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miércoles, 23 de mayo de 2012

SIETE NOVIAS PARA SIETE HERMANOS (STANLEY DONEN - 1954)



Esto podría empezar como el chiste “Se abre el telón y...” un hombretón como la copa de un pino ¿O debería decir de un arce? llega a la aldea para comprar provisiones, ya saben, azucar, tabaco y seguramente tocino o similar. Por lo que ya vamos deduciendo en su lista de la compra no está apuntado el jabón, ni siquiera el lagarto por lo que agradecemos que el cine sea únicamente un arte visual y no olfativo.... 

Bien, a lo que íbamos, al parecer, el barbudo mocetón (Howard Keel) en el último momento, mirando estanterías, recuerda que también falta mujer que limpie, que lave y que cocine, es decir una esposa y busca en el apartado de las ofertas, mientras canta a vozarrón partío:


Bless your beautiful hide
Wherever you may be.

Traducido googlemente por:


Bendita tu hermosa piel
Donde quiera que estés.


Antes de continuar les comunico que la película me gustó mucho la primera vez que la vi y que, revisada con más años a cuestas, me ha seguido gustando, O sea que mi crítica, aún en tono de mofa, es el anticipo de una buena valoración. Lo que sucede es que, no me negarán que, a priori, los chicarrones del norte parecen elefantes en las cacharrerías del musical y hasta un coreógrafo como Michael Kidd lo sabía por lo que si bien aceptó a participar en el proyecto lo hizo trás un intensivo lavado de cerebro propiciado por Stanley Donen y con la condición de que las canciones, y naturalmente los bailes, deberían rodarse como escenas de la propia historia y ello exigiría que los actores, al menos los que bailaran, deberían ser en primer lugar bailarines y en segundo actores.

La oposición feminista está, en mi modesta opinión, totalmente justificada, especialmente en la primera parte de la película, donde siete energúmenos asalvajados se invisten de todos los derechos a ser servidos por el teórico sexo débil. Claro que, como sucede en la vida real (y me refiero a la relativamente civilizada, que bestias sin domar háilas aún) el presunto sexo débil trasmuta rápidamente a fuerte y obliga al primitivo trueque de café calentito mañanero por barreño donde asearse.

Sinceramente, uno de los mejores musicales de todos los tiempos, y ello a pesar del recorte presupuestario ¿Les suena? Que redujo a la mitad los fondos destinados al film, en beneficio del trabajo de Minnelli, Brigadoon, donde actuaba Gene Kelly. El productor Jack Cummings, alma mater del proyecto, no se desalentó. Por su parte, Donen, rodó rápido y barato, cambiando escenarios naturales por coloristas decorados, a pesar que un naciente cinemascope ponía de manifiesto las carencias con mucha crudeza. En lo que Donen no cedió fue en que las canciones de su musical fuesen absolutamente originales, desechando la propuesta de la MGM de recuperar canciones tradicionales americanas.

De esta forma asistimos a una excelente película que en un clarísimo guiño nos remite a la historia del rapto de las Sabinas narrado por Plutarco y que constituye el libro de cabecera de la recién adquirida esposa (Jane Powell). De esta forma, los hermanos del susodicho mocetón, algo más agiles porque bailan más, resuelven sus problemas de relaciones sentimentales y acaban consiguendo que las “brides” digan el consabido “yes” y acaben siendo “wives”

Quienes hayan visto el film, seguro recuerdan la magnífica escena de la construcción del granero o la encantadora secuencia sobre la nieve. Para quienes no la hayan visto, un consejo: Dejen los prejuicios sobre los musicales en el perchero de su recibidor, dejen la lógica en el paragüero y dispónganse a pasar un rato entretenido.

Oigan, estos son como el Sevilla de los Mojinos: ¡Mira quien baila!

