jueves, 12 de agosto de 2010

LUTERO (ERIC TILL - 2003)


Uno de los hechos con más trascendencia en la historia de la vieja Europa como fue la aparición del protestantismo, guerras de religión incluidas, ¿puede explicarse o, siquiera compendiarse, en una película de 121 minutos?. Si a esto responden que no, podemos empezar a valorar la película en lo que es, una película interesante sobre un tema histórico singular pero parcial por naturaleza y con aspectos imposibles de tratar con la profundidad que exige el tema.

Dicho esto, procedo a calificar la película de interesante en los fondos y buena en las formas. Interesante, porque es una forma de acercar a los espectadores de hoy la realidad de una sociedad donde los poderosos buscaban el apoyo de la Iglesia Romana y donde la Iglesia Romana se enriquecía gracias a esos poderosos y al conveniente embrutecimiento y aborregamiento del pueblo llano e inculto. Ese es el terreno abonado donde Lutero siembra su semilla de rebelión contra esos montajes papales que a base de bulas e indulgencias venden parcelitas en el Cielo.

Ni siquiera desde fanatismos integrales puede discutirse el apego de las altas instancias eclesiásticas del medioevo a las riquezas terrenales. Con el voto de pobreza debajo del ladrillo, los Pontífices eran ricos guerreros cuya principal preocupación era mantener su status y a tales efectos se protegían de Tribunales inquisitoriales a los que llamaban santos. Combatían la herejía, y herejía era oponerse a sus manejos terrenales.

Ahora bien, con la santidad de la Iglesia romana en entredicho, tampoco me acabo de creer una figura de Lutero como aquí se nos representa. Al Luther del film solo le falta la canonización y si rebuscásemos en voluminosos tratados tal vez descubriésemos que nones, que era un antisemita declarado entre otras virtudes no muy confesables. O sea que el film tiene bastante de propagandístico, circunstancia que no se niega dado que en los créditos iniciales se declara la participación de una sociedad para el, digamos, fomento luterano.
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Pasando a las formas, la ambientación, los trajes, los decorados, los palacios y hasta la miseria están excelentemente representados. Sir Peter Ustinov nos ofrece una interpretación del elector a la altura de sus mejores trabajos, y si no fuese porque la Inquisición ronda cerca diría que nos trae recuerdos de su excelente Nerón. Sin embargo, Joseph Fiennes, me resulta demasiado blandito y acaramelado por momentos para un personaje que puso patas arriba todo un sistema.

En resumen, una película necesaria para entender ciertas cosas pero que ha de degustarse como las bebidas alcohólicas, con prudencia y buen juicio.