domingo, 21 de septiembre de 2014

NOE (DARREN ARONOFSKI -2014)


Cuando los espectadores y críticos reparten a la par matrículas de honor y vergonzosos suspensos, en su valoración de un film, algo está pasando. Evidentemente el 5, nota promedio y aprobado raspante, resulta ser, por aquello de las estadísticas donde todos comen un pollo aunque algunos doblen ración a costa de quienes le suenan las tripas, la puntuación más acertada y la que se supone contenta a todo el mundo. En mi opinión, Noé, es una película infravalorada.



Y es que, en topando con la Iglesia, mi buen Sancho, la ortodoxia y la literalidad en la interpretación de los textos sagrados tiene muchísimos defensores. Los fundamentalismos de cualquier signo, son incapaces de ver el bosque que se esconde trás los árboles. Noe fue un hombre justo elegido por Dios y eso les basta. Sus dudas, sus obsesiones y hasta sus contradicciones que se le suponen como a cualquier ser humano de entonces o de ahora no son, para ellos, materia negociable. Y es en ese terreno por donde Darren Aronofsky consigue que, más allá de la fe, la historia pueda resultar creíble. Un logro importante pero únicamente parcial.



Porque hay otros logros pero también hay fracasos. Por ejemplo los ángeles caídos, en funciones de vigilancia, y convertidos en golems, además de reforzar la visualidad de la película suponen una arriesgada interpretación del mito de los ángeles expulsados del paraíso. Y aunque es bueno asumir riesgos y Aronofsky no los elude, la presencia de estos pétreos seres celestiales en el film parece obedecer más a razones de fuerza que a otra cosas. Y es que la película pone su énfasis, a mi juicio por motivos taquilleros, en las espectaculares escenas de acción con grandes movimientos de masas y avanzados efectos visuales, ganando así seguidores que se hubiesen perdido con una versión religiosa mucho más ortodoxa. Algo similar podría decirse de determinados juegos de sombras que pretenden ilustrar la herencia dejada por Cain matando a su hermano Abel. En rápida sucesión se intercalan escenas de enfrentamientos bélicos que incluso alcanzan a las últimas dos guerras mundiales, en una clara incongruencia temporal con la historia que se narra aunque con una finalidad ilustrativa evidente.



Excesos aparte, Aronofsky pretende que su película sea distinta. Que nos olvidemos de aquellas versiones Cecil B de Mille de la historia sagrada. Y lo consigue. Podemos discrepar en las formas o incluso en su versión de los hechos, pero no podemos negarle valentía ni originalidad. Y que el núcleo neurálgico de la trama tenga su epicentro en el propio Noé es una visión menos convencional y mucho más humana.



Por supuesto sin Russell Crowe la película hubiese sido otra muy distinta. La categoría de este actor es de tal magnitud que muy probablemente sin su presencia mi comentario hubiese sido otro. El colorido, cálido y a la vez intenso, la fotografía o la misma música que dejé me acariciara durante los títulos finales, son elementos que realzan el valor de una película que está lejos de ser una obra maestra pero que representa una apuesta original, distinta y sobre todo valiente, que seguro no contenta a todos pero que a mi me ha dejado, con sus pros y sus contras, un buen sabor.



Puntuación:7,90

sábado, 6 de septiembre de 2014

TRAS LA PISTA DEL ZORRO (VITTORIO DE SICA - 1966)


La dirección de Vittorio de Sica no pasa desapercibida y tiene su gancho. Reconozco que influyó decisivamente en la decisión de ver esta película. Grave error. Y aunque no acabo de explicarme como el gran cineasta italiano, uno de los padres del neorrealismo, se prestó a esta caza del zorro – tutti per la pasta- le eximo de culpa dado que la película no es suya sino de Peter Sellers y la productora (Brookfield) que formó junto a John Bryan. El actor británico, cómico memorable (El guateque, La pantera rosa, Dr. Strangelove) era fuera de las pantallas un tipo maniático, extravagante y de trato complicado. Su relación con De Sica fue casi imposible. Decía que pensaba como italiano mientras que él (Sellers) lo hacía como un inglés. Irrumpía en el rodaje aunque no tomase parte en las secuencias, especialmente cuando su esposa Britt Ekland actuaba. Incluso pretendió reemplazarlo a lo que se opuso su socio por razones financieras. Esta fue la primera y última película de Brookfield.

“Tras la pista del zorro” nos muestra las aventuras de un delincuente llamado Aldo Vanucci (Peter Sellers), conocido por El zorro, que ingenia un plan para introducir en Italia los lingotes de oro robados en Egipto. Para ello simulará ser un afamado director de cine rodando una película en una localidad marinera donde se producirá el desembarco de los lingotes con la colaboración de la totalidad de la gente del pueblo ilusionada con participar en una película. Victor Mature interpreta el papel de un famoso actor veterano a quien convencen para actuar en el film.

Uno se imagina esta película con la interpretación de Vittorio Gassman y siente que nos han birlado un excelente film. La trama argumental es francamente interesante y la mano en el guión de Neil Simon (Descalzos por el parque, La extraña pareja) se nota positivamente, pero el tono desmedido y casi esperpéntico de Sellers en una mala repetición de los mismos clichés que le dieron fama, resta demasiados puntos. Estamos ante un Sellers complaciente y pagado de si mismo que parece no darse cuenta de que las buenas comedias van más allá de la exageración en los gestos y los disfraces a lo Mortadelo. El espectador también agradece lo inesperado, lo sorprendente y el humor inteligente. Quizás por ello, por estas carencias son películas que suelen envejecer mal. Y aunque suene a blasfemia, incluso a La pantera rosa del gran Blake Edwards se le notan demasiado las canas en la actualidad. 

 ¿Destacable?: El tema musical de Bacharach, digamos correcto y la presencia de un actor que responde a ese nombre: Akim Tamiroff. Respecto a la participación de Martin Balsam y Victor Mature, solo se entiende por lo que decía antes, “per la pasta” y supongo que un poco por el caché que daba trabajar con el maestro De Sica.

Si la han visto: Olvidable. Si no la han visto: Prescindible



Puntuación: 5,00





miércoles, 27 de agosto de 2014

SI YO FUERA REY (FRANK LLOYD - 1938)




Película, digamos histórica, sobre el asedio de París por el duque de Borgoña. En clave de comedia, a la que habría que añadir el calificativo de ejemplarizante, narra las venturas y desventuras de Francois Villon, personaje real, poeta ladrón y bandido bueno en la más pura línea Robin Hood, quien alardea en una taberna y ante un irreconocible Luis XI disfrazado, de lo que él haría si fuese rey. En un enfrentamiento con los soldados reales da muerte además al Condestable real después de que el monarca averiguara la traición de éste último, por lo que Luis XI nombra a Villon para el cargo vacante, poniendole a prueba para que cumpla las tareas de gobierno y administración de justicia que tan fáciles le parecían.

