martes, 9 de febrero de 2016

LA MUJER DE PAJA (BASIL DEARDEN - 1964)


Un repaso medianamente riguroso del cine británico deberá incluir necesariamente a Basil Dearden, director nacido en Essex en 1911 y fallecido prematuramente a la temprana edad de 60 años a consecuencia de un accidente de tráfico. En este blog, que es el suyo, encontrarán referencia de dos de sus trabajos: El farol azul y Matrimonio de estado, dos películas que tienen en común el haber sabido reflejar la cotidianeidad de la vida inglesa en marcos distintos, las calles donde pasean los bobbies y los castillos de la realeza siglo XVIII con el advenimiento de la casa de Hannover al trono inglés.

Si bien ese aroma histórico y realista se pierde en esta, muy posterior, La mujer de paja, no echamos en falta ni suntuosas residencias ni ese “touch” absolutamente británico y además parece que el celuloide ha sido tratado con una solución perfumada con “Eau de Agata Christie” claro que, si me piden mi opinión, el perfume, aunque agradable y aparente, delata su falta de autenticidad.

Lo primero que hay que decir es que si usted lo único que pretende es pasar un rato entretenido, estamos ante una opción válida. Dentro de una relativa irregularidad, la película nos atrapa en su planteamiento, nos desencanta en su nudo y parece resucitar un tanto en su desenlace, sin alcanzar los grados de imaginación de la maestra literaria del suspense. No es una película “ contínua” de esas que te agarran y no te sueltan hasta los títulos finales de crédito, pero tiene sus valores y trata de explotarlos.

Un valor positivo es el trabajo de Gina Lollobrígida, actriz y miss Italia, destronando a la mismísima Silvana Mangano, quien se apartaba voluntariamente de aquellos papeles que vendiesen una imagen suya de chica fácil. Su personaje se sitúa en el extremo opuesto: Una hermosa enfermera que es contratada para el cuidado de un amargadísimo, imposibilitado en silla de ruedas, cruel y déspota millonario inglés ( Ralph Richardson, en un trabajo excepcional). El comportamiento inhumano del enfermo con todos los que le rodean hace que la cuidadora lo abandone en dos ocasiones. Sin embargo, un sobrino del magnate (Sean Connery) urde un plan para apropiarse de la herencia en el que es una pieza importante la enfermera María Marcello (Gina Lollobrígida).

Curioso Connery en su papel de galán delincuente, justamente cuando se empezaba a cimentar su fama como Bond... James Bond. ¿Romper encasillamentos? Más parece que en la serie al principio se pagaba poco. Poca visión de los royalties que dejaría en el futuro. No obstante, Connery, de quien tengo una opinión excelente por el conjunto de su carrera, no parece nunca tomarle el pulso a ese papel y es con diferencia la pata coja de una mesa que ya de por si trastabilla bastante. Es probable que su relación con Gina, una actriz conflictiva en los platós, no fuese la deseable e incluso se excedió en una bofetada que exigía el guión pero no con la dureza con que la propinó.

Una primera parte del film que resulta interesante desde un punto de vista sicológico: La brutalidad y aparente carencia de sentimientos del tullido Charles Richmond versus la integridad personal de la enfermera Marcello quien no estaba dispuesta a soportar vejaciones propias ni a contemplar como se humillaban a otras personas, mención especial a un par de sirvientes negros a los que obligaba a arrastrarse como si de perros se tratase. Parecen dos fuerzas enfrentadas y el espectador agradece la lidia. A partir de ahí el film se “humaniza” apareciendo las inevitables motivaciones crematísticas. Ahí entra en juego el sobrino (Connery) quien añade además un odio personal a causa de su propia madre. Es en este punto donde parecemos enfrascarnos en una especie de novela de misterio con Poirot o Miss Marple como protagonistas, evidentemente a años luz de distancia, y de ahí hasta al final ligeramente en pendiente y hacia abajo con un adormecimiento liviano del que nos saca ese inspector típicamente británico que siempre aparece en esta clase de películas. Ya saben, esos que piden mil veces perdón y que parecen no querer molestar pero que al final resuelven el caso. No es el Inspector Lomer (Alexander Knox) el ejemplo mas apropiado de este género, pero pretendía que me entendiesen.

Podría haberse llamado “El caso del muerto fumador”

Puntuación:6,75