lunes, 30 de mayo de 2011

ESTA MUJER ES MÍA (W.S. VAN DYKE - 1940)


Hay actores a los que nos cuesta infinito imaginárnoslos de otro modo. Seguramente coincidirán conmigo que Spencer Tracy es uno de ellos, anclado per secula seculorum en personajes de valores personales profundos o cuando menos de trato amigable, distendido, juicioso y con sentido del humor. Seguramente habrá excepciones, pero no harán más que confirmar esta regla. En el caso que nos ocupa, Tracy da vida a un doctor comprometido con la gente y con su profesión, disconforme con las prácticas médicas de algunos colegas suyos que desde suntuosos edificios se dedican a sanar a hipocondríacas adineradas mordidas por lindos gatitos. El papel le sienta a Tracy como anillo al dedo y aunque la película no venga a ser nada del otro jueves, el actor deja trazas de su excelente profesionalidad.

Junto a él, en el rol femenino de señorita acostumbrada al buen vivir y con problemas sentimentales, Hedy Lamarr pone encanto, figura y belleza y algunas dotes, no demasiadas, como actriz. Su imagen acapara la pantalla y nuestros ojos secuestrados le rinden pleitesía, pero quizás por esa misma razón acabamos advirtiendo que el “talento” corporal cobra notoria ventaja sobre el artístico. No quiero pecar de injusto, la muchacha lo intenta y la resultante es un trabajo digno, que, si se deciden a verla, les entretendrá y les ofrecerá alguna que otra moralina.

De entrada les diré que el proyecto de esta película tardó bastante en realizarse y en el participaron en distintas épocas directores como Joseph von Sternberg, Frank Borzage y el propio W.S.Van Dyke. Las intromisiones de Louis B.Mayer, obsesionado con hacer de la Lamarr de Extasis una gran estrella, no gustaban a Sternberg por lo que se retiró y su material fue descartado. Borzage y especialmente Van Dyke (en 23 días) terminaron un proyecto que se conoció como “ I re-take this woman” ( con el re delante) o La locura de Mayer.

Como en todos los films que repaso, ha tratado de encontrar, como si de Wally se tratase, esa ostra madrepórica con perla dentro que se esconde en algunas películas. En este caso la sandokaniana perla de Labuán la encontramos en Verree Teasdale. Una de actriz de la que tenía pocas referencias pero que borda un personaje fuerte y con carisma. Toda la debilidad de Georgi Gragore(Hedy Lamarr), todas sus inseguridades, se contrapuntean con la fortaleza de Verree. Su personaje de Madame Cesca, propietaria de una tienda de modas de señora con buenísimas relaciones sociales daba mucho juego pero la fuerza interpretativa de que hace gala, lo mejora sin ninguna duda.

Llegados a este punto de que apenas les he dicho nada del argumento. Bueno, no suelo dar demasiadas pistas. Baste decir en este caso que las desventuras sentimentales de Georgi en lugar de sumergirla en las aguas oceánicas la sumergen en los brazos matrimoniales del Dr. Karl Decker, pero la sombra del anterior amor sigue siendo alargada. Sencillo resumen de una película que más bien pasó a la historia por las controversias de su realización que por méritos propios, aunque se deja ver y alguno tiene.

Puntuación: 6,00 





jueves, 26 de mayo de 2011

UNA FIESTA DE PLACER (CLAUDE CHABROL - 1975)


De forma similar a lo que ocurre en mis escasos acercamientos al cine de Rohmer, esta película de Chabrol  requiere consulta al anuario de 1975. Lo primero que dice Wikipedia es que fue un año “normal” (aunque habría que precisar lo que se entiende por normal) y lo segundo es que fue designado por la ONU como Año internacional de la mujer (Al parecer Chabrol no debió enterarse). Otros acontecimientos relacionados de alguna manera con el presente comentario son: La patente del cubo de Rubik (de cuya fuente bebe Una fiesta de placer) o la muerte del General Franco en España por sus connotaciones con esa libertad de la que tanto se habla en el film. 


Ubicados en contexto, quiero decir que así como Chabrol me encantó con su cotidianeidad del asesinato en El carnicero, aquí me ha decepcionado, no del todo, pero sí bastante. Es cierto que la película resulta cuando menos curiosa al sustentarse sobre un guión de Paul Gégauff, basado en su propia vida e interpretado tanto por él mismo como  por su ex esposa y por su hija . O séase, que en este caso la ficción no supera a la realidad sino que acaban firmando unas decorosas tablas.

