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sábado, 23 de enero de 2010

JUNTOS (CHEN KAIGE - 2002)



Busco en el cine oriental aquello que no me ofrece el cine de Occidente actual y, cuando no lo encuentro, cometo la tremenda injusticia de penalizar este tipo de cinematografías a priori diferentes. Es el caso de Together (Juntos) de Chen Kaige, director del que tengo bastantes trabajos pendientes de visionar y de quien me gustó Tierra Amarilla por esos valores vitales tan alejados de los nuestros, donde los militares pueden dedicarse a la recopilación de canciones populares y donde el pueblo de a pie, hace honor a su calificativo y es capaz de andar diariamente un buen número de kilómetros para conseguir el líquido mas preciado que existe, el agua.

En Juntos, Chen Kaige ha realizado un film a lo occidental, quizás pensando ( a mi modo de ver equivocadamente) en una mejor acogida en pantallas USA o europeas. El premio en el festival de San Sebastián no se si le habrá dado la razón a su planteamiento, pero en mi opinión películas sensibleras de ánimo moralizante y donde se ponen frente a frente valores tales como el éxito y la fama frente a las relaciones familiares y personales no escasean en Hollywood y niños que toquen maravillosamente el violín los hay en China, Japón, India o Massachussets.

Por ello pido al cine oriental un plus diferencial, algo de lo que en Hollywood no tengan ni idea. Algo de lo que chinos, tibetanos o paquistaníes hayan mamado eternamente. E igual que los europeos podemos exportar nuestra cultura preservada y defendida durante siglos, sentir que su cine me trae los vientos de su cultura. Ese diferencial no lo tiene Juntos. Lo máximo que he encontrado y echándole mucha imaginación es una cierta similitud entre aquellas relaciones maestro-alumno tipo Kun Fu y las de estas enseñanzas musicales. El día a día de Pekín es el de Los Ángeles. Los móviles son los mismos y están igualmente desconectados para no ser importunados por la amiga engañada. Las clases particulares podrían impartirse en Madrid, Roma o Santander. Todo esto ya me lo conozco… Pero ¿Hay algo más?

Ciertamente poco. Un padre preocupado por el porvenir de su hijo como cualquier padre que se precie, que conserva el sabor del terruño y en la gran ciudad lamenta no haberse descalzado en la casa del profesor de música es probablemente lo más singular y distinto que he encontrado.

Y aunque el niño es un virtuoso del violín y toca que es un escándalo, no, no me dejó muy convencido.

jueves, 20 de agosto de 2009

TIERRA AMARILLA (CHEN KAIGE - 1984)



De vez en cuando, cuando sentimos que estamos empezando a aborregarnos y autocomplacernos, se hace imprescindible una buena inyección de cine oriental. Sus efectos son inmediatos. Mano de santo, se lo aseguro. A uno se le quitan los cansancios urbanos después de ver a esa chinita de 14 años caminando 2 kilometros o más todos los días, pértiga en hombros, para acarrear agua en dos pesados cubos desde el río Amarillo a su paupérrimo hogar. Y eso no es ficción. ¡Ya quisieran ellos!.

Voy más allá. Cuando discutimos, investidos de toda la “razón del mundo” sobre crisis económicas, precios abusivos, prestamos inexistentes e hipotecas inasumibles, deberíamos recordar que hay lugares del planeta donde las ceremonias nupciales se celebran con opíparos platos de pescado que entran por los ojos, puesto que, como son de madera tallada (el pescado, no los platos, aclaro) no hay otro sitio por donde puedan entrar. Y nosotros aquí, sentados ante nuestro PC, con nuestro IPOD, MP3, Móvil, etc, etc. diciendo o renegando ¡Que asco de vida ¡.

Les recomiendo ver esta película, ahora, eso sí, les advierto que esta inyección antiaborregamiento suele ir acompañada como efecto secundario de un cierto sopor derivado de las cancioncillas populares que el protagonista va recogiendo de aquí y de allá, para convertirlas en marchas soldadescas. Canciones amargas, nacidas de una realidad dura y eternamente inhóspita. Ahora bien, en este contexto de la cosecha musical, el film retrata una sociedad rural enclavada en el norte de China tan inamovible como las rocas sobre las que se asienta y cuya supervivencia depende de unas exiguas cosechas al albur de la gracia divina del Dios Dragón. Una sociedad que descubre por boca del oficial las maravillas del progreso comunista, las nuevas carreteras, las mujeres que aprenden a escribir, los hombres que saben coser, la esperanza de un futuro mejor.

Eso si. La acción se sitúa en los años 30. Ochenta años después, aquellos desiertos de piedra siguen implorando lluvias. Aquellas casas siguen invadidas de miseria. El río Amarillo sigue separando algo más de dos orillas y no se si aquellos pescados de madera seguirán desempolvándose todavía en cada celebración. Seguramente si, o similar. Y han sido 80 años de comunismo. Al contrario de otros muchos films con acentos críticos, la película no fue prohibida en origen. Tal vez los censores no la entendieron…

Y en absoluto estoy criticando un sistema político concreto. En todas partes existen desiertos de piedra con seres humanos luchando por una escueta supervivencia, llenos hasta la saciedad de promesas dadas por gobiernos de todo signo, pero que siguen estando igual de abandonados que hace cientos de años.