El enfrentamiento con las fuerzas enemigas resulta clave en el film, tanto durante su desarrollo como en un desenlace acorde con lo distendido del argumento. El envío de un embajador con una propuesta de rendición que permita al soberano francés retirarse con dignidad provoca la contrarréplica de un inspirado Villón quien, ha sido nombrado por el rey con el más apropiado rango de Conde de Montcorbier, heredero de la Hebilla de Oro, amenazando a los borgoñeses con atacar si no levantan su asedio en una semana. Sus amenazas no son secundadas ni por Luis XI ni por sus generales quienes, en palabras reales : "nunca ganan batallas". Por ello, amenazada su vida, Villon, conde de Montcorbier decide cambiar la estrategia y convertirse de nuevo en lider del pueblo bajo francés que luchará con valor por su vida y por su ciudad.

Los diálogos magníficos plenos de ironías son atribuibles a un Preston Sturges que colabora con un Frank Lloyd de quien todos conocemos aquella maravilla que fue Rebelión a bordo, versión Laughton y Gable. La película está bien surtida de frases chispeantes y sagaces y de momentos que entreabren una sonrisa inteligente en el espectador a poco que este sea capaz de, más allá del conjunto argumental de una película basada en hechos históricos, saborear esos pequeños detalles de los que gracias a Sturges no anda escasa.

Ronald Colman acredita veteranía, clase y buen hacer, Frances Dee, belleza, dotes de seducción y una cierta candidez que esconde una personalidad plena de fuerza, pero sobre todo el actor que por méritos propios se erige en el protagonista absoluto de la película es Basil Rathbone, en un rol de soberano francés con infinidad de matices a los que no nos tiene demasiado acostumbrado. Lo recordamos por sus trabajos de Sherlock Holmes y como odioso personaje en films de capa y espada (Robin Hood). pero su faceta cómica no la ha explotado demasiado (como excepción a la regla considero La comedia de los horrores, de Jacques Tourneur). Y ciertamente, se come con papas fritas la película... Su trabajo fue reconocido con una nominación a la estatuilla en la categoría de mejor actor secundario (the winner is... “palabras mayores” Walter Brennan por Kentucky)

Estoy por decir que no les defraudará.

Puntuación: 7,35

martes, 19 de agosto de 2014

REMORQUES (JEAN GREMILLON - 1941)


Decir que es una película de Grémillon incardinable en el realismo poético francés a muchos les sonará a swahili y si, además añadimos que estuvo protagonizada por Jean Gabin y Michele Morgan y que a cargo de los diálogos estuvo el gran Jacques Prévert, una mayoría pensará que les estoy hablando en chino. De aquellos osados que, llegando hasta aquí, han alcanzado a leer estas cinco primeras líneas, seguro que el 90 por ciento han pasado página. Bueno, gracias a todos... a los que se quedaron en el intento y a los que estoicamente resistieron. Y quienes, picados de cierta curiosidad se animen a ver el film les anticiparé que, sin ser ni lo mejor del mundo mundial ni lo siguiente (como se dice ahora) es una buena oferta cinematográfica que además de mostrarnos las duras condiciones de vida y trabajo de los marineros empleados en remolcadores nos muestra un drama cargado de fuerza y tensión donde el amor matrimonial y el amor “feue” libran una encarnizada batalla en el alma de un hombre.

En pleno festejo nupcial, el capitán del remolcador Cyclone, André Laurent (Jean Gabin), recibe el aviso de que el buque Mirva 15 está a la deriva en medio de una impresionante tormenta. Rápidamente interrumpen la fiesta y disponen todos los preparativos para el rescate y se dirigen a su encuentro. De un bote a merced del oleaje rescatan a la esposa del capitán del barco siniestrado (Michele Morgan) una seductora mujer de la que André acabará enamorándose locamente.

La película pone, especialmente, el dedo en la llaga de las difíciles condiciones en que viven, no solo los marineros, sino especialmente sus esposas y sus seres queridos. En especial, la mujer de Laurent, enferma desde hace mucho tiempo y ocultándoselo a su marido, centra toda sus esperanzas en vivir tranquilamente con él en una casita en la playa con habitaciones blancas y ventanas al mar y sin que nada les impida estar juntos. Curiosamente la casa, la playa y las habitaciones con ventanas jugarán un papel totalmente decisivo en una historia donde la integridad le cede el paso a una pasión sin freno.

Una película de rodaje difícil interrumpida en varias ocasiones por el inicio de la II WWW y el llamamiento a filas tanto de Grémillon como de Gabin y de otros miembros del equipo y que debió terminarse en estudio y de forma acelerada, incluso utilizando maquetas para las escenas del rescate marítimo. Tanta premura perjudicó a las película que por momentos resulta inconexa y con un desenlace coherente pero bastante precipitado.

Con momentos y frases inolvidables (el paseo de los amantes por la playa o aquella “ Dicen que un rayo puede quitarte todas las prendas sin dañarte... También sabrás hacerlo” la película es un buen exponente, aunque no el mejor, de un género del que, en mi opinión, tiene en Marcel Carné su mejor exponente. Se ha dicho que el realismo poético anticipa el cine negro. Tiene fundamento tal afirmación y en este caso la figuras de la femme fatale y del hombre íntegro al que un mal paso ha metido en problemas están ahí como definidoras de un genero donde las luces y las sombras se erigen en protagonistas absolutas. Pero la fuerza de la película reside sobre todo en el amor loco y convulso, capaz de poner patas arriba todos los cimientos de un hombre. Esta era una de las temáticas constantes en el cine de Jean Grémillon, un gran cineasta (dirigió la Cinemateque Française) pero muy olvidado.

Soberbia actuación de Jean Gabin, habitual con Carné y con el propio Grémillon, e interesante aportación de su pareja en la vida real Michele Morgan, sin olvidarnos, porque sería injusto del trabajo de Madeleine Renaud como esposa de André Laurent (Gabin) en un papel francamente difícil de esposa enamorada, fiel y gravemente enferma.


Puntuación: 7,35


domingo, 10 de agosto de 2014

POSSESSED (CLARENCE BROWN - 1931)




Sean cuales sean las circunstancias económico-sociales por las que ha ido atravesando, en el último siglo, este mundo nuestro tan baqueteado, las miradas de gran parte de la población del globo se han dirigido a ese lugar mágico creador de sueños que ha sido y es Hollywood. Por descontado que no estoy desmereciendo otras filmografías, muchas de las cuales han alcanzado cotas de calidad equiparables e incluso superiores a una escuela americana en la que el negocio y las taquillas eran el principal objetivo de las Majors. Pero el lugar donde se forjaron los sueños de muchas generaciones ese es Hollywood. Pongan las excepciones que quieran pero acabará confirmándose la regla. Ese es mi parecer.



