domingo, 11 de mayo de 2008

EL ANGEL AZUL (JOSEPH VON STERNBERG - 1930)




El ángel azul es, por encima de todas las consideraciones, un film alemán. No tanto por la productora UFA ni por su director Von Sternberg, en realidad austro-americano, ni por sus actores Emil Jannings, suizo nacionalizado alemán ni siquiera por Marlene Dietrich quien, por su "pura raza aria", bien pudo haber sido la superstar del régimen nazi si, tras su traslado a Norteamérica, hubiese atendido las peticiones de regreso del propio Alfred Hitler, a quien no sólo contrarió sino que además combatió apoyando a las tropas aliadas. Tampoco el hecho de ser el primer film sonoro germano confiere mayores singularidades nacionalistas a esta película.


Es alemán porque refleja una sociedad, la alemana, que tras perder una guerra tiene "tocadas" sus señas de identidad y donde la búsqueda del orgullo patrio acabará germinando en las ideas del régimen nazi. En la medida en que el cine es el espejo social, el cine de entre guerras es cine de desencantos, de búsquedas de sentidos, de clases burguesas desacomodadas y de orgullos heridos. El pueblo busca caminos que les lleven a sus dignidades perdidas y a esas verdades propias e indiscutibles, escritorios escolares a los que aferrarse como tabla de salvación en un naufragio.

Este es el primer gran film de Marlene Dietrich a los que seguirían otros muchos. Marlene nos arrebata, nos deja boquiabiertos y nos seduce con su sonrisa, sus muslos y sus medias. Haría perder el "oremus" hasta a Simón el estiligita en pleno desierto buñuelesco. Mucho más que Silvia Pinal, por supuesto. ¿Cómo no va a perder el sentido un solitario, cartesiano y aburrido profesor de liceo local? Esto si que es la crónica de una muerte anunciada y no otras. Esto si que es la perdición por excelencia entre otras "ejemplares" perdiciones. No es Liza, no... Es Marlene. El cabaret. La Alemania oscura. Es Lola Lola. Antro de perdición: El Ángel Azul.
Y como para el final suele dejarse lo mejor, pues he ido reservando a Emil Jennings. Me permito darles un consejo: Si tienen ocasión vean La última orden (The last command) igualmente dirigida por Joseph von Sternberg. Sumen las interpretaciones de Jennings en estas dos películas y comprenderán porqué fue el primer actor en conseguir un Oscar y uno de los grandes del cine mudo y del cine de siempre. Dos papeles duros y complicados, de identidades perdidas, de humillaciones, de lágrimas mezcladas con escasas sonrisas. Papeles que eligen al actor y no al contrario. Y en este caso, la elección no pudo ser más correcta.