jueves, 19 de abril de 2012

DUELO EN LA ALTA SIERRA (SAM PECKINPAH - 1962)



El Western es, en mi opinión, el género cinematográfico que más ha impulsado ese invento maravilloso que ha sido el cine. Supongo que será cuestión de opiniones y no son desdeñables los méritos del cine cómico, de las scrawball, los musicales, los melodramas, el noir o la ciencia ficción por citar algunas de sus especialidades, pero en el western, al son de melodías inolvidables danzan historias y paisajes, acción y sentimientos, sonrisas y lágrimas, frases y silencios. Es cierto, hay westerns y westerns y también mucho infumable pero grandes directores como Ford, Mann, Daves, Leone, Eastwood y otros nos han dejado auténticas obras magistrales.

En esta su segunda película, Peckinpah delimita con claridad algunas de las constantes de lo que luego serán sus señas de identidad: Los personajes marginales, el fundamentalismo religioso, las crisis personales de sus protagonistas, las relaciones entre ellos, por lo general divergentes, y por supuesto la violencia. No estamos ante la fuerza visual desbocada de Grupo Salvaje pero la escena del duelo junto a un corral de gallinas nos recuerda que estamos frente a un Peckinpah genuino.

Sin embargo Duelo en la alta sierra va mucho más allá. Lo que se inicia como una operación de transporte de oro desde el campo minero al banco local acaba deviniendo en un enfrentamiento con unos mineros absolutamente asilvestrados y, en el camino, el “duelo” entre nuestros dos protagonistas, antiguos compañeros de correrías más o menos lícitas que ahora, en el ocaso de sus carreras tratan de encontrar su lugar en un lado u otro de la vida. A este respecto la presencia de Randolph Scott y Joel McCrea no podría resultar más oportuna: Dos auténticas leyendas del cine del Oeste que en pleno crepúsculo brillan todavía con la luz de los grandes actores que siempre fueron.

Los viejos vaqueros cinematográficos nunca mueren y siguen estando ahí para disfrute de los espectadores de cualquier tiempo y lugar, pero el film no se queda solamente en un sentido homenaje a dos viejas glorias sino que trasciende más allá, a una fotografía en color absolutamente apropiada y magnífica de Lucien Ballard, a unos diálogos que encierran sentidos reflexivos y profundos, a unos personajes que, bien dirigidos, se entrelazan perfectamente, miserias a cuestas, en el devenir de la historia.

La película finaliza con un “Te veré luego…”. ¡Qué sencillo, qué duro, qué gran verdad!

Puntuación: 8,15











9 comentarios:

Mara dijo...

Yo nunca he sido muy de westerns aunque es innegable que hay muy buenas películas de ese género. Grupo salvaje me gustó aunque de Peckinpah me quedo con Perros de paja. Al menos hasta que vea esta que has comentado que no la conocía, claro.

Un saludo.

Las cosas que hemos visto... dijo...

Un peliculón de un gran director que se acabó demasiado pronto, y que aún así filmó cuatro o cinco obras maestras.
Un saludo.

miquel zueras dijo...

Es famosa su secuencia de la carrera con camellos pero hay una escena muy acertada que retrata muy bien el envejecido personaje del sheriff Joel McCrea, cuando se encierra en un lavabo para que nadie vea que necesita lentes para leer una carta. Saludos. Borgo.

abril en paris dijo...

La épica del western supera cualquier historia o casi. Esos grandes paisajes, la música, las tremendas pasiones, violencia y lealtades.. todo es parte de la leyenda pero no creo que sea un género muerto. Nos sigue interesando.
Éste Peckinpah anterior a su Wild Bunch no le recuerdo pero me gustaria revisarlo.

Saludos Father

FATHER_CAPRIO dijo...

Mara: Quizás yo soy de una "escuela" en la que jugábamos con fuertes de madera y soldados apostados disparando contra los indios.Luego la vida te posiciona de forma distinta. Pero, en fin,me gustan los westerns, pero solo los buenos, que hay mucho western de gatillo flojo,muerde la bala y tu perdonas yo no...
Este es un buen film con una carga de humanidad notable y real en muchos aspectos.
Saludos

FATHER_CAPRIO dijo...

Welles: Celebro que coincidamos plenamente. Desconocía este trabajo pero está a la altura de sus films más reconocidos.
Saludos

FATHER_CAPRIO dijo...

Miguel: Es cierto,la carrera de los caballos contra el camello es toda una secuencia super-original. La del presunto infalible pistolero encajándose las gafas para leer el contrato a solas, es un resumen magnífico de un western que a diferencia de muchos otros tiene sentidos profundos, entre ellos el inexorable paso del tiempo.

Saludos

FATHER_CAPRIO dijo...

En este western, si te animas a revisarlo, encontrarás una fotografía genial, paisajes espléndidos, una historia real como la vida misma (los viejos vaqueros nunca mueren pero envejecen y deben llevar gafas,por ejemplo)y también encontrarás un Peckinpah auténtico.

No es excesivamente violento, aunque todo Peckinpah que se precie tenga esa característica

Saludos.

Jack dijo...

Peckinpah fue uno de esos amores de juventud que pasan pero siempre dejan una huella. A mi nunca me pareció gratuita la violencia que mostraba, más bien realista. Pasado el tiempo diría que premonitoria. De vez en cuando lo reviso y me sigue gustando.