Y los espectadores norteamericanos de los años 30 con la Gran Depresión pisándoles descaradamente los talones, estaban ávidos de sueños y la mera posibilidad de que alguien tuviese la oportunidad de ascender en la escala social y aspirar a otra vida mejor, significaba como una bocanada de oxigeno limpio en los pulmones. Claro que el ascenso por la vía del esfuerzo y del trabajo, en lugar de sueño hubiese significado una utopía y la cosa no iba por ahí. En Possessed la mejora social de una agraciada joven trabajadora, operaria en una fábrica de cajas de cartón, y con un futuro gris en su pueblo de nacimiento, se logra gracias a su propia condición femenina y a un inconformismo nada habítual en la mujer de su tiempo.



Es esta rebeldía de una mujer fuerte la línea directriz de un film que tuvo problemas con las obtusas mentes censoras de algunos países, dada la relación extramatrimonial que mantiene Marian Martin (Joan Crawford) con Mark Whitney (Clark Gable), un rico abogado con ambiciones políticas, llegandose a rodar dos versiones, una con la mujer de Mark inválida y otra donde le engaña con el chofer. No hay que decir que en la primera de las dos versiones, la distribuida en UK, el infeliz marido mantiene una relación platónica con Marian hasta el fallecimiento de su esposa.



De todo menos de platónica puede calificarse la relación dentro y fuera de los platós de Joan y Clark, ambos casados en la vida real. Su relación fue muy comentada e incluso el propio Louis B. Mayer le conminó a que pusiesen final a la misma por la posible incidencia negativa de su adulterio en las taquillas. Sin embargo la relación entre los dos sea en la condición de amantes, sea en la de amigos se mantuvo hasta su muerte. Y es curioso que la propia Joan Crawford declarase que Clark probablemente no hubiese encajado bien en el rol de marido.



En definitiva, esta tercera película que hicieron juntos ambos actores y que dirigió Clarence Brown (habitual con Greta Garbo) es una cinta notable, encuadrable por sus “ligerezas” argumentales en el cine pre-code, que si bien no me atrevo a calificarla de obra maestra tiene elementos más que apreciables. La fotografía es excelente, los vestidos, la suntuosidad de unos decorados estilo art-decó y la composición maravillosa de alguna secuencia como aquella en la que Marian presencia la llegada de un tren a la estación de su pequeña localidad viendo, a través de las ventanillas, el lujo y el glamour al que ella aspira.



Una cinta al mas puro y genuino estilo Hollywood interpretada por dos de los más grandes.



Puntuación: 8,00

martes, 5 de agosto de 2014

LOS PANTANOS DE ZANZIBAR (TOD BROWNING - 1928)




¿Dónde está Zanzibar?

No es condición indispensable pero no está de más situar un poco Zanzibar en el mapa del continente africano. Lo de aventurero de los siete mares lo llevo regular así que acudo a Wikipedia y así me entero entre otras cosas que se trata de una especie de estado semiautónomo incorporado a Tanzania, formado por unas tres islas del océano Índico, donde se miran con malos ojos y privación de libertad las relaciones homosexuales, especialmente las masculinas. Quizás por ello, uno de sus hijos más notables hubo de emigrar: Freddy Mercury. 
 
Sinceramente no he seguido investigando si Zanzibar tiene o no pantanos ni que hay exactamente al este de Zanzibar. Estas circunstancias geográficas no aportan prácticamente nada a una película donde en un entorno “tipical” africano se desarrolla una historia de maldad, crueldad y venganza capaz de herir la sensibilidad de los críticos y espectadores de su tiempo. Hoy, muchos dirán que no es para tanto…

Los freaks de Tod Browning

Freaks (La parada de los monstruos) y Garras Humanas son dos películas impactantes. La realidad muchas veces supera todo lo imaginable y la colección de engendros humanos que muestra Browning especialmente en Freaks es digna de figurar en un museo de lo sórdido. West of Zanzibar es diferente. Aquí los seres no son deformes corporalmente ni hay mutaciones extrañas que convierta a seres humanos en reptiles u otras especies animales. No. Es cierto que a resultas de un accidente un mago circense queda tullido y no puede mover sus extremidades inferiores pero ello no le priva “per se” de su condición de hombre. Lo que sucede es que las heridas de su cuerpo invaden su alma llevándole a límites de lo más abyecto. Y en esas circunstancias un hombre honrado se transforma en un monstruo cruel y vengativo.


El hombre de las mil caras

Hablamos de Lon Chaney, un actor capaz de alcanzar registros interpretativos imposibles para otros artistas de su tiempo e incluso posteriores. El mismo Lionel Barrymore palidece ante su actuación, aunque para ser justo el papel de Chaney es un regalo dadas sus aptitudes. “El hombre de las piernas muertas” arrastrándose sobre el suelo de una choza en medio de la selva africana, reptando como una serpiente hasta encaramarse a una silla de ruedas es un personaje cruel, odioso y vengativo hasta extremos inhumanos. La película muestra esa transformación desde el hombre enamorado, amable y comprensivo que trabajaba como ilusionista en un circo.

Un argumento poco apto.

Al menos así calificaban los expertos la posibilidad de que la obra Congo que se exhibía en los escenarios neoyorkinos se exportase a la pantalla grande. Hablaban de “blasfemias” “sexo sin tapujos” e incluso de “pornografía”. A decir verdad, o la película varió mucho respecto al proyecto inicial o la versión que yo he visto ha sido el obscuro objeto del deseo de una impía tijera. Las imágenes son duras pero sin llegar a escabrosas. Los diálogos son fuertes pero no dañan los oídos sensibles. Lo que en realidad resulta duro es la actitud, la maldad, la inquina y la sed de venganza del mago Prhoso (“Dead-legs”) abandonado por Anna, su esposa y  asistente, de quien está perdidamente enamorado. Ella le deja para marcharse a Africa con Crane , traficante de colmillos (Barrymore). Al tiempo regresa con un bebé, falleciendo en la iglesia. A partir de entonces, ante la Virgen y el niño, Phroso promete no cejar y perseguir a Crane para vengarse. La acción da un salto hasta 18 años después, con el bebé crecidito, una niña llamada Maizie (Mary Nolan) donde encontramos a nuestro mago dispuesto a perpetrar su venganza.

No les contaré más. Hay que ser respetuosos con el secreto de los finales. Solo decirles que no es una mala opción donde además de argumentos cinematográficos encontramos parcelas de una realidad como la africana con sus tradiciones tribales, sus ídolos, sus miedos y sus costumbres primitivas, que tienen un papel fundamental en la resolución del film. 
 
Puntuación: 6.55


viernes, 1 de agosto de 2014

MURDER MELODY (BODIL IPSEN - 1944)




Cine negro danés. Oigan, que todo el noir no va a ser USA y está muy bien eso de encontrarse buenos trabajos del género en esta Europa de nuestros pecados. Les confieso que no ando muy puesto en cine danés pero viendo este trabajo de Bodil Ipsen, reconocida actriz y directora, me han entrado ganas de conocer una filmografía de la que únicamente tengo referencias por Dreyer y Lars Von Trier.

