Mostrando las entradas con la etiqueta RAOUL WALSH. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta RAOUL WALSH. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de septiembre de 2020

THE LUCKY LADY (RAOUL WALSH - 1926)

 



The Lucky Lady, película de 1926 dirigida por Raoul Walsh (no confundir con la de 1975, dirigida por Stanley Donen e interpretada por Liza Minnelli)es una comedia tan insulsa y predecible que renuncio a adjudicarle el adjetivo entretenida. Si el día está gris y lluvioso y no quieres calentarte la cabeza más de lo necesario esta es probablemente una buena opción para perder una hora de tus rutinas habituales.


Alguna compensación tendrá la cosa ¡Si señor! La presencia de Greta Nissen con su nórdica belleza supone un regocijo para la vista y si usted es admirador o simplemente le hablaron de los Barrymore, esta es una ocasión de ver a Lionel, uno de los miembros de la famosa saga, aunque particularmente le aconsejaría que repasase su trabajo en Cayo Largo de Huston para quedarse con un mejor sabor cinéfilo.

De la trama les hablaré poco. Y es que no hay mucho que decir. Tras el fallecimiento del Rey de un pequeño país europeo con un famosísimo Casino (¿les suena?) se considera oportuno que la princesa contraiga matrimonio y se mantenga el sistema monárquico para evitar tentaciones republicanas. La elección recae sobre un miembro de la nobleza quien además tiene deudas de juego con el Casino, que es lo mismo que tenerlas con la Corona. La princesa, por su parte, se ha enamorado de un ciudadano estadounidense por lo que no cesará de poner obstáculos a un matrimonio arreglado. Hasta aquí el planteamiento. El nudo y el desenlace pueden verlo ustedes mismos o también imaginárselo.

También servirá esta película a los admiradores de Raoul Walsh, entre los que me cuento, aunque debamos proveernos de unas cuantas indulgencias papales plenarias.
 
Puntuación:5,00
 
 

sábado, 29 de agosto de 2020

THE RED DANCE (RAOUL WALSH - 1928)

 


 

Como un anticipo de lo que serían las 500 millas de Daytona, los estudios hollywoodienses calentaron motores a finales de los años 20 para enfrentarse entre si en una carrera cuyo premio, en forma de beneficios en taquilla, lo otorgaba el espectador. Así entre otras escuderías se encontraron en la parrilla de salida productoras como Metro Goldwyn Mayer, Paramount, Universal o Fox, que tras el banderazo inicial se pusieron en marcha a toda velocidad para llevar al público americano y mundial historias cinematográficas gestadas en el contexto de la Revolución bolchevique de 1917 y cuyo “exotismo” resultaba atrayente para las masas. Lógicamente escribo el término exotismo con muchas reservas porque a una contienda donde las calles se convierten en ríos de sangre sea del color que sea, puede calificarse de muchas maneras pero lo de “exótico” tiene un aire de frivolidad inadecuado.

Las alturas del podio fueron para The last command (Josef von Sternberg, Paramount, 1928) y en cuanto al resto del cajón seguramente la cosa estaría más reñida, aunque mi voto, para el segundo puesto, se lo otorgo a The cossacks (George W. Hill, MGM, 1928). De Surrender (Edward Sloman, Universal, 1927) no puedo opinar, únicamente tratar de verla para así valorarla con justicia, y en cuanto a la Fox con esta película de Raoul Walsh lamento tener que decir que en mi criterio debería conformarse antes con un quinto qué con un cuarto puesto, por aquello de que “no hay quinto malo”.

El entretenimiento era y es un valor, lo que sucede es que cuando decimos que una película es entretenida muchas veces se interpreta como “no da para más”. En este caso es así y lo siento, porque Raoul Walsh es un director excepcional y sus conceptos fotográficos dotan al film de una estética singular que parece suplir la ausencia de sonidos con el lenguaje de los sentimientos sutilmente filmados. Pero, soldadito marinero, “que las prisas no son buenas” y aquí se ha descuidado en exceso (siempre se hace un poco) la realidad histórica constatable y se ha forjado un guion con más licencias de las permitidas y esto, referido especialmente al país de la ortodoxia, no es de recibo. Rasputín como partícipe de la causa antizarista o los bolcheviques recurriendo a una campesina, por muy letrada y leal a la causa que resulte, para asesinar al Gran Duque Eugene (por cierto, sin referencias conocidas), parecen responder más a un intento de los guionistas por llevar el argumento al terreno de lo sentimental reforzando la historia de amor entre la campesina y el aristócrata, que a la fidelidad de los hechos acaecidos. Y aún aceptando que la concordancia perfecta no existe, las diferencias son de trazo muy grueso, llegando incluso a parecer que el alzamiento popular tenía un cierto aire de fiesta y verbena.

