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sábado, 9 de febrero de 2013

LOS CAMARADAS (MARIO MONICELLI - 1963)



En Los camaradas, Monicelli aúna a su maestría para la comedia una dosis generosa de conciencia social abordando, entre sonrisas, pero sin que le tiemble el pulso, los inicios del movimiento obrero y su lucha por reducir el abusivo número de catorce horas diarias laborales.

Con un Marcello Mastroianni magistral y una Annie Girardot que gana enteros en cada nueva película que tengo oportunidad de ver (recientemente visioné Trois chambres a Manhattan, de Marcel Carné) el film se centra en la incipiente lucha por la mejora de las condiciones de trabajo en la industria textil en el Turín de finales del siglo XIX. Y lo hace sin perder ese sentido del humor tan propio y connatural del cineasta italiano, aunque debo reconocer que la comedia se supedita a la intensidad de los dramas singulares que se entrelazan unos con otros entre la muchedumbre desorganizada de huelguistas a quienes trata de poner orden, el profesor Sinigaglia, un entrañable personaje que encuentra sentido a su existencia en su ayuda a los explotados obreros.

El film es un retablo absolutamente realista de las durísimas condiciones de vida y trabajo de una comunidad que lucha por una supervivencia casi imposible entre accidentes laborales que acechan en las sombras de la agotadora jornada laboral. Una distracción fruto del agotamiento equivale a la pérdida de una mano y con ella se acaba yendo la propia vida en una sociedad carente de mutualidades y socorros para la clase obrera.

Hay escenas y momentos sublimes realzados sin duda por una fotografía espléndida que invita a darle al pause de nuestro reproductor para recoger en blanco y negro una instantánea de vida: El siciliano que rompe la huelga y reclama la puesta en marcha de todas la maquinaria de la fábrica para él solo, los obreros cansados acudiendo a la escuela nocturna, las colectas solidarias, e incluso una preciosa declaración de amor en pleno funeral del padre de ella, un obrero atropellado por un tren en un enfrentamiento con los esquiroles traidos por la empresa. Y especialmente destacable la escena cumbre de un final que no voy a desvelar. Momentos que nos solidarizan con aquellos pioneros de los derechos sociolaborales y con las duras circunstancias de su realidad cotidiana. Eso si, siempre con una sonrisa Monicelli en nuestros labios.

Puntuación: 8,15



domingo, 18 de septiembre de 2011

RISATE DI GIOIA (MARIO MONICELLI - 1960)


Con una cierta regularidad vengo dando un repaso a la filmografía de Mario Monicelli. Hoy le tocó el turno a “Risate di gioia” algo así como Risas de alegría, traducida en España como Llegan los bribones, título no muy afortunado que sugiere más aquellas películas insustanciales de Burt Reynolds o similares que esta película italiana de 1960 de Anna Magnani después de su periplo norteamericano donde recibió el Oscar a la mejor actriz por “La rosa tatuada”.

La Magnani está magna como siempre. Permítanme el juego fácil de palabras. Y abusando de su benevolencia añadiré que la magnitud de la italiana es inconmensurable. Su dueto con Toto es absolutamente inolvidable en la línea de otras muchas colaboraciones anteriores. Su número musical conjunto una pequeña joya que nos deja con ganas de repetir.

Las desventuras de una extra habitual de Cineccitá en la Noche de Fin de Año es el argumento de este film del director italiano donde, junto a su inigualable sentido de lo cómico, nos muestra su vena más sentimental y humana. La extrovertida Tortorella (Anna Magnani) esconde en su interior una mujer sensible y falta de cariño. El pícaro Umberto (Totó), dispuesto a casi todo por una lira, es en el fondo un pobre diablo honrado a carta cabal. Y hasta el único y verdadero bribón de la película, Lello (Ben Gazzara), no tiene un futuro demasiado halagüeño en la profesión cuando debe acabar robando collares de la Madonna en las Iglesias. 

Risas regadas con chianti. Ese chianti que le sienta tan bien a las comedias italianas y que Monicelli sabe escanciar como nadie, aparcando por un instante las carcajadas o mejor dicho, trasmutándolas en cómplices sonrisas que acompañan esas porcas miserias tan genuinamente italianas. Comedia con fundamento y su puntito de reflexión. Realismo de una Italia de transiciones en tono de ja. 

Se ha dicho que Monicelli viene a ser algo así como una mezcla entre Billy Wilder y Martin Scorsese. Aunque es cierto que Riseta di Gioia evoca el recuerdo de ¡Jo que noche!, tal afirmación me parece desorbitada. Monicelli es Monicelli y eso significa mucho.