Estamos ante la primera película danesa de este género, rodada en 1944 durante la ocupación alemana en la segunda guerra mundial. Una ocupación que, por prohibir la exhibición de films de los países aliados, desarrolló la industria cinematográfica nacional, haciendo de la productora Nordisk Film una de las más importantes de Europa en su tiempo. Encuadrable entre la serie B por su limitado presupuesto, Mordets melodi (título original) es una obra de calidad, bien interpretada, aunque Gull-Maj Norin como Odette Margot, Paul Reichhardt como Max y Angelo Bruun como el esposo Louis Valdini no sean actores demasiado conocidos universalmente, al menos para este que suscribe, con una fotografía notable y con una puesta en escena realmente por encima de lo que podría suponerse dado la escasez de finanzas.

Estamos ante el caso de un asesino en serie que actúa estrangulando a mujeres con el nombre de Sonja. La principal pista que deja es que durante la comisión del asesinato muchos testigos han escuchado una pegadiza melodía cantada con voz de mujer. Las investigaciones conducen hasta una artista de cabaret, cantante y antigua pareja de su esposo Louis en un espectáculo de magia e hipnotismo.

El film, considerado  uno de los más influyentes de su tiempo nos muestra una visión tan sombría como realista de la Copenhague ocupada. En este sentido la ficción de su argumento esconde la realidad documental de un país invadido y no deja de ser un escaparate hacia el exterior. Su directora, una de las grandes mujeres del cine europeo, realizó muchos trabajos entre los 40 y los 50 predominando los thrillers de contenido psicológico. 
 
En definitiva, un camino de investigación y presumible disfrute para quienes además de amar el cine sentimos curiosidad por ese cine nuestro de la vieja Europa injustamente relegado, históricamente, al furgón de cola de la locomotora americana,  aunque hay que reconocer que las cosas ya no son como antes y el reconocimiento internacional al cine europeo es todo un hecho.

Puntuación: 7,90




viernes, 18 de julio de 2014

LA TÊTE DE UN HOMME (JULIEN DUVIVIER - 1933)


Aunque el título haga referencia tan solo a una parte del cuerpo humano y en el film, Maigret pregunte al presunto culpable si sabe lo que le va a ocurrir si miente, contestando por sí mismo: “La guillotina, muchacho”, la cabeza no es, en purismo, el centro de la película, sino la propia vida de un infeliz culpable de allanamiento de morada y de intento de robo pero no de asesinato. Y lo que les digo no es “spoiler” porque el pescado se vende enterito desde el principio del film y la única cuestión que subyace es la de cómo y en qué momento nuestro querido comisario Maigret conseguirá probar la culpabilidad del verdadero asesino.

Como los seguidores de Simenon sabemos, las novelas de Maigret se caracterizan no tanto por el misterio como por la sicología de sus personajes, y en ese sentido el famoso comisario es un maestro en la creación de climas opresores que como si de una lluvia fina se tratara van menoscabando las voluntades y agrietando las rocas mas duras. En este caso la variable sicológica viene elevada al cuadrado e incluso al cubo si consideramos la amargura existencial del asesino en rebeldía contra un mundo cuyos pilares son el glamour y el bon vivre. Vamos, “la vie en rose” que diría Piaf. Y si a ello le sumamos las cortas luces del primer sospechoso, entramos en un terreno donde las pruebas se encuentran antes en la mente que en los hechos. 
 
Debo decir que, aunque mi Maigret por excelencia es el gran actor Jean Gabin, la interpretación que aquí realiza Harry Baur es espléndida. Nos hace ver al personaje como una figura paternal, comprensiva, incluso amigable, pero inflexible. Hace que los silencios no sean tales sino que hablen con claridad meridiana y consigue que nos compenetremos tanto con él que sus acciones nos resultan previsibles y encajando perfectamente en la imagen que nos hemos forjado de él.

Repito lo que he dicho en otras ocasiones, las obras de Simenon con Maigret como protagonista no consigo incardinarlas en el género polar. Son policiales sicológicos. Y en este sentido las novelas precisan de una adaptación cinematográfica difícil. A tanto llega la cosa que el propio Simenon estuvo en rebeldía con las productoras por las “mutilaciones” y cambios que sufrían sus historia e incluso intentó producir películas sobre sus novelas contando con directores como Jean Renoir, donde se respetase su integridad. El intento independentista fracasó y se cerró en banda durante muchos años a la posibilidad de nuevas versiones de sus obras a pesar de la interesante rentabilidad que le suponía el cine.

Estamos ante un buen film de Julien Duvivier que como los buenos vinos precisa de un segundo sorbo más prolongado para degustarlo en su verdadera dimensión artística.

Puntuación: 7,75 

 

domingo, 13 de julio de 2014

LADY HAMILTON (ALEXANDER KORDA - 1941)


Con propiedad, podemos hablar de cine histórico. El amor de Lady Hamilton (Vivien Leigh), esposa del embajador de Inglaterra en Nápoles, William Hamilton y el héroe de la marina británica Lord Horatio Nelson (Laurence Olivier), fue una historia real y como prueba de fidelidad el guión escrito por R.C.Sherriff se nutrió de fuentes documentales tales como cartas y memorias.


Esto es ciertamente un valor pues en ocasiones, tras ver un film pseudohistórico, acabamos con los conceptos trastocados, y ello aunque estemos ante una cinematográfica obra maestra. Así, por ejemplo, la Reina Cristina de Suecia nunca abdicó por amor, y en cambio la película de Mamoulian y la actuación de la Divina son dos genialidades. Una vez más cine es cine y así debemos considerarlo.



En cine histórico, tengo a Alexander Korda por una autoridad. La vida privada de Enrique VIII y Rembrand, ambas con el gran Laughton, son dos clarísimos ejemplos de buen cine en general e histórico en particular. En Lady Hamilton, el reparto sigue siendo uno de los puntos fuertes,y la pareja Laurence Olivier y Vivien Leigh, recientemente casados, nos ofrecen dos interpretaciones francamente buenas, acompañados de Sara Allgood (como madre de Emma Hamilton), Allan Mowbray (William Hamilton) y Gladys Cooper (Frances Nelson) que confieren con sus actuaciones una calidad superior a la media (por lo que hace a los actores de reparto) en este tipo de producciones.



Aunque los Oscars, en ocasiones, no son un índice fiel de la calidad de un film, las cuatro nominaciones (Mejor fotografía en blanco y negro, mejor dirección artística en blanco y negro, mejores efectos especiales y mejor sonido, ganadora en ésta última categoría) algo nos dicen sobre un trabajo que merece la pena verse y que no defrauda.