Dicho lo anterior y avisando que seguiré repasando la filmografía de Claude Chabrol, les anticipo a quienes pretendan emprender viaje al fondo de la mente de Philippe que se encontrarán un explosivo coctel Molotov, donde al lado de la paranoia y de los tonos monocordes  encontrarán referencias a la libertad, Descartes, Zoroastro, al sexo libre y al la maté porque era mía, que más parece un dramón patrio que una película europea o esta no es la Europa que nos contaban, que nos la han cambiao…


Sea por justificar sus propias aventuras de cama y almohada, sea por estar a la “mode” en  tiempos de “te amo, me amas y nos acostamos con quien nos da la gana” o sea por mantener la posición dominante sobre la esposa sumisa (“toíto te lo consiento pero ándate con ojo y sobre todo ocúpate de mí”) – aclaro, los entrecomillados no son de la película, sino un resumen mío muy personal para no cansarles- sea por lo que sea, el amigo Philippe jugando a fraternités, egalités y sobre todo a libertés se va encontrando compuesto y sin novia que decimos por aquí, sin nadie a quien recriminar, humillar y dominar. Y  ¡hasta aquí podíamos llegar!, con los amigotes de risa floja… No, no. Rien de rien. Y donde muere uno mueren dos.

Y hasta ahí puedo leer… El resto lo averiguan ustedes. Por cierto, en la vida real el tal Paul Gégauff murió acuchillado por su última mujer. 


Espero que los Chabrolianos que los hay y muchos, y con toda la razón del mundo, no se me tiren a degüello. Ellos saben perfectamente que este no es su mejor film.  Seguiré insistiendo y vendrán tiempos mejores…


Puntuación: 5 (raspao)

lunes, 23 de mayo de 2011

LOS MALDITOS (RENÉ CLEMENT - 1947)

La influencia de la ocupación alemana en el cine francés de la postguerra es evidente en muchos de sus cineastas. Tal es el caso de René  Clement, director de quien comenté en este blog, su excelente película ¿Arde Paris?, excelencia a la que no son ajenos los co-escritores del best-seller del mismo nombre, Dominique Lapierre y Larry Collins. Otros trabajos de Clement como La bataille du rail o éste Les Maudits recogen diferentes aspectos de la contienda y en el caso que nos ocupa del éxodo nazi hacia la tierra “prometida” de Sudamérica.

Les anticipo que como casi todas las historias cinematográficas que se desarrollan a bordo de un submarino (en este caso virtual y recreado en estudio) la película tiene un nivel claustrofóbico elevado con altas dosis de adormidera, por lo que es recomendable su visionado con la merienda y tras practicar el deporte de la siesta patria. Hacerlo en otras horas exige esfuerzos propios de titanes. Pero no se me confundan, la película es soporífera pero no mala. Los estudios psicológicos de una serie de personajes unidos por el nazismo y por intereses poco confesables son notables y Clement consigue lo que pretende, mostrar las miserias humanas absolutamente patentes en los instantes crepusculares de aquellos que se llamaron a si mismo, dioses.

El submarino, cual arca de Noé, es un compendio del zoo humano que ocasionó la guerra: Generales de la Gestapo, ideólogos del régimen, empresarios a nómina, periodistas colaboracionistas, queridas, científicos e incluso se sugieren relaciones homosexuales y de humillación. Un estudio en gris en un momento bélico que se intuía final y donde los homicidas y sus adláteres trataban, sin ningún escrúpulo, de salvar el trasero.

La película no fue bien acogida en su estreno. Probablemente el acolchado de las butacas de las francesas salas de cinema era de buena calidad y potenció el efecto-cloroformo, especialmente en las sesiones nocturnas.

Puntación: 6,6

viernes, 20 de mayo de 2011

PARA ELLA UN SOLO HOMBRE (MICHAEL CURTIZ - 1957)


De nuevo Michael Curtiz y de nuevo una historia de ascensos sociales en una sociedad norteamericana de musicales Broadway, Ley Seca empapada de corrupción y delincuencia y niña buena  tipo mamá quiero ser artista. Con tintes Mildred Pierce y Flamingo Road, la historia de Helen Morgan se me coló de rondón como si de un film noir se tratase y sinceramente creo que se aleja bastante de las líneas esenciales de este tipo de cine a pesar de moverse entre delincuentes que hacían su agosto adulterando bebidas alcohólicas y cuyo principal y poco confesable interés era el ascenso en un escalafón donde los méritos se asocian al delito y a las balas.


