viernes, 29 de mayo de 2009

CABALGATA (FRANK LLOYD - 1933)


Cabalgata de Frank LLoyd es precisamente eso, un desfile por los 33 primeros años del siglo XX. Un paralelismo interactivo entre los acontecimientos y la vida de las personas, simbolizadas por dos familias pertenecientes a clases sociales bien distintas, señores y personal de servicio, en el marco de una Inglaterra que arrancaba el nuevo siglo bajo el "cielo protector" de sus inmutables (aparentemente) tradiciones.

La guerra de los bóers, iniciada en los últimos compases del s.XIX (11 de octubre de 1899) y que a pesar de su previsible poca duración se extendió hasta el 31 de mayo de 1902, da el pistoletazo de salida a esta cabalgata no demasiado festiva. Los avatares de los Marryot y los Bridges, señores y criados, respectivamente, al más puro estilo "Arriba y abajo" (excelente serie de los 70), durante el primer tercio del siglo pasado son el leiv motiv de esta producción genuinamente británica que consiguió el Oscar a la mejor película y al mejor director en 1933.

La muerte de la Reina, el hundimiento del Titanic o la primera conflagración mundial son los principales hitos que jalonan una historia interesante y excelentemente conducida por Frank LLoyd donde el drama absoluto comparte mesa y mantel con las dos familias, especialmente con los Marryot (los de arriba) como ese viento otoñal que hace caer las hojas del árbol genealógico. La suerte de los Bridges (los de abajo) parece mejorar algo gracias, como no podía ser menos, al espíritu emprendedor del cabeza de familia que prueba fortuna en el mundo de la hostelería cervecera puramente británica, un pub para entendernos. Pero su afición al drinking mas que al respeto a sus compromisos comerciales supone un golpe duro para una familia trabajadora que aún así sigue sobreviviendo gracias al empuje de la madre (Una O,Connor, todo un lujo).

La película justifica sus premios y si se le hubiese concedido el Oscar a Diana Winyard por su interpretación como Jane Marryot no hubiese extrañado en absoluto. No obstante, y es un "pero" menor, peca de sobrecarga de tintes dramáticos y de casualidades casi imposibles. Los caminos de ambas familias vuelven a entroncarse, de forma absolutamente dramática, en el tramo final de la película, hecho poco creíble pero que LLoyd aprovecha para "poner a cada uno en su sitio". La secuencia de Jane Marryot expulsando de su casa a Ellen Bridges es absolutamente magistral y viene a ser como el último coletazo de una clase social que se resiste a que otra clase social se instale escaleras arriba.

De visión obligada y plenamente satisfactoria.