domingo, 21 de septiembre de 2014

NOE (DARREN ARONOFSKI -2014)


Cuando los espectadores y críticos reparten a la par matrículas de honor y vergonzosos suspensos, en su valoración de un film, algo está pasando. Evidentemente el 5, nota promedio y aprobado raspante, resulta ser, por aquello de las estadísticas donde todos comen un pollo aunque algunos doblen ración a costa de quienes le suenan las tripas, la puntuación más acertada y la que se supone contenta a todo el mundo. En mi opinión, Noé, es una película infravalorada.



Y es que, en topando con la Iglesia, mi buen Sancho, la ortodoxia y la literalidad en la interpretación de los textos sagrados tiene muchísimos defensores. Los fundamentalismos de cualquier signo, son incapaces de ver el bosque que se esconde trás los árboles. Noe fue un hombre justo elegido por Dios y eso les basta. Sus dudas, sus obsesiones y hasta sus contradicciones que se le suponen como a cualquier ser humano de entonces o de ahora no son, para ellos, materia negociable. Y es en ese terreno por donde Darren Aronofsky consigue que, más allá de la fe, la historia pueda resultar creíble. Un logro importante pero únicamente parcial.



Porque hay otros logros pero también hay fracasos. Por ejemplo los ángeles caídos, en funciones de vigilancia, y convertidos en golems, además de reforzar la visualidad de la película suponen una arriesgada interpretación del mito de los ángeles expulsados del paraíso. Y aunque es bueno asumir riesgos y Aronofsky no los elude, la presencia de estos pétreos seres celestiales en el film parece obedecer más a razones de fuerza que a otra cosas. Y es que la película pone su énfasis, a mi juicio por motivos taquilleros, en las espectaculares escenas de acción con grandes movimientos de masas y avanzados efectos visuales, ganando así seguidores que se hubiesen perdido con una versión religiosa mucho más ortodoxa. Algo similar podría decirse de determinados juegos de sombras que pretenden ilustrar la herencia dejada por Cain matando a su hermano Abel. En rápida sucesión se intercalan escenas de enfrentamientos bélicos que incluso alcanzan a las últimas dos guerras mundiales, en una clara incongruencia temporal con la historia que se narra aunque con una finalidad ilustrativa evidente.



Excesos aparte, Aronofsky pretende que su película sea distinta. Que nos olvidemos de aquellas versiones Cecil B de Mille de la historia sagrada. Y lo consigue. Podemos discrepar en las formas o incluso en su versión de los hechos, pero no podemos negarle valentía ni originalidad. Y que el núcleo neurálgico de la trama tenga su epicentro en el propio Noé es una visión menos convencional y mucho más humana.



Por supuesto sin Russell Crowe la película hubiese sido otra muy distinta. La categoría de este actor es de tal magnitud que muy probablemente sin su presencia mi comentario hubiese sido otro. El colorido, cálido y a la vez intenso, la fotografía o la misma música que dejé me acariciara durante los títulos finales, son elementos que realzan el valor de una película que está lejos de ser una obra maestra pero que representa una apuesta original, distinta y sobre todo valiente, que seguro no contenta a todos pero que a mi me ha dejado, con sus pros y sus contras, un buen sabor.



Puntuación:7,90