domingo, 10 de febrero de 2008

ANA (ALBERTO LATTUADA - 1951)



Neorrealismo italiano en estado puro. Milán. Su hermosa catedral. Las calles mojadas por las mangueras. Sirenas de ambulancias. El hospital. El dolor. Los enfermos probablemente más reales que imaginarios. Y Silvana Mangano. Irreal entre la vulgaridad de lo cotidiano y en un papel en que, a diferencia de Arroz Amargo, destaca más por sus dotes interpretativas que por su figura. Claro que en esto hay trampa en forma de hábitos monjiles, los cuales imprimen carácter. Pero por mucho que se empeñe en llevarlos con dignidad parecen un tanto artificiosos en una hembra de rompe y rasga que, con unicamente dieciséis años ya lucía la corona de Miss Roma y de no haber sido por Lucía Bosé probablemente hubiese lucido la de Miss Italia.

Menos mal que los flashback del film nos regalan la sensualidad de la diva bailando El negro zumbón. De lo mejor de una película que aun contando con magníficos actores, el mismo elenco de Arroz Amargo, es decir Raf Vallone y Vittorio Gassman, no resiste con ella una comparación seria. Aquí, como en tantas películas de la época tanto españolas como italianas pesa mucho la moralidad y el cine es el vehículo transmisor por excelencia de mensajes católicos conformes a los cánones de la Iglesia apostólica y romana. Esto priva un tanto de misterio a Ana (con propiedad Sor Ana) y los acontecimientos transcurren dentro de lo ortodoxo, lo convencional y lo moralmente adecuado para la época. Esta previsibilidad unida a un metraje demasiado extenso para lo que hay que contar, hace que la obra de Lattuada se parezca más a un versículo del Evangelio probablemente con referencias a Maria de Magdala que a una situación real en una época real. Curiosamente, todo ello en un envoltorio neorrealista del que Alberto Lattuada puede considerarse un buen exponente. Sorpresas te da la vida.



1 comentario:

almanaque dijo...

Acabo de ver la película y estoy totalmente de acuerdo. Volveré por este blog que promete ser muy interesante.