jueves, 22 de mayo de 2008

MERCADO DE LADRONES (JULES DASSIN - 1949)


Estadounidense de pura cepa, su visión “comunista” del mundillo de las mafias cotidianas y verduleras en esa América de promisión pudo ser, probablemente, una de las causas de su incorporación a las listas negras de depuraciones senatoriales y de su exilio a una Europa menos paradisíaca pero seguramente mas libre donde rodó excelentes trabajos.

Ciertamente la película dibuja un retrato perfecto del capitalismo más ruin, con la explotación despiadada de los agricultores y el enriquecimiento desorbitado de la cadena de distribución. Y esto también pasa aquí y ahora pero es indudable que también pasaba en los United States de los 40, por mucho que algunos se dedicasen a ver conspiraciones y a cazar brujas y meigas que “haberlas hailas” dedicando sus “artes maléficas” a poner de manifiesto las vergüenzas del sistema.

Probablemente por su dibujo del mundo y del mercado laboral recuerda en algunos aspectos a La Ley del silencio de Elia Kazan. En ese parecido no es ajena la presencia de Lee J. Coob con otra interpretación- excelente, por cierto - de mafioso de medio pelo con banda de matones de feria. Sin embargo aquí no impera el silencio sino el alcohol, la nocturnidad y la alevosía en forma de frenos que no responden. Aquí se impone la ruindad y la crudeza y el enriquecimiento por encima de cualquier cadáver por fresco que aún esté.

Notables también las actuaciones de Richard Conte y Valentina Cortese, almas paralelas condenadas a entenderse.

Una buena fotografía da realce a un guión perfectamente trabajado, con algún defectillo menor y sin trascendencia. Y especialmente original e interesantes los enfoques de la pareja Conte/Cortese preludiando las escenas más apasionadas.

El resultado de todo ello es una gran obra de Jules Dassin que sorprende gratamente a quienes, como yo, no conocíamos demasiado sus trabajos. Pecado imperdonable el mío. Para entonar el “mea culpa”…, pero reparable, eso si.