Algunos momentos notables, especialmente aquellos en los que interviene Ivan Linow, salvan del suspenso a una película en la que un guion precipitado y unos actores un tanto inadecuados, sobre todo Charles Farrell son obstáculos absolutamente insalvables especialmente si te juegas los cuartos frente a películas de la talla de La última orden (The last command).

Esta cinematográfica historia de amor entre el príncipe y la plebeya no dejó a Raoul Walsh especialmente contento. A pesar de ello, no puedo dejar de considerarle como uno de los grandes directores de cine de todos los tiempos.

Puntuación: 5,75

 

 

lunes, 14 de junio de 2010

EL HIDALGO DE LOS MARES (RAOUL WALSH - 1951)

Raoul Walsh dirige con acierto esta película de aventuras, sobre Horatio Hornblower, héroe de una saga novelística sobre la marina británica en las guerras napoleónicas, escrita por Cecil Scott Forester. El propio Forester intervino en la elaboración de un guión que conjuga batallas navales, duelos de capa y espada y un romance central, pues según Walsh :”En todas mis películas la historia gira siempre alrededor de las escenas de amor”. Y el romance Gregory Peck – Virginia Mayo es el eje del film, tanto, que en el guión se fusionaron distintas novelas para conseguir que la aventura nunca abandonase el romance. Esta sensación de historias "cosidas" queda patente cuando en Portsmouth, la pareja debe separarse para desconsuelo de los aficionados a los "happy ends". Pero no. Una nueva aventura y nuevas dosis de caprichoso azar y “tutti contenti”. 
 
No se confundan, la película es muy buena, las batallas navales son de lo mejor que he visto en cine, incluso y a pesar de los 53 años de diferencia entre una y otra, superior a Command and Conquer (basada en otro personaje novelesco, Jack Aubrey), pero el añadido se percibe con claridad, incluso para quienes desconocíamos la saga de Mr. Forester. 
 
Y aquí, trompetas, clarines, fanfarrias y todo lo demás para Gregory Peck. No afirmo que sea su mejor papel. Discutiría entre su capitán Ahab (Moby Dick) y Atticus Finch (Matar a un ruiseñor). Pero si hay un artista al que el traje marinero le venga como anillo al dedo ese es Peck. No solo por la percha, sino porque, como los toreros, templa y manda. Cuando reprende a un oficial por infringir azotes a un marinero, sin apenas palabras, el espectador sabe con quién se juega los cuartos.Su fiero caparazón no es tal y a lo largo de la película se irá resquebrajando, a lo que no será ajena Lady Bárbara Wellesley (Virgina Mayo). Vemos a un miembro de la tripulación sorprendido de que el capitán recuerde su nombre, al propio capitán azorado por las palabras de Bárbara y otros muchos detalles donde el león pierde su fiereza. 
 
En esta mezcla de picaresca y solemnes seriedades Peck se mueve como pez en el agua, nunca mejor dicho. La elección de Virginia Mayo tuvo ciertas críticas pero el resultado es excelente. No aporta la pomposidad de la nobleza que, probablemente, otras actrices hubiesen aportado pero da lo que se espera de ella, naturalidad y simpatía a los ojos del público, sin lo que no puede imaginarse una historia amorosa que cale en el espectador. Curiosos los tipismos. Los españoles representados por un impresentable dictador que se apoda El supremo. El término galáctico no se había acuñado aún. Los franceses en su rol de perdedores tampoco salen bien parados.Los ingleses, evidentemente los buenos de la película.  
 
Con una fotografía excelente de Guy Green (Oscar por Great Expectations de David Lean) y unas maquetaciones y efectos de batallas, increíbles, Raoul Walsh a sus 64 años volvía a demostrar que estaba en la cima del mundo cinematográfico. 
 