La película puede suponer para muchos el redescubrimiento de Anne Blyth  después de un buen trabajo en la citada Mildred Pierce (Alma en suplicio) pero también nos acerca a la figura real de una cantante popular en los ruidosos y violentos 20, Helen Morgan, cuya vida se segó prematuramente a los 41 años como consecuencia de una cirrosis evidentemente derivada del alcohol y en la que tuvo mucho que ver sus fracasos y desengaños amorosos. A pesar de ello, la productora Warner celosísima de la salud mental y del estado anímico de sus espectadores, se desmarcó con un “conveniente” cambio radical en el desenlace de un film presuntamente biográfico.


Es de justicia reconocer la maestría de Michael Curtiz quien, a pesar de hacer películas como quien hace churros, conseguía sacar partido de guiones y de historias que en manos de otros realizadores hubiesen pasado desapercibidas. Es verdad que no todas sus películas eran genialidades pero todas llevaban su sello de calidad incontestable. La historia de Helen Morgan no es solo la historia de una cantante. En ella hay una serie de elementos típicos de aquel cine gangsteril en el que tan bien se movían Cagney, Paul Muni o Edward G.Robinson, elementos que Curtiz sabe aunar con profesionalidad.  Por cierto, alguna cadena televisiva programó recientemente Boardwalk Empire, serie sobre la Ley Volstead, la mafia, Capone, Luciano y demás. Realizada, entre otros, por Martin Scorsese es un mosaico muy bien dibujado de la vida y la corrupción de estos mismos años en los que transcurrió la vida de Helen Morgan. Premiada con el Globo de Oro tanto a la serie como a su actor principal, Steve Buscemi, se la recomiendo.


Los fans de Paul Newman también tendrán ocasión de conocer uno de sus trabajos. En un papel relativamente principal, aunque algo intermitente, Newman deja destellos de buen actor pero no consigue deslumbrarnos. Quizás a la película le falte esa gran escena donde los grandes artistas son puestos a prueba. Por recordar alguna, me quedaría con una donde Helen Morgan al más puro estilo Annie Manzanas (recordemos Lady for a day de Kapra), rodeada de vagabundos como ella, escucha y reconoce públicamente su propia voz en la radio de un bar entre las burlas de sus compañeros de miserias.


Sensualidad, tonos de jazz y unas letras tan vitales como tristes configuran la música de una película que se mueve entre el musical, el drama biográfico, el documental histórico de una época  y el thriller años 20. La voz de Helen Morgan es recreada por Gogi Grant pero Anne Blyth pone la interpretación y el buen hacer, y es ella sola quien saca adelante una película semi desconocida pero interesante.

Puntuación: 6,75 



martes, 17 de mayo de 2011

AMOR PROHIBIDO (FRANK CAPRA - 1932)


Para cualquiera que se precie de aprendiz de brujo cinéfilo ver una película de Frank Capra es toda una obligación. Da lo mismo si se trata de sus primeros escarceos tras la cámara o si nos encontramos con el Capra veteranísimo contador de cuentos maravillosos. Capra es una asignatura obligada de esas que si no se supera imposibilita el pasar de curso. Poseedor de sillón propio en mi particular Olimpo de dioses cinematográficos , componiendo junto a genios de la talla de Lang, Lubitsch, Hitchcock, Ford, Tourneur y Billy Wilder, mis seven magnificiens del arte-lumiére. Y si, como es el caso, la estrella Capra brilla junto a la estrella supernova Stanwyck, y no es por ponerse poético, el firmamento se ilumina y el resto de estrellas palidecen (¡me he pasao! ¡mi devoción por Frank y Barbarita me ha podido…!)