Puntuación: 9,50

Con especial dedicatoria para Mara (del blog MARAMINIVER) porque aunque no es “muy de musicales” le encanta éste.



miércoles, 9 de mayo de 2012

UNA CARA CON ANGEL (STANLEY DONEN - 1957)


El veteranísimo Fred Astaire, toda una institución del cine musical – posiblemente la mayor estrella que haya dado el género – deseaba hacer una película con Audrey Hepburn, actriz que únicamente había protagonizado dos films marca “Hollywood”, claro que, menudos films, Vacaciones en Roma y Sabrina, (hay que aclarar que Guerra y Paz estaba por entonces pendiente de distribución). Por su parte Audrey, quien en poco tiempo se había asegurado la posibilidad de elegir aquello que deseaba hacer, estaba muy interesada en que su partenaire fuese Fred. Los 30 años de diferencia no suponían obstáculo y las voluntades estaban acordadas. Y sin embargo…

El nacimiento de esta película no fue el de Venus precisamente, más bien se asemejó a un arduo y trabajoso parto de los montes. La cosa empezó con la MGM retomando el guión de una comedia musical escrita por Leonard Gershe en el año 1951 que no había llegado a montarse: Wedding Day. Este era el cesto, pero para los mimbres se pensó en las canciones escritas por George Gershwin para el musical de Broadway “Drole de Frimousse (Funny Face)” en el año 1927 donde ya actuaba Fred Astaire juntamente con su hermana Adele. Warner Bros. Propietaria de los derechos de las canciones acaba cediéndolos previa condición de que Stanley Donen dirija para ellos “Pajama Game (Juego de pijamas)”. Sin embargo los problemas crecen y ahora es la Paramount, con derechos sobre los actores principales la que obstaculiza su cesión. Astaire llega a ver el proyecto como irrealizable pero su interés y el del productor de la MGM Roger Edens acaban dando luz verde al film. Hoy, todos los aficionados al buen cine nos congratulamos de ello.

En clave de comedia romántic, como no podía ser de otra forma, la película recrea el mito de Pygmalión. Una sencilla dependienta de librería (Audrey Hepburn) se convierte en el prototipo de mujer ideal americana y mundial, y el centro de una campaña publicitaria lanzada por una revista de moda y alta costura : Quality Magazine y por un fotógrafo de alto standing, Dick Avery (Fred Astaire). Un viaje promocional a París para presentar la colección especialmente diseñada para ella por un modisto francés la acabará decidiendo. De esta forma, en los ambientes bohemios de la ciudad de la Luz podrá conocer a su idolatrado líder espiritual fundador del “enfaticalismo”…

He de decir que mis primeras referencias del mundo de la moda, la fotografía y las modelos famosas, las encuentro en una canción de mi paisano Joan Manuel Serrat. En aquel “Conillet de vellut” de “Serrat 4” hay referencias a revistas como Harpers Bazaar o al fotógrafo Richard Avedon. Pues bien, este era el mundillo que se refleja en Una cara con ángel. Así Richard Avedon cede su propio nombre con cierto disimulo a Dick Avery, o la editora del Harpers Bazaar, Carmel Snow, quien revolucionó la fotografía de modas, está en pleno centro del personaje interpretado magníficamente por Kay Thompson como directora de Quality. También es conocida la relación de Avedon con una de sus modelos… En fin que, en este caso la realidad iguala a la ficción, aunque me caben dudas sobre la existencia del enfaticalismo.

Y por encima de todo y de todos, dos grandísimos, Astaire y Hepburn. El que tuvo retuvo y aunque a sus 60 años limita sus escenas de baile, la que nos regala, paraguas, capa de toreo y palos de golf incluidos, es una autentica gozada y una secuencia para el recuerdo en cualquier antología. Ella, cambiando realmente la imagen de la diva americana y de la forma de actuar. Vestida por Givenchy está sublime. Su bajada por las escaleras del Louvre y ese despliegue de alas a lo Victoria de Samotracia, sencillamente “merveilleuse”.

Me ha gustado. ¿Lo adivinaron?

Puntuación: 8,85

jueves, 19 de noviembre de 2009

CHARADA (STANLEY DONEN - 1963)





Stanley Donen (Un americano en Paris, Cantando bajo la lluvia, Siete Novias para siete hermanos, Una cara con ángel) cambia el musical por el suspense a lo Hitchcock y nos ofrece la película más auténtica de Hitchcock que Hitchcock nunca filmó. Lo cual no es poco. Sin embargo este es una línea de pensamiento que necesariamente acaba estrellándose contra la realidad pura de que Don Alfredo no hay más que uno y a Donen lo encontramos en el musical.

