lunes, 18 de mayo de 2009

ROPE OF SAND (WILLIAM DIETERLE - 1949)


Un mismo productor (Hal B. Wallis) y bastantes de los actores que contribuyeron al éxito de Casablanca (Paul Henreid, Peter Lorre, Claude Rains) no consiguen lo que logró la película de Curtiz. Bogart, el café de Rick, el “tócala otra vez, Sam”, Ingrid Bergman y aquel “siempre nos quedará París” son irrepetibles y ni siquiera Wallis, dinero en mano pudo conseguirlo.

Dicho esto, que era inevitable decir dado la identidad de perfumes entre ambos films, hay que darle al Cesar lo que del Cesar es, y reconocer que el trabajo de Dieterle es francamente interesante contando con actores de excepción a los que si añadimos un genial Burt Lancaster, un profesional Sam Joffe y una francesita, descubrimiento del productor, Corinne Calvet, estamos rozando el “rien ne va plus”. Plus que se consigue con la excelente fotografía de Charles Lang, uno de los grandes del oficio. Los sobornados, La conquista del Oeste, Los siete magníficos, Sabrina o Con faldas y a lo loco, son algunos de los títulos que le avalan.

Todo sería nada, sin una historia atrayente. Y se dispone de ella. Un coctel, mezclado no agitado, de codicia, bajos instintos, sensualidad, hipocresías, amistad y sadismo, servido en copa de diamantes y aderezado con un buen chorro de desierto, arena y sol, que interesa lo suficiente para atraparnos y, a pesar de algún que otro giro que se enrevesa y retuerce más de lo conveniente para la salud mental de un espectador medio, nos deja plenamente convencidos de las cualidades artísticas y profesionales tanto de Dieterle, al mando, como de Lancaster, Rains, Lorre y hasta de la “nena” que promete…

Una aviso para navegantes: Hay que currárselo en Internet para hacerse de una versión inteligible para quienes no dominamos el inglés salvo que sea muy muy pequeño y se deje, pero se consigue. También he visto una traducción del título Rope of sand como La Incitadora, lo cual no es mentira pero tampoco es del todo cierto. No se confundan, la cosa tiene sus provocaciones pero no tantas como para llenar los rótulos del neón.

Mi interés por la filmografía de William Dieterle creo que resulta evidente en este blog. Y no decae, más bien todo lo contrario.