En muchas ocasiones me limito a dejar mis impresiones buenas, malas o regulares sobre cualquier film. En este caso se la recomiendo expresamente. La interpretación de Bárbara Stanwyck es soberbia, la de Adolfe Menjou, entre las mejores que recuerdo y hasta Ralph Bellamy no desentona. Y Frank Capra tras la cámara dando una lección magistral de buen hacer. Es cierto que hay una historia intensa (del propio Capra) como pocas, que agarra al lector-espectador y lo zarandea de forma despiadada entre lo conveniente y lo necesario, entre el amor y la virtud, entre el egoísmo y la generosidad, pero eso hay que darle forma. El diccionario tiene palabras y el cine imágenes. Y no siempre una imagen vale más que 1000 palabras. Pero si detrás de esa imagen está una señora de la escena como Barbara Stanwyck y un director de sueños y sentimientos como Capra la traducción literario-cinematográfica  alcanza plenitudes poco habituales.


Y lo curioso es que les estoy hablando de una temática plenamente habitual en el cine de ayer y de hoy, el engaño marital. Si hasta Machín lo decía “¿Cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco? ”. Aquí ronda la locura como lobos que acechan sin morder, locura de amor sin Felipe el Hermoso pero con candidato político, y a plena luz de las candilejas, la prensa acechando su presa. Y, por encima de todo un “ni contigo ni sin ti” que los espectadores compartimos hasta el punto de gritar por lo bajini “¡Vuelve a La Habana a vivir tu historia de amor!.  Una historia corriente y común que Barbara Stanwyck llena de fuerza, rabia, dolor, desprecio, ilusión, renuncia y por encima de todo, de amor.


La película me trajo el recuerdo vívido de otra gran película de la misma actriz, Stella Dallas, con la mayor renuncia que una madre puede hacer, la de su hija, por su futuro y por su bienestar. La imagen de Stella Dallas apoyada en la frialdad de una verja queda reemplazada por la de Lulú Smith entre la multitud de asistentes a una convención donde su hija asiste a la elección política de su padre y leiv motiv de la vida de su madre real. Del hombre que le dio la vuelta a la existencia de una “señorita aburrida” que solicitaba al maitre una mesa unicamente para una sola persona y que, en una escena maravillosa, empapaba su tristeza en la soledad de un banco del parque. Formalmente no estamos ante un cuento de la abuelita Capra en sentido estricto, pero sí ante una historia de heroicidades cotidianas con moralejas de las que aprender.


Puntuación: 8,8




sábado, 14 de mayo de 2011

NONE SHALL ESCAPE (ANDRÉ DE TOTH - 1944)

Entre los tuertos ilustres del cine mundial existen genios de la talla de Ford, Raoul Walsh, Nicholas Ray o el mismísimo Fritz Lang. Sirva este comentario para reivindicar la figura de otro tuerto con menos renombre: André de Toth. De origen húngaro, los avatares bélicos de una Europa convulsa le obligaron a exiliarse a Inglaterra donde colaboró con Zoltan Korda en producciones como El libro de la selva y posteriormente a los Estados Unidos donde se consagró como un buen artesano cinematográfico. En este blog ya he comentado algunas películas suyas por lo general con calificación alta. Esta “None shall escape” es la confirmación a una regla de espléndidos trabajos y la excelsa guinda de una filmografía a la que no le vendría mal un repaso por nuestra parte.

Resulta curioso que la película se estrene en 1944, antes de la finalización de la 2ª Guerra Mundial, y se centre al más puro estilo Vencedores y Vencidos en un proceso donde se juzgan los crímenes de guerra del oficial alemán Wilhelm Grimm, anticipando lo que luego será conocido como el Juicio de Nuremberg. El preámbulo del juicio, su desarrollo mediante flashbacks cinematográficos y su coherente final, traen a la memoria películas como Esta tierra es mía, La noche de los generales o incluso Los verdugos también mueren (ambientada en Praga) de Fritz Lang. Evidentemente existen diferencias entre ellas, pero todas tienen en común el conflicto bélico y las aberraciones y el fanatismo de la ideología nazi.

Película dura donde las haya. Desgraciadamente la guerra y la violencia son compañeras de camino, pero el genocidio, la maldad y la falta de los más elementales sentimientos humanos no precisan de razón que los justifique. La dureza no está tanto en la imagen de los cuerpos acribillados sino en la barbarie absoluta de sus asesinos. En ese oficial  que manda a su hermano y al que además debe su propia vida, a un campo de exterminio. En ese mismo militar que viola por despecho y mata por venganza. Y en ese monstruo que incluso llega a matar a su sobrino casi hijo por renegar del ideario nacionalsocialista. Y yo me pregunto ¿Qué más hubiese podido añadirse cuando meses después las tropas aliadas mostraron a la humanidad los campos de exterminio y las cámaras de gas?.

