martes, 5 de agosto de 2014

LOS PANTANOS DE ZANZIBAR (TOD BROWNING - 1928)




¿Dónde está Zanzibar?

No es condición indispensable pero no está de más situar un poco Zanzibar en el mapa del continente africano. Lo de aventurero de los siete mares lo llevo regular así que acudo a Wikipedia y así me entero entre otras cosas que se trata de una especie de estado semiautónomo incorporado a Tanzania, formado por unas tres islas del océano Índico, donde se miran con malos ojos y privación de libertad las relaciones homosexuales, especialmente las masculinas. Quizás por ello, uno de sus hijos más notables hubo de emigrar: Freddy Mercury. 
 
Sinceramente no he seguido investigando si Zanzibar tiene o no pantanos ni que hay exactamente al este de Zanzibar. Estas circunstancias geográficas no aportan prácticamente nada a una película donde en un entorno “tipical” africano se desarrolla una historia de maldad, crueldad y venganza capaz de herir la sensibilidad de los críticos y espectadores de su tiempo. Hoy, muchos dirán que no es para tanto…

Los freaks de Tod Browning

Freaks (La parada de los monstruos) y Garras Humanas son dos películas impactantes. La realidad muchas veces supera todo lo imaginable y la colección de engendros humanos que muestra Browning especialmente en Freaks es digna de figurar en un museo de lo sórdido. West of Zanzibar es diferente. Aquí los seres no son deformes corporalmente ni hay mutaciones extrañas que convierta a seres humanos en reptiles u otras especies animales. No. Es cierto que a resultas de un accidente un mago circense queda tullido y no puede mover sus extremidades inferiores pero ello no le priva “per se” de su condición de hombre. Lo que sucede es que las heridas de su cuerpo invaden su alma llevándole a límites de lo más abyecto. Y en esas circunstancias un hombre honrado se transforma en un monstruo cruel y vengativo.


El hombre de las mil caras

Hablamos de Lon Chaney, un actor capaz de alcanzar registros interpretativos imposibles para otros artistas de su tiempo e incluso posteriores. El mismo Lionel Barrymore palidece ante su actuación, aunque para ser justo el papel de Chaney es un regalo dadas sus aptitudes. “El hombre de las piernas muertas” arrastrándose sobre el suelo de una choza en medio de la selva africana, reptando como una serpiente hasta encaramarse a una silla de ruedas es un personaje cruel, odioso y vengativo hasta extremos inhumanos. La película muestra esa transformación desde el hombre enamorado, amable y comprensivo que trabajaba como ilusionista en un circo.

Un argumento poco apto.

Al menos así calificaban los expertos la posibilidad de que la obra Congo que se exhibía en los escenarios neoyorkinos se exportase a la pantalla grande. Hablaban de “blasfemias” “sexo sin tapujos” e incluso de “pornografía”. A decir verdad, o la película varió mucho respecto al proyecto inicial o la versión que yo he visto ha sido el obscuro objeto del deseo de una impía tijera. Las imágenes son duras pero sin llegar a escabrosas. Los diálogos son fuertes pero no dañan los oídos sensibles. Lo que en realidad resulta duro es la actitud, la maldad, la inquina y la sed de venganza del mago Prhoso (“Dead-legs”) abandonado por Anna, su esposa y  asistente, de quien está perdidamente enamorado. Ella le deja para marcharse a Africa con Crane , traficante de colmillos (Barrymore). Al tiempo regresa con un bebé, falleciendo en la iglesia. A partir de entonces, ante la Virgen y el niño, Phroso promete no cejar y perseguir a Crane para vengarse. La acción da un salto hasta 18 años después, con el bebé crecidito, una niña llamada Maizie (Mary Nolan) donde encontramos a nuestro mago dispuesto a perpetrar su venganza.

No les contaré más. Hay que ser respetuosos con el secreto de los finales. Solo decirles que no es una mala opción donde además de argumentos cinematográficos encontramos parcelas de una realidad como la africana con sus tradiciones tribales, sus ídolos, sus miedos y sus costumbres primitivas, que tienen un papel fundamental en la resolución del film. 
 
Puntuación: 6.55