martes, 21 de julio de 2009

ASI ACABA NUESTRA NOCHE (JOHN CROMWELL - 1941)



El tema de la 2ª Guerra Mundial se ha enfocado desde muy distintas ópticas. Por supuesto la óptica de los vencedores ha sido la más común y por lo general sus argumentos se han centrado en hazañas bélicas tipo sargento Gorila donde los americanos a base de valor y heroísmo sin límites han hecho realidad objetivos imposibles dando ejemplo al mundo de valores de libertad y democracia. Es una óptica que, como todas las ópticas tiene su verdad. La óptica de los alemanes tipo El pianista de Polanski seguramente también la tiene. Como la de los alemanes buenos tipo Schlinder o la de los carniceros de La noche de los generales

Pero, dentro de mis limitados conocimientos en esta materia, creo que la óptica del éxodo de refugiados, ha sido una donde las aportaciones han sido escasas. Éxodo, de Preminger basado en el libro de León Uris plantea la diáspora de los judíos supervivientes al holocausto nazi y, en la segunda mitad del siglo XX, conflictos como el árabe-israelí, el balcánico o las contiendas africanas han propiciado un cierto cine especializado en la materia. Y agradeciendo de antemano a mis amigos cinéfilos que actualicen mis superficiales conocimientos, estoy por asegurar que este planteamiento de la II WW desde la visión de los “sin papeles” de aquel entonces es bastante sui generis. Hamlet estaba equivocado. La cuestión no es Ser o no Ser. La verdadera cuestión es Tener o no Tener…papeles.

En el fondo el film es una crítica de la profunda hipocresía de los países (similar a la de las personas) donde las criminalidades de los nazis terminan en el mismo punto donde empiezan sus intereses egoístas, y donde las leyes se manejan en el terreno de absurdos juegos que sitúan a los refugiados en la frontera de otro país que, como pared de frontón, hará exactamente lo mismo. Pero los refugiados no son pelotas de tenis sino seres que se preguntan que ha sucedido entre ayer o anteayer y hoy para recuperar la dignidad perdida. La respuesta: Un trozo de papel, un sello, una firma…un pasaporte.

Gran película con un Fredric March excepcional, en una de las mejores interpretaciones que recuerdo de él. Meritorio el trabajo de un jovencísimo Ford así como de Margaret Sullavan. Una escena para enmarcar: La conversación-despedida de Josef Steiner y su esposa Marie (Fredric March y Frances Dee) en un mercado bajo vigilancia militar nazi. Y en general estamos ante un film imprescindible que carcome sin piedad nuestras fibras más sensibles ante unas injusticias que no se nos figuran ficticias como en otras películas sino reales, tan reales como las que pueden sufrir otros miles de refugiados de guerras absurdas de países absurdos. Ajustada y creíble la presencia de Erich von Stroheim en un papel de oficial alemán que, ni pintado para las condiciones del actor/director.