Por cierto, no se pierdan la buena actuación de Fred Clark como americano borracho. Clark es uno de esos secundarios con frecuentes apariciones en series televisivas, a los que no ubicamos demasiado bien pero recordamos con agrado.

Puntuación: 7,75 




jueves, 28 de abril de 2011

TOTO E I RE DI ROMA (STENO, MARIO MONICELLI - 1951)


Sonría por favor. Esta era una recomendación televisiva relativamente reciente que debió calarme subliminalmente hasta el punto que, con cierta frecuencia, añado a mis cócteles pastilleros una peli de risa. Les aseguro que la receta funciona, aunque eso sí, hay que abstenerse de genéricos indigeribles y procurarse píldoras de laboratorios de calidad certificada. Mario Monicelli lo es, como ya sabrán todos los que vieron Rufufu o Amici Miei y quienes no las vieron ¿A qué están esperando?.

Monicelli y Totó consiguen el más difícil todavía, la carcajada del espectador siglo XXI en su soledad de corredor desfondado ante el televisor. De la mezcla de socorridos tópicos y momentos absolutamente surrealistas surge un humor corrosivo, ácido, crítico por momentos y al final tierno. Con la modernidad le han salido demasiadas canas a este tipo de cine. Las nuevas generaciones difícilmente se reirán con una película italiana de los 50 donde se saca punta a la burocracia, al espíritu latino, a los comadreos de escalera y hasta al mismísimo paraíso. Quienes no vivieron aquel sentido de las cosas es imposible puedan captar dobles sentidos. Italia y España, primas hermanas en esto, hemos intercambiado estampitas y algunos podemos sonreírnos sin sonrojarnos cuando vemos la paja en el ojo ajeno, porque sabemos que es la misma paja que afincó sus reales durante mucho tiempo en el nuestro.

La historia de un funcionario jefe de archivos, cuya batalla contra el esquivo escalafón está irremisiblemente perdida se ve alterada a consecuencia de un incidente casual que afecta a su jefe superior. La pérdida de un expediente, los premios de la Lotto, la búsqueda de un papagayo y el futuro de su mujer y cuatro hijas, constituyen los hilos de una madeja que se va desenredando entre gags y expresiones del cómico italiano Totó, hasta culminar en una parodia surrealista del Olimpo divino. 

Al lado de las obras maestras coexisten películas como esta. Si nuestra búsqueda de Santos Griales no es demasiado obsesiva podremos sacar partido de ellas y pasar un rato entretenido. También se trata de eso.

Un apunte final, esta película tardó más de un año en ser autorizada su exhibición. Lo que hoy nos parece de una inocencia celestial debió tener sus dobles propósitos y sentidos poco confesables para los vigilantes de la honra de la patria italiana. Bueno, Monicelli, por lo que sabemos de él siempre fue un poco transgresor.

Puntuación: 6,5



lunes, 19 de mayo de 2008

HABITACION PARA CUATRO (MARIO MONICELLI - 1975)


El humor absurdo de Rufufú en el 58 y el humor irreverente de Amici Miei del 75 unidos por la mano magistral de Mario Monicelli, uno de los directores europeos más prestigiosos. Ahí quedan su León de Oro en Venecia por La Gran Guerra, sus tres candidaturas al Oscar y su personal León de Oro en 1991 por el conjunto de su carrera. Hombre de cine, de teatro e incluso director televisivo además de ocasional actor es, sin duda alguna, uno de los máximos exponentes del cine europeo y un director para revisar y recrearse con sus trabajos.


Y les confieso que, a pesar de su popularidad, desconocía esta película y añadiré que comencé a verla con cierta aprensión. De ahí mi sorpresa ante lo que estaba viendo y mis estruendosas carcajadas ante el televisor, lo cual es harto difícil y muy pocas comedias lo consiguen. En las salas de proyección la risa es contagiosa y fluye fácil pero en la intimidad los mismos gags parecen patéticos. Pero en Amici Miei hasta sólo te ríes con ganas.
El guión ayuda ¡qué duda cabe!. Los gags son imaginativos y su comicidad va "in crescendo" a medida que se desarrolla la película. Y, por descontado, los actores, cuya categoría y tablas para esto no admiten discusión, también contribuyen al éxito de la obra. Ugo Tognazzi, Philippe Noiret o Adolfo Celi por no hablar de Bernard Blier bordando el papel de jubilado de correos a lo Borsalino, están sensacionales.

No es de extrañar que la película tuviese una segunda parte que aún no he visto pero que pinta bien, muy bien.¿Adultos o traviesos creciditos? Seguramente una mezcla peligrosa e irreverente. Pero divertida. Muy divertida...