Estas películas siempre tienen mucho de doctrina, de enseñanza a las generaciones presentes y futuras, para que nunca se olviden y así se eviten hechos como los que aquí se narran. Los crímenes de la Alemania hitleriana llevaron a la especie humana a su escalón histórico más bajo. No valen argumentos de raza ni de orgullo herido. No valen patentes de corso en nombre de estrellas gamadas y Valhallas soñados. Esta es la conclusión que debe sacarse de un film donde Toth hinca con todas sus fuerzas el dedo en aquellas uniformadas gangrenas. Y el título lo dice todo “None shall escape”.

Puntuación: 8,5




miércoles, 11 de mayo de 2011

JUEGO SUCIO (ALFRED HITCHCOCK - 1931)


La British International Pictures encarga a Hitchcock un proyecto basado en una obra de John Galsworthy de cierto éxito teatral y don Alfredo se pone a la tarea con más deber que convicción. ¿La resultante? Un film absolutamente menor y difícilmente encajable en su filmografía que defraudará a quienes se enamoraron cinematográficamente del mago del suspense y obligará a sus incondicionales a un trabajo superlativo para encontrar rasgos identificadores de su cine más personal. 

Juego sucio es una historia de dinero. Por una parte están quienes carecen de casi todo y se mueven en la dirección de los vientos que soplan desde las distintas fortunas, por otra, las clases aristocráticas, unidas a la tierra, la historia y la tradición y, finalmente, esa sociedad rica y advenediza que crece a la par que la industria, la modernidad y el progreso. Este es el patio en el que se desarrolla un enfrentamiento entre dos familias donde el chantaje y el juego sucio son ese caldo donde se cultivan las desgracias personales y, es fácil suponer, la muerte.

¿Es justificable lo del ojo por ojo y la ley del Talión? ¿Es válido aquello de que el fin justifica los medios? ¡Cuántos pecados se cometen en nombre de la sociedad victoriana! Estas son algunas de las lecturas que podemos hacer de un film donde Hitchock dejó su impronta de forma muy fugaz (la escena de la subasta) y que acusa bastante el tránsito entre el cine silente y los nuevos “talkies”, con sobreactuaciones que la palabra hacía innecesarias.

Destacar a Edmund Gween, buen actor al que recordamos por aquel científico de Calabuch (Luis García Berlanga) y al que se suele identificar en papeles de buena persona. Aquí se sitúa en el lado opuesto de las vías.

Resumiendo. Perdida la magia y casi el suspense, la película invita a explorar otros méritos. Si no desesperan mucho y tienen al tito Hitchcock en sus altares, algunos encontrarán.


Puntuación: 5,5  





domingo, 8 de mayo de 2011

CUBA (RICHARD LESTER - 1979)

La Habana es Cádiz con más negritos decía el recordadísimo Carlos Cano. Por ello, Richard Lester  viene a la Tacita de Plata con los trastos de filmar para, mezclando historias secundarias, situarnos en la historia principal de la Cuba pre-revolucionaria. La realidad cubana de los 50 contemplada tangencialmente, como telón de fondo y casi de soslayo hubiese sido una opción respetable y probablemente hubiese dado lugar a una excelente película. Pero no es el caso de esta Cuba de Richard Lester donde, personajes que están metidos hasta las cejas en el meollo del conflicto, parecen más interesados en asuntos de cama y almohada que en lo que en realidad les ha llevado hasta allí.


Tenemos americanos vendiendo armas y buscando negocios baratos que rentabilizar, militares ingleses dispuestos a ser el brazo armado de la contrarrevolución y por descontado tenemos a Fulgencio Batista a punto de poner pies en polvorosa. Están los dólares americanos facilitando trámites y conquistando voluntades. En Santa Clara está Fidel. En La Habana, el rancio glamour  de Flamingo y sus stripteases. Las miserias a flor de calle y el lujo en piscinas y campos de golf. Pero por encima de todo ello, Lester reduce su película a, dos cosas, una relación amorosa reencontrada entre el comandante inglés (Sean Connery) contratado para exterminar a los insurrectos y la nuera (Brooke Adams) del fundador de un imperio empresarial dedicado al tabaco y al ron , y la otra, a salvar el “honor” familiar de la querida del ocioso hijo, bebedor, mujeriego y entendido en caballos. Lo principal pasa a segundo plano, el exterminio se queda en una simple escaramuza  entre cañaverales y la revolución parece perder importancia ante el honor recuperado en forma de una mancha de sangre que se extiende incómoda sobre las aguas cloradas de la pileta de lujo.


