegría macarena,  con que los espectadores (especialmente los del helicóptero) parecen tomarse los accidentes presumiblemente mortales de la carrera no es de recibo... Hombre, ya se sabe que es una película panegírico y que el chico guapo tiene que ganar “the racing” (of course), pero, sino un responso, al menos un segundillo de silencio "in memoriam" no le vendría mal.

Puntuación: 6,60

martes, 7 de agosto de 2012

EL ÚNICO EVADIDO (ROY BAKER - 1957)



Internet y el cine se han unido para que podamos conocer una interesante historia, la del teniente alemán Frank von Verra, único prisionero de guerra en Gran Bretaña que logró escapar y volver a su país. Debo ser justo y citar el valor de la obra literaria “The one that got away” de los escritores ingleses Kendal Burt y James Leasor que, según parece se ajusta bastante fielmente a los hechos ocurridos, y de la que bebe con igual fidelidad la película de Roy Baker.

Protagonizada por un actor de esos cuyo rostro se reconoce fácilmente pero al que no acabamos de ponerle nombre: Hardy Kruger, la película narra en clave de biopic tanto su espectacular y esforzada fuga definitiva en tierras canadienses como sus dos primeros intentos en Inglaterra. Y les digo, que aunque el éxito definitivo esté anunciado en el propio título de la película y del libro, el film no está exento de tensión y suspense, y lo que resulta aún más sorprendente es que determinados detalles que se suponen peliculeros se ajustan (según cuentan) a la verdad.

Así, el segundo intento de fuga termina con una pistola en la sien al tiempo que el oficial alemán se disponía a poner en marcha un avión de combate británico con el que pretendía volar a Francia. Pero aunque la vida empate con la ficción no podemos hablar de “combate nulo”. Los espectadores, y debo suponer que también los lectores, nos adherimos a la gesta del alemán, obligado como buen prisionero a evadirse. Y aunque nos rechinen los dientes, los oídos o las neuronas, porque conocemos que detrás de un espíritu indomable está la svástica y millones de seres inocentes exterminados, más que al alemán vemos al hombre. Es cierto que nuestra mirada no se centra, como en El pianista de Polanski, en valores de sensibilidad sino en una envidiable fuerza de voluntad capaz de mover montañas, casi en sentido estricto. Quizás, para acallar nuestra conciencia, el The end de la película se acompaña con datos reales sobre el final humano del héroe con el que nos hemos solidarizado durante casi dos horas. En este sentido también quiero remitirles a un film que reseñé hace muy poco tiempo: El silencio de la mar, de Jean Pierre Melville.

En definitiva, un film que desconocía y que me ha sorprendido muy favorablemente, que obliga a pensar, en la política, en los seres humanos, incluso en aquella maravilla de Remarqué/Milestone (Sin novedad en el frente), donde un hombre disfrazado con un uniforme que ni siquiera ha elegido pide perdón a otro, con uniforme distinto, al que acaba de matar. Son historias claramente diferentes, aunque unidas porque en el centro está el hombre y no las banderas.

De entre las miserias de la guerra, una gesta hija de la voluntad y del tesón. Una gesta que recuerda aquella de La gran evasión de Sturges, con Steve McQueen al frente, y de la que solo se diferencia en que esta es pura realidad.

Puntuación: 7,75