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miércoles, 18 de agosto de 2010

Y DIOS CREÓ A LA MUJER (ROGER VADIM - 1956)


Interesado en conocer la cultura sexual francesa de los 50 busco en Google: “sexualidad”, “Francia”, “1956” y obtengo (en primeros lugares) Brigitte Bardot y Dios creó a la mujer. Es un resultado tan esclarecedor que sobra cualquier discurso sobre licencias y liberalidades en el período “precreativo”. Las masas, dormidas en la sociedad francesa y aceporradas allende los Pirineos (o séase aquí), empiezan a despertar en el 1955 con el rock and roll y en el 1956 con B.B. De aquí al 68 van 12 años pero tan sólo un paso.

Roger Vadim se estrena cinematográficamente con esta película donde - “no hay nada más lindo que la familia unida”- promociona a su señora esposa, una francesita con todo en su sitio y muy bien puesto, llamada a convertirse en uno de los mitos eróticos del siglo XX, probablemente el mayor junto a Marilyn Monroe. Sin embargo los contoneos de Marilyn arrastraban cierta entidad interpretativa, cierta madera de actriz, mientras que las provocaciones de Brigitte sirvieron para poco más que para incendiar las represiones ancestrales arrastradas per sécula seculorum amén.

Seguro que no les descubro el argumento: Jovencita de buen ver y mejor tocar, provocativa al máximo se contonea con los pies descalzos entre un misógino, un ingenuo y un millonario. Un, dos, tres, al escondite francés y los cuernos al poder. Descalza por la librería, con la cara del amante en los talones y mambo “sur la table”. Momentos que abren la caja de las represiones y que permiten que empiece a entrar en la sociedad francesa es aire renovador y precursor del futuro mayo del 1968. Todo ello en las formas y en el cuerpo del mito B.B., que no en el fondo de un film cuyo argumento se reduce a la mínima expresión y a una gran cornamenta incapaz de atravesar puerta alguna.

Dios creó a la mujer y Vadim la recreó , en la suya propia, para deleite de propios y extraños y para indignación de los antireplicantes guardianes de la moralidad. En la Bardot había, incluso sobraba, materia prima. Roger Vadim lo sabía, ambos lo sabían. De ahí al mito, solo restaba un paso y se dio: Esta película.


lunes, 2 de agosto de 2010

BARBARELLA (ROGER VADIM - 1967)



Comentar Barbarella de Roger Vadim y hacerlo además en un tiempo relativamente razonable es sumamente complicado. Barbarella film es uno de los diferentes aspectos de un fenómeno que nace en el comic y en la Francia de los 60. El personaje creado por Jean Claude Forest en 1962 alcanzó celebridad en las páginas de V-Magazine aunque su traspaso al cine de la mano de Dino di Laurentis y Roger Vadim no cumplió las expectativas previstas y su rentabilidad fue mas bien escasa. De ahí a convertirse en un personaje y una película de culto tan solo medió en un paso. Y lo del culto llegó a extremos tales que di Laurentis ha vuelto con el paso de los años a perseverar en el intento de aprovechar un cierto caché mítico de la marca Barbarella para, de la mano de Robert Luketic (tras el abandono del proyecto por parte de Robert Rodríguez), lograr de segundas lo que no se consiguió de primeras.

Hasta aquí el, digamos, contexto, pero no solo de contextos viven los cinéfilos. Tiene que haber chicha y a ser posible limoná. Y este es el problema, Houston, que sobra chicha y falta limoná. Barbarella es como el 007 del espacio, en permanente lucha contra el mal. ¿Sus armas? Paz y amor, hermanos, especialmente amor en forma de polvo sideral. Y ni Jane Fonda esconde un pecho ni Vadim esconde la cámara que si Dios creó la mujer, él se basta para crear mitos eróticos en los 60.

Pero de limoná, ná. El trasunto consiste en la búsqueda de científico loco Durand Durand y su rayo positrónico, una especie de profesor Bacterio pero a la francesa. Eso sí, los “disfraces” de Jane Fonda hacen olvidar con facilidad a nuestro hispánico Mortadelo y hasta son capaces de determinar el sexo de los ángeles.

Película insignia del género fanta-erótico que conviene verla sabiendo lo que uno se va a encontrar. De esta manera el desencanto será menor. Asistirán así a una muestra de cine lisérgico-colorista, a la idea germinal del grupo Duran Duran, a las deshabillés “in gravitatorias” de Jane Fonda, y acabarán concluyendo, igual que los personajes de la ficción, que el polvo terráqueo tiene más sustancia que el sideral.