viernes, 11 de diciembre de 2009

EL JUGADOR (ALLAN DWAN - 1955)


¡Me gusta jugar al poker y perder! le decía un tertuliano a otro. ¿Y ganar?, preguntaba el segundo algo extrañado. ¡Ganar deber ser la leche!. Pues eso. Disculpen este chiste si no se rieron y si se rieron pónganlo en el haber de aquel genio del humor en serio como fue Eugenio.

El jugador es la historia de lo que pasa cuando uno pierde siempre. Situación poco proclive a bromas, chanzas y chistes y totalmente incompatible con las finanzas. Cuando uno pierde siempre o muy a menudo se le suele poner cara de mosqueo, los ojos entrecerrados tipo estreñimiento, y un espasmódico tembleque en los dedos de la mano que los hace cerrarse de forma impulsiva pero firme sobre el revolver.

Retrato de una timba algo dudosa podría subtitularse y sin duda la cosa sería acertada. Claro que al retrato hay que ponerle marco preferentemente dorado. Y así el oro, con su fiebre, desencadenan en mayor o menor grado los acontecimientos del film. Si es que hasta el tema musical se llama Hearth of Gold. El oro es la zanahoria que mueve a la lagarta prometida. El oro es la causa de que la ociosa sociedad del pueblo minero, despierte de sus seculares vagancias dispuestas a localizar como sea el plano del tesoro linchando de paso todo lo que se les ponga por delante.

En un plano ligeramente retirado tenemos una historia de amistad entre dos hombres que acabarán enfrentados por una mujer, si bien es un enfrentamiento muy distinto al convencional. A la mujer solo la quiere quien la desconoce. Quien la conoce actúa como el buen samaritano, acudiendo al rescate del amigo ciego. Y en el fondo del escenario, una cursi casa de señoritas a la busca de un buen marido. Al respecto me pregunto ¿No sería una casa de lenocinio puro y duro camuflada por las censuras carpetovetónicas hispanas? Si ya lo hicieron con Mogambo ¿Porqué no aquí?.

Con la misma pareja protagonista que en “Ligeramente escarlata”, Allan Dawn compone un trabajo hecho con oficio pero que apenas deja huella en la memoria. Payne me sigue pareciendo un actor algo insulso y Rhonda Fleming una pelirroja de aquí te espero, con curvaturas del círculo y otras perspectivas bien trazadas pero que, dada la época cinematográfica que le tocó vivir, no pudo ser conocida en muchas profundidades. Aquí se convierte en el centro de atención a pesar de la semi pamplinería de la casa de señoritas con buenos modales y en busca de buenos partidos, que por cierto no se de donde los iban a sacar si ahí se jugaban hasta las chanclas de la playa.

Como curiosidad. Un tal Ronald Reagan, presidente de los EEUU, antes de Obama y de muchos otros. ¿Haciendo prácticas para futuros conflictos internacionales? Tal vez. En cualquier caso, le ponemos un aprobado alto.




2 comentarios:

ANRO dijo...

No hace ni cinco minutos que rondé tu espacio y no había nada nuevo, pero de golpe ha salido este "jugador" y he saltado para verlo, antes de empezar a escribir algo en mi blog.
Me pasa exactamente igual que a tí. Estos días de diciembre ando del tingo al tango más que ocupado y apenas me queda tiempo para parir un nuevo post.
Para ir al cine si me queda tiempo aunque me toque bailar con la más fea.
También estoy de acuerdo contigo en que es un ejercicio sano volver a los clásicos. Siempre nos enseñan algo nuevo y en el caso de esta peli de Allan Dwan es esa belleza pelirroja llamada Ronda.
Cuidate en este fin de semana.
Un abrazote.

El Despotricador Cinéfilo dijo...

Estimado Father Caprio, anoche ví "Jules y Jim" y me disponía a escribir una crítica despotricadora. He estado consultando las críticas de filmaffinity y me he encontrado una tuya sobre el film donde expresas mucho mejor que yo todo lo que quiero decir.

Por eso te solicito permiso para publicar tu crítica en la web del despotricador (con tu nombre, por supuesto) pues me parece magnífica. Ya me contarás.

Un saludo