Claro que, si nos situasemos en el entorno en que se realizó y estrenó la película seríamos testigos de las críticas que recibió: Por una parte por el hecho de que Korda abandonase Inglaterra en una situación bélica para dirigirse a los EEUU, por otra el carácter propagandístico de un film que presentando la figura de Napoleón Bonaparte como la de un dictador deseoso de dominar la totalidad del mundo y con el que cualquier tratado de paz sería imposible, se estaba retratando la figura de Hitler. Esto le costó un proceso político al mismo Korda por propaganda británica, un proceso que aplaudieron los partidarios de la neutralidad americana y los pro-germánicos. El ataque a Pearl Harbour, precipitó los acontecimientos y permitió la libertad de Alexander Korda.



Algún sector de la crítica habló de una mala historia aunque una buena propaganda británica. No estoy del todo de acuerdo, la historia no puede considerarse mala. Es una historia real y es posible que la verdad no sea tan comercial sinó se la adereza de un chorrito de ficción que alegre a los espectadores. La compasión se pierde en los palacios de marmol. La frase no es mía pero me la apropio porque una historia de amor entre joyas artísticas, salones inmensos y balconadas sobre el Mediterráneo acariciado por la luna napolitana nunca es tan terrible, quizás por aquello que decimos aquí, a nuestra manera, las penas con pan son menos.



Es posible también que, con la imagen que se proyecta de los respectivos cónyuges, uno desinteresado por su mujer a la que trata como un adorno más de su palacio y otra que no parece cuidar demasiado su imagen para atraer a su esposo, se nos manipule a favor de aprobar el adulterio entre dos seres. Eso si, el adulterio pareció no incomodar a las autoridades censoras mientras no hubiese escenas de cama. Hubo tan solo una y muy casta. Ella dandole sopitas a un Nelson rendido tras la campaña de Egipto.



Entiendo que debe verse y apreciarse en todo su valor, que lo tiene.



Puntuación: 7,85

sábado, 7 de junio de 2014

THE WHISTLER (WILLIAM CASTLE - 1944)





Podría traducirse más o menos literalmente por El hombre que silba, personaje conductor no solo de este film sino de una serie de 6 películas de corta duración (alrededor de una hora) con argumentos intrincados, con suspense, propios del “noir” y amalgamados por la presencia del “whistler”. No estamos ante una serie al uso de los 40 porque a diferencia de la mayoría  no existe continuidad en cuanto a la trama e incluso el actor Richard Dix que participa en cinco de ellas lo hace interpretando a personajes de lo más diverso.

Desde mi punto de vista las “películas – serie” tienen sus ventajas y sus inconvenientes. En el caso de las series convencionales, los personajes principales están definidos desde su primer capítulo. Digamos que se sabe quién es Perry Mason o Della Street desde el primer momento. En los capítulos siguientes podemos centrarnos en la aventura las cual, a su vez, nos mostrará matices nuevos de los personajes. En el caso de The Whistler esto no es así y la brevedad se consigue simplificando el argumento con el peligro de hacerlos incomprensibles si se mete tijera más de lo debido. Incluso, avanzando algo más allá ese “whistler” tiene un halo fantástico y misterioso que llegamos a pensar que en la resolución del problema ha tenido arte y parte un benefactor silbidito.

En este episodio, Earl C. Conrad (Richard Dix), un comerciante en desahogada posición económica pero atormentado por la muerte de su esposa a la que no consiguió salvar en un naufragio, contrata un asesino a sueldo para acabar con su propia vida. La operación se realiza a través de un intermediario quien, tras darle las órdenes oportunas al ejecutor, muere a manos de la policía. Cuando la mujer es localizada con vida, Earl quiere detener todo el plan, pero no conoce la identidad de su verdugo.

Sin lanzar campanas al vuelo, como máximo “dame un silbidito…” un trabajo correcto de William Castle.

Puntuación: 6,00

lunes, 26 de mayo de 2014

THE GODDESS (WU YONGGANG - 1934)


Entre los diferentes cambios que ha impulsado el cine (y posteriormente la TV) en la sociedad, uno de los más importantes ha sido el de extender las diferentes culturas de nuestro planeta a todos los espectadores. No resto merito a la importancia de la literatura pero es evidente que el lenguaje visual es mucho más incisivo y directo y su impacto sobre el conocimiento es mayor. La lectura añade matices imposibles para el cine y por eso además de un cinéfilo curioso siempre seré un infatigable lector, pero la fuerza de las imágenes en movimiento es innegable. 

Lo anterior viene a cuento porque en ocasiones se tiene el concepto equivocado de la prostitución en Oriente al entender que la figura de las geishas podría ser extensible más allá del sub universo nipón. Esta película del año 1934 pone de manifiesto dos cosas: que la prostitución no estaba bien vista en la China de la época y que en nombre de la moralidad se cometen las más horribles aberraciones. Si quisiéramos detenernos en estas cuestiones, probablemente deberíamos interesarnos por las similitudes entre geishas y prostitutas en el mismo país del sol naciente e incluso cuestionarnos si las geishas con toda su sumisa parafernalia eran aceptadas o no socialmente. 

Disertaciones aparte, lo que es evidente es que The goddess, nombre con que se conoce a las prostitutas chinas, es una película que critica a una sociedad capaz de destruir dos inocentes vidas humanas (la madre y su hijo) al tiempo que rezan sus plegarias dándose golpes de pecho, siendo indiferente si la religión es el budismo, el sintoísmo, el taoísmo o cualquier otra. Incluso, si alguien nos dijese que la acción tiene lugar por estos parajes nos lo creeríamos y si nos aseguraran que sucede en este siglo XXI pues también podría ser. 

Con el punto de referencia de Sanghai “la nuit” el film narra la supervivencia de una mujer, madre soltera, que para mantener y educar a su hijo no encuentra otro camino que ejercer la prostitución. Una vida difícil y dentro de lo posible, rutinaria, que se ve alterada como consecuencia de una redada policial que la obliga a refugiarse en la casa de un gangster local que, bajo la amenaza de vender al niño se convierte en su chulo. Los vecinos del nuevo barrio en el que viven y donde el niño empieza a acudir a la escuela, consiguen que las autoridades del colegio expulsen al alumno simplemente por la condición de su madre. Desesperada, toma la decisión de empezar una nueva vida pero las cosas se complican.

Curiosa la vida de la actriz Ruan Lingyu (magnífica en el film) que tras ser acosada y criticada por la prensa debido a asuntos de carácter sentimental se suicidó a la edad de 24 años y más curioso todavía dado que había protagonizado recientemente un film sobre la vida de la actriz Ai Xia (New woman, 1934) quien también se suicidó por similares motivos. Terrible coincidencia. 

Película muda, aunque las talkies ya habían despegado en USA desde el 27. Y es que, del mismo modo que en Norteamérica, el tránsito desde el silente al sonoro resultó mortal para muchos actores y actrices, máxime si tenemos en cuenta los múltiples dialectos diferentes al mandarín que se hablaban en la inmensa China. Por ello, los chinos fueron remisos, de alguna manera, en incorporarse al cinema hablado. No obstante, esta circunstancia no merma un ápice la calidad de un film notable que además se entiende muy bien sin necesidad de ponerle voz. 