Alguna perla, evidentemente caribeña, encontramos. La frase del negociador americano: “ ¿No saben que, en Cuba el tiempo significa dinero? Y la prostituta respondiendo: “Yo sí”. O untar al policía con dólares del Monopoly. Batista embarcando hasta el piano de cola o el gesto del aduanero explicitando money money. Película de tópicos donde los traficantes de armas son vendedores de tractores y las cubanas se contonean a ritmos de son, con tibias pinceladas de esa miseria que los panfletos turísticos esconden y de esa democracia de la que se presume cuando se carece. Y como diría Carlos Puebla y sus Tradicionales, “En eso llegó Fidel…”


Excelente Sean Connery. Su ex-imagen Bond hacía presumir un film de agentes secretos o cuando menos de complicadas e inconfesables tramas económico-políticas. Pero no. Al final, casi  todo acaba condensado en un romance con la “blandita” señora de Pulido (Brooke Adams) y en un pies para qué os quiero. Fin de ciclo. Fin de película. Podría finalizar con aquel Continuará…Permanezcan atentos a la pantalla. La cosa evidentemente continuó y en esas estamos, sesenta años después.   
  

Puntuación: 6 
  


jueves, 5 de mayo de 2011

EL MONOCULO NEGRO (GEORGES LAUTNER - 1961)


Basándose en una obra del excombatiente francés Coronel Rémy, Georges Lautner realiza una comedia negra más encuadrable dentro del humor inglés que del galo. La película tuvo bastante éxito permaneciendo en las pantallas francesas durante más de una temporada y siendo el film matriz de una serie de 3 películas de las que forman parte L´oeuil du monocle y Le monocle rit jaune.

Este Monocle Noir deja buenas sensaciones. La película cumple siempre que no seamos demasiado exigentes y pongamos el listón de nuestras expectativas demasiado alto. Por lo leído las secuelas superan el original y quedan apuntadas en la agenda de buenos propósitos a corto plazo. Por cierto, tengo un postit en la nevera de comprar una nueva agenda que la antigua tiene anotaciones hasta en el santoral. 

Le monocle noir es una película de espías o mejor, de agentes secretos con pocos secretos, como dice Bernard Blier en la introducción. Interpretada por un buen elenco de actores franceses identificables debajo de los Pirineos, tales como el propio Blier, Paul Meurisse, Albert Rémy (desconozco si había parentesco con el coronel), Jacques Marin y Elga Andersen, fémina cuya presencia se agradece, la película cuenta en clave de polar francés y humor británico los propósitos neonazis de un conde francés y un conjunto de “presuntos” adeptos a la causa hitleriana entre los que se cuenta el Comandante Dromard apodado “le monocle” (Paul Meurisse).

El nazismo no era un tema humorístico en la novela de partida. Sin embargo Lautner consigue desmitificarlo un tanto manteniendo el tono de comedia en límites francamente comedidos que esbozan sonrisas más que carcajadas. Es un primer paso, tal vez demasiado temeroso de una reacción contraria del público francés. El éxito de la película permitió que en las secuelas (según cuentan las crónicas) se mostrase otro tipo de humor mucho más abierto. Eso ya se verá y se contará.

La película también trata de parodiar en clave “ja” las películas de espías. Tiene éxito en este sentido. Y además nos trae el recuerdo de alguna escena magistral del mago del suspense, como aquella de Con la muerte en los talones en el edificio de las Naciones Unidas.

No estamos ante un film maestro. No es imprescindible ni siquiera necesario. Pero si les gusta revolotear un poco por ese cine semidesconocido de director un tanto en el ostracismo popular (aunque dirigió El profesional con Jean Paul Belmondo) esta es una ocasión interesante.  

Puntuación: 6,5