 



martes, 12 de mayo de 2009

EL LADRON DE BAGDAD (RAOUL WALSH - 1924)

 

En este siglo XXI donde el cine se ha beneficiado de una tecnología informática impensable unos cuantos años atrás, puede no parecer muy normal que nos sigan sorprendiendo los artesanales efectos especiales de una película rodada en 1924 por un cineasta de la talla de Raoul Walsh, pero les aseguro que así es. No hay comparación posible con los FX actuales pero tienen el encanto de lo primitivo, de lo arqueológico. ¿Que es mejor, un Velazquez o las pinturas rupestres de Altamira? Preguntas sin sentido en busca de respuestas con sentido.


El ladrón de Bagdad no puede verse con los mismos ojos que acaban de ver Matrix o similares. Con todos mis respetos para Matrix que me parece una excelente película. Hay que cambiar el chip. Disponernos a vivir el sabor de la aventura, de los cuentos de las mil y una noches en Arabia, en el Bagdad de los sueños y de las fantasías. Ver como vuelan las alfombras. Escuchar el canto de las sirenas. Hablar con el viejo del mar. Trepar por cuerdas imposibles. Ser Príncipe de los Mares y de las Islas por un día.


Es cierto que es una película de nuestras abuelas protagonizada por el Clooney de nuestras abuelas (Douglas Fairbanks), pero eso no descalifica la película "per se", sino que tan solo nos obliga a situarnos en una posición temporal distinta y a valorar en lo que se merece una película inmortal con unos decorados que son, ni más ni menos que aquellos cuentos con los que se arropaban nuestras noches infantiles. La sombra de Aladino e incluso la de Alí Baba se ciernen sobre nuestros ojos amigablemente.


Es cierto que Fairbanks anda algo pasado de teatralidad. Es cierto que la verdadera estrella femenina de la película es una Anna May Wong en su papel de esclava mongol. Es cierto que a la película le hubiese sentado de maravilla un color que estaba pero que no estaba. Todo ello es cierto. Como también lo es esa frase escrita en el cielo oriental de que la felicidad hay que ganársela. Les aseguro que viendo esta película, con los ojos libres, se gana antes.






viernes, 10 de octubre de 2008

EL PIRATA BARBANEGRA (RAOUL WALSH -1952)




La factoría Walsh, aclamada por productos como Los violentos años 20, Al rojo vivo ó High Sierra, entre otros muchos, dio la de arena con esta incursión en el género de tibias, calaveras, cruceros caribeños, islas del tesoro, cofres del muerto y botellas de ron. Y ello a pesar de las buenas perspectivas cinematográficas del negocio pirateril, con terrores de los mares de la talla de Henry Morgan y del propio Barbanegra, con enclaves insustituibles como Port Royale, con galeones absolutamente espectaculares y, como no podía ser menos, con la obligada presencia de la dama de corazones de aspecto indiano, perfil a la medida de Linda Darnell.

Pero no. A la película parece faltarle compromiso. El de el director con su obra y el de los actores con sus interpretaciones. La impresión que deja es que se trata de un producto realizado por encargo u obligación mas que por voluntad propia, sin creer en el propio proyecto que se está ejecutando. A veces las apariencias engañan pero no creo que este sea el caso. Hay desgana. Hasta el propio William Bendix, al que no vamos a descubrir ahora, con sus muecas y gesticulaciones parece querer romper la mediocridad y ponerle una nota diferente y discordante al tono anestesiante de la película.

Para no pecar de injusto, elevaré por encima del resto, la actuación de Robert Newton en el papel del pirata Barbanegra. Es la excepción que confirma la regla, el esfuerzo profesional frente a la desgana interpretativa. Aprobado también para Irene Ryan como Alvina, la dama de compañía aficionada al ron de melaza. El resto más que actuar parece que están esperando el autobús. Lamentable.

Menos mal que los navíos tienen buena presencia y que tanto galeones como paisajes marítimos salen favorecidos en la foto que si no apaga y vámonos...




martes, 16 de septiembre de 2008

LA DIOSA DE LA SELVA (RAOUL WALSH - 1937)


Leo en Cinema de Perra Gorda un comentario sobre esta película que suscribo en sus líneas fundamentales. Por ejemplo, lo de "divertimento pasablemente simpático". Es decir, la película "tiene un pase" como se suele decir y además resulta simpática. O sea, no te ríes a carcajada batiente pero sonríes, lo cual para los tiempos que corren y "¡las cosas que hemos visto, eh, sir John...!" pues ya es mucho.