Puntuación: 8.00 

jueves, 22 de mayo de 2014

LA CORONA DE HIERRO (ALESSANDRO BLASETTI - 1941)



La mezcolanza de referencias encontrada en esta película es de lo más variopinta.  Por un lado tenemos  el drama shakesperiano focalizado principalmente en Hamlet, por otro la evidente  similitud con los orígenes del personaje de Tarzán cuidado de niño por las fieras salvajes y, no son menos claras, las referencias a la figura libertadora de Robin Hood. Quizás algo menor la relación con La Bella y la Bestia, simbolizadas por la princesa Elsa y su padre el rey Sedemondo, pues si bien el rey parece humanizarse en la relación con su hija incluso ofreciendo todos sus tesoros por su felicidad, finalmente la sordidez de la real bestia vuelve a aparecer y precipita los acontecimientos.

La película narra en clave de cuento o fabula la historia del rey de Kindaor quien tras asesinar a su propio hermano al final de una batalla con un pueblo rival, toma el poder y se proclama rey.  En aquel tiempo una comitiva extranjera transporta, con dirección a Roma y al Sumo Pontífice, una corona de gran valor conocida como la corona de hierro por estar revestida del metal de los clavos de Cristo. Esta joya tiene el poder de  detenerse en aquellos lugares donde domina el mal y la injusticia y no retomar su camino hasta que estos son vencidos. Los esfuerzos del rey Sedemondo por desembarazarse de ella son inútiles y además  debe escuchar la profecía de una vieja mujer del bosque cuyos augurios hablan de la muerte de su hija (que aún no ha nacido) por amor al hijo de su propio hermano. El rey toma todas las medidas posibles para burlar el destino, pero este sigue inflexible su devenir.

Film de elevado presupuesto para la época, con espectaculares escenas  de acción, grandes movimientos de masas y un buena elección de  paisajes y construcción de monumentales decorados. Una obra que, realizada durante la  segunda contienda mundial fue recompensada con la copa Mussolini (mejor film italiano en el Festival de Venecia de 1941) a pesar de lo cual la crítica que se realiza al poder despótico del rey Sedemondo no fue bien vista por las autoridades nazis quienes llegaron a afirmar que de haber sido dirigida por un alemán, este habría sido inmediatamente fusilado. Ciertamente tanto Blassetti como alguna de las actrices militaban con mayor o menor relevancia en el “lado oscuro de la fuerza”  pero, sinceramente, no he notado en las críticas al film que este hecho fuese un condicionante importante en su valoración.

No quiero con ello decir que estemos ante una obra magistral. Nada más lejos de la realidad. Esta mezcla de drama shakesperiano y fábula infantil se queda a mitad camino de ambas cosas y no acaba resultando. El príncipe Arminio medio Tarzán medio Robin Hood se nos vuelve ridículo con esa especie de honda con la que efectúa malabarismos circenses. La bruja del bosque con su rueca y sus premoniciones  y esa hija del rey asesinado por Sedemondo tras matar a su propio hermano que promovía una relación en paz, se nos vuelve una Blancanieves del bosque liberando hermosos ciervos.

Si en Venecia se premió el dinero invertido, la dirección de grandes masas o la espectacularidad (hoy algo limitada especialmente por el deterioro de las copias que normalmente se visualizan) pues se entiende. Si se premió otra cosa,  la justicia no parece haber sido ciega como está mandado…

Acreditadas firmas han valorado el film. En líneas generales coincido plenamente con ellas. Sin embargo, a diferencia de otras  opiniones leídas el argumento no me parece confuso sino que, a mi entender, se queda en una peligrosa tierra de nadie por lo que hace al espectador de destino. Es probable que, en su día, los niños no abriesen desmesuradamente los ojos (e incluso algunas escenas fuesen inapropiadas para ellos) y los adultos luchasen por mantenerlos abiertos. En el presente, ambos dormirían a pierna suelta.

Puntuación: 6.05

domingo, 18 de mayo de 2014

MAIGRET, TERROR DEL HAMPA (GILLES GRANGIER - 1963)



Dar vida cinematográfica a las novelas negras de George Simenon con el inspector Maigret como protagonista es una tarea complicada. Cada uno de nosotros hemos puesto facciones a los distintos personajes, hemos regado por la noche las calles de París, hemos dibujado sombras en sus paredes, hemos sido asiduos de los nights clubs, hemos amueblado las comisarías y hasta, si me apuran, hemos subido un Pernod a Monsieur le commissaire desde el bar de la esquina, en pleno interrogatorio. Trasladar todo esto a la pantalla grande, condensarlo en hora y media de cine y además contentarnos a todos los lectores es misión imposible. Gilles Grangier no sale mal parado del intento y desde luego Jean Gabin es el mejor Maigret que conozco.

La línea divisoria con el polar francés es tenue. Es cierto que en otros films de Grangier con Maigret como figura estelar (ej. Le desordre et la nuit) la inclusión en el género negro es más acertada, sin embargo otras veces como sucede en este caso los gangsters no son suficiente argumento para modificar un aroma a policial francés con el inimitable estilo Simenon.

Basada en la novela, Maigret, Lognon y los gangsters, “Maigret voit rouge” (Maigret terror del hampa, aka) es un trabajo que consigue mantener la atención de los espectadores. La historia gira alrededor del intento de asesinato y posterior secuestro de un hombre, por unos gángsters llegados a Francia desde Saint Louis en América. La agresión al inspector Lognon  lleva a Maigret a tomar las riendas del caso personándose en el club Manhattan regentado por un italo americano propietario del coche que utilizaron los pistoleros.

Algunos críticos de la película echaron de menos un dialoguista como el habitual en los films de Grangier: Michel Audiard.  Sin restar méritos a nadie los diálogos son correctos, directos e incisivos. Entre lo que caracteriza a Maigret aparte de una excepcional percepción sicológica de los distintos implicados están las frases concisas, justas y en el momento y con la fuerza apropiadas. Con ellas no consigue ser literalmente el “terror del hampa” pero los hampones saben con quién se están jugando los cuartos…

Puntuación: 7,15


domingo, 11 de mayo de 2014

TENSION (JOHN BERRY - 1949)




Tensión es uno de esos films que, si no esperas demasiado encuentras algo mientras que si te creas demasiadas expectativas seguro que sales defraudado. 

John Berry fue uno de esos directores estadounidenses sospechosos de actividades antiamericanas. Su carrera  se vió cercenada por esta circunstancia y acabo dirigiendo en Europa. Por lo poco visto de él podríamos decir aquello de “apuntaba buenas maneras”. Trabajó mucho en la serie B gestionando presupuestos más bien escasos con eficacia. Además de esta Tensión deberemos repasar He ran all the way (Yo amé a un asesino - 1951) o incluso Casbah (1948) para formarnos una opinión mucho más válida.

