domingo, 11 de mayo de 2014

TENSION (JOHN BERRY - 1949)




Tensión es uno de esos films que, si no esperas demasiado encuentras algo mientras que si te creas demasiadas expectativas seguro que sales defraudado. 

John Berry fue uno de esos directores estadounidenses sospechosos de actividades antiamericanas. Su carrera  se vió cercenada por esta circunstancia y acabo dirigiendo en Europa. Por lo poco visto de él podríamos decir aquello de “apuntaba buenas maneras”. Trabajó mucho en la serie B gestionando presupuestos más bien escasos con eficacia. Además de esta Tensión deberemos repasar He ran all the way (Yo amé a un asesino - 1951) o incluso Casbah (1948) para formarnos una opinión mucho más válida.

Siempre he defendido la importancia del guión como piedra angular de cualquier película. Un guión infumable no lo salvarán los mejores actores del mundo pero si la cosa no alcanza extremos imposibles, los actores pueden poner cierto grado de remedio. Sin llegar al milagro, claro… Por el contrario un buen guión puede sobrevivir con éxito aunque los actores no estén a la altura.

En “Tensión” la situación es intermedia: El guión es correcto y los actores tienen la calidad justa. Richard Basehart es un profesional muy versátil que, por lo general, nunca defrauda. Junto a él una Audrey Totter que a pesar de los misiles bajo su camisola nunca acabó de convencerme, ni siquiera en aquella frivolité que, por la manera de filmarse, resultó ser La dama del lago de Robert Montgomery. En el lado de la ley, Robert Sullivan y William Conrad, simplemente correctos. Y en un papel menor Cyd Charisse, de la que, al no bailar no podemos disfrutar de sus largas y esbeltas piernas, pero que, a cambio, disfrutamos de belleza y talento. Con sus pros y sus contras, en su conjunto el elenco podemos considerarlo como aceptable y correcto.

Resumiendo brevemente: El encargado de una farmacia nocturna, con gran variedad de productos en una diversificación habitual en los EEUU de los 60, trabaja y ahorra para comprar una vivienda en una zona de nueva construcción. Su mujer no comparte sus intereses y aprovecha el horario de su marido para pendonear con tipos con dinero, llegando al extremo de abandonar a su esposo. El farmacéutico después de intentos fallidos de reconciliación y tras recibir una humillante paliza urde un plan para desembarazarse del rival. Los policías resolverán el caso con técnicas de psicología estrechando el cerco sobre los distintos sospechosos. De hecho, el título “Tensión” hace referencia a estas técnicas policiales que llevan al sospechoso al límite de lo soportable.

Bajo la apariencia de cine negro encontramos en realidad una película claramente psicológica. En primer lugar el comportamiento de Warren Quimby (Basehart) absolutamente dependiente de su mujer resulta indigno y humillante. Desde el primer momento queda claro para los espectadores que la mujer (Totter) es una pelandusca del tres al cuarto y que su marido pertenece al club de pardillos máximos cornamenta incluida. Cada vez que  regresa a su apartamento y abre la puerta de la alcoba le corroen las sospechas acerca de si su mujer estará allí o no. Hasta que un día no está y ve confirmados sus pensamientos más oscuros. Nueva humillación en pelea playera con el amante. Y a partir de ahí, cambio radical, como si fuese tan fácil dejar en la cuneta lo que uno es.

Para mayor endeblez argumental no parece muy creíble que un Basehart con lentillas pueda no ser identificado por la policía con un Basehart gafipasta. Bueno, en realidad si lo reconocen, pero tras un rato largo divagando. Y aunque la cordura parece hacerse un lugar en la escena del crimen, tampoco le hace mucho favor al argumento. Y no les digo más para no desvelarles el desenlace.

Este tipo de películas “colegio” donde se instruye al espectador sobre técnicas policiales de sicología aplicada para desenmascarar delincuentes siempre esconden gato encerrado. Evidentemente los garantes de la ley no van a descubrir todas sus cartas. Pero además en este caso, me parece que se confunde la tensión aplicada sobre el criminal con las trampas que se le tienden y en las que cae irremisiblemente.

No considero que estemos ante un noir. Las playas de Malibú no necesitan de sombra alguna. Además, los noir, enrevesados o no, suelen dejar atados los cabos con mayor o menor claridad. Aquí no, lo importante es el determinante de las conductas y los valores íntimos y personales. Y en ese juego de sentimientos la presencia de Cyd Charisse ofrece algunos momentos excelentes, especialmente uno en que debe enfrentarse a la verdad junto al hombre al que ama. Sale del aprieto con un éxito rotundo y demuestra que además de bailar sabía actuar.

Puntuación: 6,25