lunes, 6 de junio de 2011

TODOS ERAN MIS HIJOS (IRVING REIS - 1948)


Basada en la obra teatral de Arthur Miller con 328 representaciones en Broadway en el año 1947 y diferentes premios (entre ellos el Tony Award a su director Elia Kazan) fue llevada al cine por Irving Reis de la mano de un veteranísimo actor como Edward G. Robinson y de un novel de muchísimo éxito (especialmente trás Forajidos) como era el caso de Burt Lancaster. Por si ello no fuese bastante la fotografía corrió a cargo de Russell Metty de quien, para no cansarles, solo citaré su trabajo en Sed de Mal de Orson Welles.

Todo pintaba bien si no hubiese sido por la HUAC, es decir por el Comité de Actividades Antiamericanas empeñado en ver por doquiera conspiraciones no judeo masónicas (que allí los judíos tienen mucho peso) pero sí comunistas. La obra de Miller no dejaba de ser un ataque a unas estructuras capitalistas carentes de todo principio ético y que no dudaban en aprovecharse de la situación de guerra para obtener pingües beneficios. Cualquier alusión, por pequeña que fuese, a los diablos rojos o a sus ideales, en el país de los sueños y de las posibilidades para todos, era poco menos que pecado mortal en aquellos tiempos de la caza de brujas, por lo que el guión tuvo que dar un giro a su enfoque anticapitalista y centrarse más en la falta de escrúpulos de las personas antes que en la del sistema. Salir de Pilas para meterse en Pilatos, evidentemente, pues tampoco eran senatorialmente bien vistos los ataques al “life style” americano.

Este es el entorno en que se mueve la difícil realización de un film interesante con grandes interpretaciones y en el que, como no podía ser de otro modo los diálogos llevan todo el peso de la historia. Las justificaciones, los remordimientos, el miedo, la familia, la deslealtad y la muerte, están ahí reclamando su espacio y su momento. La historia de un hombre que a sabiendas vendió material en mal estado al Ejercito a consecuencia del cual murieron directamente muchos soldados e indirectamente su propio hijo es dura de digerir especialmente en los no tan felices años 40. Uno y otros eran sus hijos y al tiempo los hijos de una América con demasiadas, y muy recientes, heridas de guerra. 

Puntuación: 7,7