Siempre he defendido la importancia del guión como piedra angular de cualquier película. Un guión infumable no lo salvarán los mejores actores del mundo pero si la cosa no alcanza extremos imposibles, los actores pueden poner cierto grado de remedio. Sin llegar al milagro, claro… Por el contrario un buen guión puede sobrevivir con éxito aunque los actores no estén a la altura.

En “Tensión” la situación es intermedia: El guión es correcto y los actores tienen la calidad justa. Richard Basehart es un profesional muy versátil que, por lo general, nunca defrauda. Junto a él una Audrey Totter que a pesar de los misiles bajo su camisola nunca acabó de convencerme, ni siquiera en aquella frivolité que, por la manera de filmarse, resultó ser La dama del lago de Robert Montgomery. En el lado de la ley, Robert Sullivan y William Conrad, simplemente correctos. Y en un papel menor Cyd Charisse, de la que, al no bailar no podemos disfrutar de sus largas y esbeltas piernas, pero que, a cambio, disfrutamos de belleza y talento. Con sus pros y sus contras, en su conjunto el elenco podemos considerarlo como aceptable y correcto.

Resumiendo brevemente: El encargado de una farmacia nocturna, con gran variedad de productos en una diversificación habitual en los EEUU de los 60, trabaja y ahorra para comprar una vivienda en una zona de nueva construcción. Su mujer no comparte sus intereses y aprovecha el horario de su marido para pendonear con tipos con dinero, llegando al extremo de abandonar a su esposo. El farmacéutico después de intentos fallidos de reconciliación y tras recibir una humillante paliza urde un plan para desembarazarse del rival. Los policías resolverán el caso con técnicas de psicología estrechando el cerco sobre los distintos sospechosos. De hecho, el título “Tensión” hace referencia a estas técnicas policiales que llevan al sospechoso al límite de lo soportable.

Bajo la apariencia de cine negro encontramos en realidad una película claramente psicológica. En primer lugar el comportamiento de Warren Quimby (Basehart) absolutamente dependiente de su mujer resulta indigno y humillante. Desde el primer momento queda claro para los espectadores que la mujer (Totter) es una pelandusca del tres al cuarto y que su marido pertenece al club de pardillos máximos cornamenta incluida. Cada vez que  regresa a su apartamento y abre la puerta de la alcoba le corroen las sospechas acerca de si su mujer estará allí o no. Hasta que un día no está y ve confirmados sus pensamientos más oscuros. Nueva humillación en pelea playera con el amante. Y a partir de ahí, cambio radical, como si fuese tan fácil dejar en la cuneta lo que uno es.

Para mayor endeblez argumental no parece muy creíble que un Basehart con lentillas pueda no ser identificado por la policía con un Basehart gafipasta. Bueno, en realidad si lo reconocen, pero tras un rato largo divagando. Y aunque la cordura parece hacerse un lugar en la escena del crimen, tampoco le hace mucho favor al argumento. Y no les digo más para no desvelarles el desenlace.

Este tipo de películas “colegio” donde se instruye al espectador sobre técnicas policiales de sicología aplicada para desenmascarar delincuentes siempre esconden gato encerrado. Evidentemente los garantes de la ley no van a descubrir todas sus cartas. Pero además en este caso, me parece que se confunde la tensión aplicada sobre el criminal con las trampas que se le tienden y en las que cae irremisiblemente.

No considero que estemos ante un noir. Las playas de Malibú no necesitan de sombra alguna. Además, los noir, enrevesados o no, suelen dejar atados los cabos con mayor o menor claridad. Aquí no, lo importante es el determinante de las conductas y los valores íntimos y personales. Y en ese juego de sentimientos la presencia de Cyd Charisse ofrece algunos momentos excelentes, especialmente uno en que debe enfrentarse a la verdad junto al hombre al que ama. Sale del aprieto con un éxito rotundo y demuestra que además de bailar sabía actuar.

Puntuación: 6,25

sábado, 3 de mayo de 2014

EL HOMBRE PERDIDO (PETER LORRE - 1951)




Una voz en off nos introduce en la película asegurándonos que está inspirada en distintos casos reales. Es cierto que las vivencias de la población alemana en una situación posbélica ofrecían argumentos para muchísimos films. Un país derrotado y dividido, donde muchos individuos disfrazan con falsas máscaras su verdadera identidad mientras esperan que el transcurrir del tiempo enfríe los odios y restañe heridas.

Este es el panorama al que se enfrenta un grandísimo actor metido en tareas de dirección, una vez retornado a su Alemania natal. Un hombre que se convirtió en uno de los imprescindibles del cine USA de su tiempo y que junto a actores de la talla de Bogart, Gable, Boyer o el propio Cary Grant participó en obras imprescindibles de la filmografía mundial. La presencia de Peter Lorre y sus ojos saltones ha conferido un plus de calidad a cualquier film que contase con su presencia. Sin embargo en su vuelta a su país de origen, tratando de sobrevivir al demonio de la morfina que llevaba tiempo pisándole los talones, no consigue el éxito merecido con esta excelente película. Podría hablarse de la maldición de los actores que se meten en tareas de dirección (valga el ejemplo de Charles Laughton)o incluso podría decirse que la sociedad alemana no aceptó que quienes abandonaron el barco volvieran buscando el reconocimiento y el aplauso. Su “go home” a Marlene Dietrich fue toda una declaración de sentimientos. Sin embargo, a mi parecer la causa principal del fracaso de una película que resistió únicamente diez días en las pantallas germanas fue que habían pasado demasiados años desde la derrota y de la euforia de una liberación se había pasado a un goteo persistente de humillaciones que no podía por menos que minar la capacidad de aguante de un pueblo. Daba igual la calidad del film de Lorre, los viejos trapos no debían removerse.


El film narra en clave de flashback la historia de un médico alemán cuyas investigaciones secretas son transmitidas a las fuerzas aliadas a través de su secretaria y a la vez prometida. Informado de tal circunstancia por los agentes nazis que controlan sus trabajos, pone fin a la vida de su novia y descubre en él la existencia de sentimientos asesinos. Los miembros del espionaje alemán le ayudan a esconder su crimen y le permiten continuar con sus investigaciones biológicas. De todos modos, este hecho marcará su vida especialmente, cuando años después se reencuentre con uno de sus ayudantes.


Un film negro, género tan propio de Lorre, expresionista de pura cepa alemana y sobre todo valiente por el tema que encara. Y es que a mi juicio Lorre es algo así como el hombre perdido que se reencuentra, en su regreso desde el exilio dorado del cine USA, con sus propios orígenes sin que sea casual un guión donde se entremezclan , en sabias dosis, historias tipo “M el vampiro de Dusserlof con el cine de espionaje y contraespionaje ubicado en la II WW. El reencuentro con el cine de Fritz Lang también parece evidente…

¡Ah, se me olvidaba! Sería conveniente que dispusieran en su salón de un ambientador anti tabaco.