Claro que no es un producto genuino de la que en otros comentarios califiqué como "factoría Walsh", es decir gente corriente con ambiciones corrientes y con la música de fondo de la mascletá fallera. Aquí los personajes son tan inverosímiles que sería una ofensa al espectador recordarle que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. La mujer pájaro, el bwana millonario, el jefe de prensa (¿Donde está la prensa?). Hasta el león Rodolfo de Mari Carmen transitando apaciblemente por el salón de la mansión señorial.

También comulgo con la idea de que de las películas de Astaire-Rogers ha quedado únicamente el recuerdo de sus excelentes números musicales y canciones como Cheek to Cheek, mientras que en La diosa de la selva se está buscando el equilibrio entre la comedia de enredo y el musical canoro al servicio de Lily Pons, soprano francesa nacionalizada estadounidense ensalzada por la crítica a raíz de su aparición en 1931 en Lucía de Lammermoor.

En los años 40 llegó a ser considerada la mejor cantante del mundo y Marlene Dietrich afirmó que había sido junto a la propia Marlene la única artista en los frentes de la Segunda Guerra Mundial.

A E.E.Horton lo tengo por un excelente cómico, un tanto histriónico eso si. Probablemente Lubitsch equilibró lo hierático con lo histriónico obteniendo de él sus mejores interpretaciones. En La Diosa de la Selva está un tanto salido de madre. Hay que reconocerlo.






lunes, 15 de septiembre de 2008

JUNTOS HASTA LA MUERTE (RAOUL WALSH - 1949)



Sin anticipar desenlaces parece existir un cierto “toque Walsh” evidente tanto en Juntos hasta la muerte (por cierto, otro de esos “afortunados” títulos castellanos impuestos por las preclaras e insignes mentes de la época) y Al rojo vivo. Tan solo hay que cambiar el poblado indio de la luna por la cima del mundo. El resto, festival de pólvora, es idéntico. Ambos films del mismo año, el 39 y con una Virginia Mayo pluriempleada y en franco progreso artístico. Todo lo contrario de un Joel McCrea del que he visto cosas mejores, especialmente en su etapa Tourneur.


Pero no hay que confundirse, la película está bien pero, eso sí, tiene el lastre de ser un duplicado de otro trabajo del mismo Raoul Walsh. Me estoy refiriendo a El último refugio (High Sierra), año 1941, con un Bogart que sin ser el Bogart genuino que todos conocemos brinda una interpretación excelente al lado de una gran Ida Lupino. Pusieron el listón muy alto y eso lo acusa Colorado Territory, pero aún así Walsh le saca provecho.

Y es que Raoul Walsh es un cineasta de primer orden que no se limita a poner la cámara entre sus ojos y los actores. Va mas allá. Filma interiores, sentimientos, relaciones humanas, amores y traiciones, lealtades y egoísmos. Por ello los teóricos bandidos lo son menos y encajan como stars que se ofertan a un público un tanto harto de malos malos y buenos impolutos y al que le apetecen héroes de carne y hueso, con una mediocridad capaz de equivocarse y rectificar, de enamorarse de quien no deben y corregirlo.

Esta es la lectura con la que me quedo. La del excelente producto de la factoría Walsh, con su amplísimo catálogo de sentimientos, con especial dedicación al amor, la ambición y la superación. Una factoría a la que podría llamarse “La cima del mundo”, por ejemplo.



 

lunes, 26 de mayo de 2008

PELIRROJA (RAOUL WALSH - 1941)





Película en blanco y negro sobre una pelirroja luciendo palmito (Rita Hayworth), atrayendo los silbidos de los muchachos ocupados en tertulias de barbería y que si bien resulta interesante como retrato decimonónico con parques iluminados por farolas de gas, paseos en coche de caballos y la electricidad entrando en las casas de una sociedad alegre y confiada, adolece, a mi juicio, de una primacía de la comedia sobre el melodrama que si bien resulta lógico, por una parte, por otra se me figura excesiva. Probablemente las singular dosificación de risa y preocupación sean las exigidas por el guión para dejarnos unas cuantas moralinas ó moralejas, como prefieran.



Porque en definitiva, de eso se trata, de que acabemos convencidos que la belleza no lo es todo, que la vida es muy larga y que la elección de con quien pasarla no se basa solo en aquello de "pasó por mi lado, me dijo un requiebro, que fue de mi agrado", y que es mejor dedicar unos "minutos" a tomar decisiones serias. Ese es el corolario. Esa es la conclusión. El resto de la película, un entretenimiento donde debe haber mucho pan, porque las penas son menos, donde la venganza está en la muela y donde cinco años en presidio no son nada que diría el tango.