Dicho así parece que Charada sea un producto poco interesante. Nada más lejos de la realidad. Que Donen no sea Hitchcock o que el Cary Grant de Charada diste una inmensidad del Mr. Kaplan de Con la muerte en los talones, solo quiere decir eso, que de las odiosas comparaciones Donen resulta en desventaja. Pero Charada es una buena película, sin llegar a obra maestra, y muy entretenida, tanto que las dos horas se pasan prácticamente sin darnos cuenta. Y no les quepa duda que el entretenimiento, en estos tiempos que corren, es un activo a considerar.

La música de Mancini, un lujo, el niño y la pistolita, un grano en salva la parte, los diálogos, ágiles y certeros a la diana, Audrey, un amor, Cary un señor mayor con 59 tacos (se resistió a aceptar el papel por la gran diferencia de edad), los bandidos malos a lo Dalton y un tanto estereotipados, la gendarmerie en la luna, parisiense eso sí, y la CIA pues cambiando tanto de nombre como Mortadelo en la TIA cambia de disfraz. Y no me olvido de un Walter Mathau algo inusual pero dejando firma.

Hay que verla. Previamente se lavan los ojos y ponen en cuarentena las células grises de la memoria para desvincularse lo más posible del cine de un orondo director inglés, y empiecen a pasarlo bien. Especialmente recomendable en caso de empacho de Fassbinder, Rohmer o similares.

Todo ello dicho, claro está “con un respeto imponente”…

lunes, 3 de agosto de 2009

DOS EN LA CARRETERA (STANLEY DONEN - 1967)


No creo estar desvelando ningún secreto de sumario si les digo que Dos en la carretera no es ninguna “road movie” al menos en ese concepto unánimemente aceptado que lleva aparejado su “modus vivendi” muy particular y su libertad de espíritu. Es cierto que hay dos y que la cosa va de una carretera en singular, más tradicional, menos asfaltada y en una única dirección, la carretera de la vida, ese camino machadiano que se hace al andar y que si ya de por si es difícil recorrerlo sólo, hacerlo en compañía puede resultar una odisea. El que esa odisea encuentre a su Penélope al final del periplo o únicamente encuentre el sitio, depende de ambos caminantes. Ese es el sencillo mensaje de Stanley Donen en una película magistral que, si bien ha envejecido mal en las formas, sigue vigente con plenitud en un fondo absolutamente intemporal.

Seguro que lo consideran una perogrullada, pero sin Audrey seguro que el film no hubiese sido el mismo. Se que entienden lo que quiero decirles. Audrey está divina. Tan divina que no tiene el apodo porque se le anticipó la maravillosa Greta Garbo. Ella es la alegría, la vitalidad, la espontaneidad, la locura de los veinte años. Ella es la sensualidad hecha sonrisa. El contrapunto perfecto para un Albert Finney con todas sus cualidades sentimentales en la trastienda de su egoísmo. Ciego y pagado de si mismo, consigue enervar al espectador con sus absurdas preguntas de respuestas tan obvias como innecesarias. Audrey en cambio está en otra galaxia. La galaxia donde están las nueras preferidas de todas las madres. Perfecta hasta cuando se enfada. Fiel hasta en el engaño. Consecuente hasta en los absurdos. Siempre la necesaria cordura del pasaporte localizado.


Incluirla en la categoría de comedias románticas me parece insuficiente y desajustado. Es cine transcendente en clave de humor, porque las verdades matrimoniales del barquero siempre se digieren mejor con sonrisas que con lágrimas. Las sonrisas siempre traen esperanzas. Esa es la lectura que nos deja un Stanley Donen que al parecer había reflexionado de primera mano sobre la materia.


Yo, por si les vale, y sin querer pecar de romanticón (aunque la película me disculpará seguro) les dejo mi lectura: Un “Te quiero” tiene un valor infinito. Un “Te quiero” cada cinco minutos, reduce su valor en la misma proporción.