Puntuación: 8,40 

 

sábado, 26 de abril de 2014

EL ULTIMO VIAJE (ANDREW L.STONE - 1960)


Antes de que el cine catastrofista tipo El coloso en llamas se pusiese de moda en las pantallas de todo el mundo, el director y productor Andrew L. Stone, realizó esta The Last Voyage sobre la tragedia del transatlántico S.S. Claridon, un crucero con más años de los convenientes que, según nos ilustra el narrador que nos acompaña a lo largo del film, recorría uno de sus últimos trayectos repleto de turistas en viaje de lujo hacia Japón. Es cierto que la tragedia del Titanic ocurrida en 1912 ya había originado unas cuantas películas al respecto pero, con esta excepción, The Last Voyage es un trabajo pionero del cine de calamidades de los 70.

La película se basa en hechos ciertos. La tragedia del Andrea Doria hundido en 1956 y con un pasajero aprisionado entre los escombros son referentes inmediatos de este film. Y por si ello no fuese suficiente, el verismo llega al punto de alquilar un buque en poder de una empresa de salvamento nipona destinado al desguace, como era el caso del S.S. Ille de France, retirado en 1959, para simular un hundimiento real con el compromiso de devolución al final del rodaje. Las gestiones y el rodaje posterior resultaron de lo más complicado pero, a diferencia del cine que años después utilizaría maquetas y efectos especiales, aquí, por decirlo de algún modo, estamos ante un cine natural, ecológico en cierta manera y desde luego con riesgos laborales para los actores y extras participantes.

Los efectos especiales son de alta calidad y fueron reconocidos con la nominación al Oscar en el correspondiente apartado a Augie “A.J.” Lohman, aunque les fue arrebatada la estatuilla por el trabajo efectuado para “The Time Machine”  por Gene Warren y Tim Baar Aunque ya sabemos que los Oscars no resultan, muchas veces, una herramienta de medición demasiado fiable, les aseguro que para estar en 1960 las escenas del hundimiento resultan totalmente creíbles y conseguidas.

La elección de los actores es un elemento fundamental en cualquier película. Contar con George Sanders, Robert Stack. Dorothy Malone, Edmond O,Brien o Woody Strode en un film  es un reclamo que sin duda atrae al espectador. A este respecto debo decir que especialmente Edmond O,Brien (sobresaliente) y Robert Stack (muy bien) confirman las expectativas. El resto: un tanto por debajo pero sin desentonar. 

 
Sin embargo uno tiene la impresión que, más allá de la dureza del naufragio y especialmente cuando se conoce que tiene antecedentes verdaderos, el director manipula de forma consciente nuestras sensibilidades con la figura de la hija del matrimonio Stack-Malone (eje de toda la trama)  quien además de ser el centro de una arriesgada operación de salvamento por parte de su padre toca nuestras fibras más profundas con su sufrimiento. Y aunque sepamos qué cine es cine  y las hayamos visto de todos los colores, cuesta quedarse impasible ante la desesperación de la niña. 
 
Del mismo modo, el desenlace, coincidente o no con los antecedentes del Andrea Doria, parece "convenirle" a una producción cinematográfica de los 60. Sin desvelarles nada, a mi me pareció un final consecuente con un cierto tono “lacrimógeno” de la historia y les confieso que la sensación de ser manipulado se me presentó durante bastantes momentos de la aventura. El cine es un negocio y debajo de todo están las taquillas. Esa es la idea que coexiste con otros buenos momentos que el film tiene donde destacan los efectos especiales creados por profesionales de prestigio. A la vista están…

Puntuación: 7,00

domingo, 20 de abril de 2014

AL ANOCHECER (CLAUDE CHABROL - 1971)



 
De tanto en tanto uno necesita reconciliarse con el cine. Nuestra relación con el arte de la pantalla grande se forja a base de encuentros y desencuentros, de maravillosas sorpresas y de expectativas rotas. ¡Cuántas veces nos hemos sentido defraudados después de más o menos dos horas removiéndonos en el asiento y mirando el reloj¡ ¡Cuántas otras el tiempo ha parecido evaporarse y nosotros con él, absortos en una trama, hechizados por una fotografía, elevados por una música o subyugados por intérpretes maravillosos!

En este ying y yang del cine hoy toca hablar de una obra maestra. ¡Magistral, en la medida que no está catalogada (craso error) como una de esas que hay que ver imprescindiblemente antes del “to died”. Una película que está entre las sombras como sugiere su nombre: “Al anochecer”. Un film de Claude Chabrol que, si no lo estuviese ya bastante tras El carnicero, me acaba de ganar para su causa y donde marca además una distancia considerable con un Hitchcock con el que se le comparó en ocasiones.

Porque en “Al atardecer” no hay suspense. El “pescao” quedó vendido desde una inolvidable primera escena donde la libido, la sensualidad y el sexo se entremezclan con el silencio, despertando la voz de una conciencia que a lo largo de la película gritará cada vez más fuerte. Y no puede haber suspense porque en cualquier momento los espectadores somos capaces de vaticinar lo que va a ocurrir con un grado de acierto del cien por cien. Nuestro pleno al quince no es fruto de nuestras propias experiencias, ni de encontrarnos ante situaciones comunes en la vida ordinaria de las personas. No. Gracias sean dadas a Dios por ello, el asesinato no supera al paro, la crisis y la corrupción política en nuestras preocupaciones, así que no podemos presumir de expertos y profesionales. Pero Chabrol nos coge de la mano y no nos suelta durante toda la proyección y con una sutileza digna de elogio nos hace empatizar con Charles Masson (Michel Bouquet) el amante asesino confeso ante nuestros ojos pero inconfeso para la sociedad. Y empatizamos tanto que somos capaces de anticipar todos sus movimientos probablemente porque nos hemos metido tanto en el rol que los nuestros serían idénticos.

En “Le Boucher” (El carnicero) Chabrol nos transmitía la cotidianeidad del asesinato. Aquí refuerza la idea añadíendo una vuelta de tuerca: La integración del asesinato en el entorno de la familia y de los amigos. La posibilidad de continuar con una apacible vida burguesa después de haber oxigenado la conciencia compartiendo el delito con las personas más allegadas. Sin embargo, en la línea de “Crimen y castigo” de Dostoievsky, el oxigeno resulta insuficiente, las noches se pueblan de fantasmas y de recuerdos. La culpa pide expiación, el alma, o lo que sea, serenidad. Y así llegamos a un final que, reconozco, es lo único que no he sido capaz de predecir.


Dos actuaciones geniales y contundentes. Los dos amigos Charles y François (François Perier), especialmente el primero, quien nos regala un muestrario de sentimientos, de fuerzas contenidas que luchan para sobrevivir en el interior pero que acaban claudicando como no puede ser de otro modo. En cada gesto de Charles se percibe la gran debilidad de un ser humano en un trance así, su debilidad, su vergüenza, su miedo, su necesidad de ser juzgado…

Y hablando de juzgar, mi juicio por todo lo expuesto lo valoro con un:

Puntuación: 10.00

(siendo indiferente si es o no la mejor película de su director)