En resumen, una colaboración Raoul Walsh - James Cagney, discretita y, por supuesto, muy alejada de los cánones del "Al rojo vivo" o "Los violentos años veinte" que discurre entre el estribillo musical y repetitivo de la banda, la sobreactuación, por momentos de Cagney, los intentos de ser actriz de Rita Hayworth y que, benditos sean los Lumière, se enaltece gracias a la actuación irreprochable de una Olivia de Havilland que da prestigio y solvencia a la cinta y que, sin ella, hubiese sido, digamos, otra cosa. Como el requiebro, se ve con agrado. Nada más.






viernes, 2 de mayo de 2008

SIN CONCIENCIA (BRETAIGNE WINDUST/RAOUL WALSH - 1951)



 

Los años 40 fueron la década "prodigiosa" del cine negro. Pero los 50 ya eran otra cosa. Fueron años de un género que, algunos críticos califican como Cine del Sindicato (del crimen, evidentemente). En este sentido, The enforcer, es una cinta pionera que se estructura sobre hechos reales, las revelaciones hechas en 1940 por Abe Reles sobre la existencia de una organización denominada Murder Inc y las investigaciones impulsadas por el Comité Kefauver en 1950. De ahí que la película tenga más de documental que de cine negro tardío.

En cualquier caso, de esta triple conjunción (cine negro, cine de bandas organizadas y cine documental) resulta una obra encomiable por muchos aspectos y que engancha al espectador en una trama de macabros negocios dirigidos desde la sombra por el mafioso principal, algo así como un consejo de administración unipersonal, y ejecutados por una corte de impresentables personajes que ejecutan los "contratos" y liquidan los "objetivos" asignados (por cierto, términos reales en la jerga de este tipo de bandas organizadas) por Rico, "mando intermedio" que, cual oficina del INEM, se encarga de distribuir los trabajos.


La colaboración de un director como Walsh (Los violentos años veinte, A sangre fría) se deja notar y la escena del pistolero acribillado en el hall del hotel, es una buena prueba de ello. Por su parte, un veteranísimo Bogart con mucho oficio y un Zero Mostel en una interpretación soberbia, dan a la película el complemento ideal a un buen guión que desarrolla la trama con absoluta claridad y coherencia a base de flashbacks que encajan perfectamente en la propia historia que se nos cuenta.

Un film excelente que podría encuadrarse en la serie
B por su ajustado presupuesto y su falta de alardes y alharacas pero que, sin duda sería B de buena y con mayúsculas.








domingo, 6 de abril de 2008

LOS VIOLENTOS AÑOS VEINTE (RAOUL WALSH - 1939)



Ruido... Tanto ruido. Ruidosos veinte. Quizás una traducción más literal del título de un film sobre la década, no prodigiosa precisamente, del retorno de la primera guerra mundial y de la depresión económica por excelencia como fue la de 1929.

Raoul Walsh realiza un buen trabajo donde la realidad documental abre el camino a una historia de chicos buenos a los que las cosas les han ido mal, en un contexto de crisis económica post belicista con altos índices de desempleo y donde al amparo de la llamada Ley Seca proliferaron las bandas y los gángster, los salones clandestinos, los ajustes de cuentas, las balas y el olor a pólvora. De ahí lo de “violentos” años veinte. Pero el retrato de Walsh es el de una generación de supervivientes donde la diferencia entre el camino recto y el avieso se encuentra en que hagamos una carrera (de taxi) una determinada noche y con un determinado cliente. Donde la vida depende de una cerveza o de tener un corazón excesivamente sentimental.

La historia no únicamente la cuentan los libros o los documentales, también se cuenta en películas como ésta que nos ofrecen una visión equilibrada de los ruidosos y violentos, pero sobre todo difíciles años veinte.

Quiero referirme, para concluir, a “ese gran tipo” y sensacional actor, James Cagney, gángster por excelencia de nuestra retina cinéfila, muy bien acompañado por sui-géneris Bogart, que si bien ya nos ofreció otros papeles de malvado (sin ir más lejos, tres años antes había dado vida al evadido gángster Mantee en El Bosque Petrificado), por lo general eran tipos con sentimientos, todo lo contrario de este George Hally despiadado y sin escrúpulos. Respecto a ellas, me quedo con Panamá Smith (Gladys George) y su mano sobre la de Eddie Bartlett (Cagney). No estaría de más echarle un vistazo a su filmografía.


domingo, 17 de febrero de 2008

AL ROJO VIVO (RAOUL WALSH - 1949)

 

Antes de sentarse cómodamente en su sillón para ver Al rojo vivo de Walsh le recomiendo que haga un viaje a su cocina para cerciorarse de si en su calendario figura el año 2008 ú otro distinto. Porque la fuerza y el impacto, en lo que a violencia se refiere, de esta propuesta cinematográfica están en relación directa con el año gregoriano en que se sitúe el espectador. O dicho de otra forma, la violencia de Cagney-Walsh es un juego de niños y pistolitas comparada con la violencia de Tarantino, tapicería a la lavandería incluida.

Claro que las películas deben tener algo más que violencia, puñetazos y zambullidas a la piscina buscando el penalti y he de reconocer que Al rojo vivo tiene más cosas. Un James Cagney que lo hace bien, hasta encasillarse, en papeles de gángster (aunque para mi gusto lo redimió de forma definitiva Billy Wilder en su comedia Uno, dos, tres), una madre estilo John Ford - Uvas de la ira, es decir con temple, garra y co...raje, interpretada muy bien por Margaret Wycherly a la que ya había visto en Los verdugos también mueren de Lang y un Edmond O,Brien, secundario de lujo con una filmografía ídem de lo mismo.

En cambio Virginia Mayo es mucho más actriz de lo que aquí se percibe de ella. No lo hace mal. Al contrario. Le saca su partido a un difícil papel de esposa a ratos melosa, a ratos arisca, a ratos pelandusca del tres al cuarto. Pero claro, si te ponen al lado a Cody and Ma es inevitable que Verna se quede con carita de pena.

Otro aspecto significativo de esta película de gangsters, delincuentes comunes y forajidos (no tanto cine negro como se afirma) es la carga psicopática. Esas frustraciones, esas ambiciones muchas veces cercenadas de raíz. Esa infancia dura. Esas vidas marcadas. Eso es lo que queda. Eso, y no los puñetazos, es lo que sobrevive a sesenta años de historia. Los personajes que se desploman como fulminados por el rayo que no cesa en forma de puño cagneyano, se olvidan rápido. Frases como: ¡Madre...he alcanzado la cima del mundo!, cuestan de olvidar...



jueves, 6 de septiembre de 2007

EL ULTIMO REFUGIO (RAOUL WALSH - 1941)


Como ya afirmé en el comentario de Callejón sin salida de John Cromwell, Bogart is Bogart. Porque Bogart es genuino, como el tabaco rubio americano. Bogart es él y su estilo, y quiero citar un comentario de Kevin Koehler en la página web Pretentious Musings : “ High Sierra fue un film clave en la transición de las películas de gangsters estilo James Cagney a la era del cine negro definida por Bogart”.

“Sui generis” Bogart... Pero claro, uno no se acuesta por la noche siendo un desconocido y se despierta marcando estilo. La cosa va un poco más despacio. Por ello, aunque en “El último refugio, ese chico Humphrey ya apuntaba y muy alto, todavía Bogart no era Bogart. ¡Vaya lío! Pero seguro que me entienden.

De duro, va sobrado, de buenos sentimientos lleva exceso de equipaje pero de esa socarronería, de ese andar un poco como de vuelta de todo, de esa forma especial de dar una calada al cigarrillo, de eso que no se enseña en las academias ni está escrito en el guión pero que queda plasmado en el celuloide, de eso todavía le falta. Y es natural. Los años ennoblecen el vino.

De cualquier manera nos encontramos ante una película interesante, con una Ida Lupino que, aunque vaya por delante de Bogart en los títulos de crédito, y trabajando bastante bien, queda a la sombra de quien sería a partir de aquí uno de los mitos universales del legado de los Lumière. Y no debemos olvidar la presencia en el guión de John Huston, iniciando de esta manera sus colaboraciones con Humphrey Bogart que nos dejarían obras insignes como El Halcón Maltés, La reina de África, El tesoro de sierra Madre ó Cayo Largo.

Y si encima es de Raoul Walsh pues ya está dicho todo...