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miércoles, 2 de septiembre de 2020

THE BIG KNIFE (ROBERT ALDRICH - 1955)

 




Basada en una obra teatral de Clifford Odets que se estrenaría en Broadway en 1949 bajo la dirección de Lee Strasberg cofundador con Odets del Group Theatre e interpretada por John Garfield, “The big knife”  la película de 1955, fue algo así como un torpedo en la línea de flotación de un sistema, el de los estudios cinematográficos, que allá por los años 50 estaban en medio de una crisis causada en parte por la creciente competencia de la televisión y en otra por las leyes antimonopolio que pusieron freno al dominio de las grandes Majors en la práctica totalidad de las cuestiones relacionadas con el negocio de las películas provocando además el desarrollo de las productoras independientes.

Un espíritu libre como el de Odets no encajaba bien en Hollywood donde trabajó en la década de los 40 y el resultado fue la ruptura total y su regreso a Broadway con una obra donde quedaba claramente de manifiesto su descontento con un sistema mercantilista que anulaba sus capacidades artísticas. Su libro contenía además un ácido y descarnado retrato de los magnates de la industria cinematográfica, siendo unánime la opinión de que, entre los retratados, salían, no muy favorecidos precisamente, Louis B. Mayer de MGM y Harry Cohn de Columbia Pictures, e incluso parece que el propio título (The big knife, La podadora) hace una clara alusión a un mundo, el de las películas, donde todo se compra y se vende y donde todos parecen tener un precio. La propia expresión “podadora” evoca aquella otra de “títere sin cabeza” lo cual me parece bastante ilustrativo en el contexto al que se dirige.

La firma de un nuevo contrato por 7 años entre un actor de éxito y su productora desencadena una serie de situaciones tensas que ponen en riesgo la vida personal y matrimonial de una superestrella de la pantalla grande. Los oscuros intereses de todo un conjunto de personajes (o personajillos) al servicio de los grandes “boss” y de estos mismos, se nos muestran flotando en un líquido ya de por si turbio al tiempo que dibujan una historia donde el dinero, el poder y hasta el homicidio tienen su lugar de encuentro.

La actuación de Jack Palance como Charles Castle es absolutamente notable, de las mejores que le recuerdo, aunque físicamente no dé la imagen de guaperas de las matinés neoyorkinas. Por su parte, Ida Lupino, como su esposa, está espectacular y en esa línea a la que nos tiene acostumbrados. Mención aparte para Rod Steiger como productor, ejemplarizando la imagen que se espera de él, la de un ser odioso al que únicamente mueven el dinero y la borrachera del poder. La elección del resto del reparto es especialmente adecuada en Wendell Corey y Everett Sloane.  Punto y aparte con mayúsculas para la breve aparición de Shelley Winters.

Para mi gusto a la película le sobra teatralidad. Reconozco que está bien llevada y que de esta forma los diálogos mantienen su fuerza con una integridad que, seguramente, no se conseguiría con un ritmo menos estático, pero teatro y cine son dos medios comunicativos muy diferenciados que precisan de lenguajes distintos para acabar diciendo lo mismo. Con esta salvedad, que puede gustar o no, debo calificar este trabajo de Robert Aldrich (y por no ser injusto, de Clifford Odets) de altamente recomendable.

Puntuación: 8,80

 

 
 
 

miércoles, 24 de julio de 2013

APACHE (ROBERT ALDRICH - 1954)



                                                    
 
 
 
 
 
 
 
        Robert Aldrich (Doce del Patíbulo, ¿Que fue de Baby Jane?) dirige este film, uno de sus primeros trabajos, con la misma mano que luego sería reconocida como maestra. En «Apache» nos encontramos con un Aldrich que hace creible la historia que nos está contando, que hace de Massai el apache, un ser humano unido al destino del guerrero. Un Aldrich que nunca estuvo conforme con supeditar el destino de Massai a los intereses de los productores, circunstancia con la que tuvo que claudicar.

Massai (Lancaster) es un guerrero apache contrario a la sumisión de Gerónimo y su pueblo. Un espíritu rebelde que se niega a cambiar sus tierras por las de la reserva. Inicialmente capturado, aprovecha una distracción de sus guardianes para escapar a través de la ventanilla del ferrocarril convirtiéndose así en la presa codiciada del oficial de caballería Sieber (John McIntire) para quien Massai es el último exponente de la guerra con los pieles rojas.

En esa rebeldía de Massai encontramos el fin último de esta historia, el conflicto del guerrero incapaz de adaptarse a las nuevas formas que exige un destino inevitable. La vida familiar y una economía agrícola basada en el cultivo del maiz no parecen representar futuro alguno para un indio luchador, por mucho que el final seleccionado de entre los dos rodados pronostique una especie de pipa de la paz fumada frente a la chimenea, con las babuchas puestas y un pequeño Massai mecido en su cuna. Ciertamente, un desenlace cuya coherencia habría que buscarla más en el terreno de los finales felices antes que en el campo de la psicología del comportamiento. Cosas de las taquillas.

Buena la caracterización de Burt Lancaster para un personaje que parece hecho a medida. Así sus habilidades circenses son aprovechadas en sus «tournés» montañeras, unas veces en busca de caza, otras huyendo de sus perseguidores. Ciertamente el color de sus ojos no se encuentra entre los rasgos antropológicos comunes de los apaches, pero nos sentimos inclinados a pasar por alto este detalle. Sin embargo, la gran actriz que es Jean Peters (La mujer pirata) no consigue superar la prueba de su transmutación en una india nativa. Y lo digo, reconociendo que interpreta bien su papel pero físicamente no resulta demasiado creíble.

En resumen, un trabajo interesante, algo descafeinado por oscuros intereses que acabaron dándole a la historia un extraño giro que difería sustancialmente de la idea primigenia del director, pero que, aun así resulta meritorio y debe verse.

Puntuación:7,00

domingo, 20 de marzo de 2011

DOCE DEL PATÍBULO (ROBERT ALDRICH - 1967)


Doce del patíbulo es una película entretenida. El cine es cine por lo que si no encontramos demasiadas semejanzas con la realidad tampoco pasa nada. Si los alemanes salen "alegremente" uno tras otro para ser ametrallados sin remisión es el peaje que hay que pagar al entretenimiento y al que ganen los buenos, no faltaría más. Si los bidones de gasolina aparecen en el sitio adecuado y en el momento justo como si la providencia se hubiese envuelto entre barras y estrellas pues lo mismo, que no se trata de alargar la película desmesuradamente.

Sin embargo el entretenimiento de la primera vez que vi esta película y el de este nuevo visionado ha sido distinto. La primera vez valía todo. Los buenos eran muy buenos. Es verdad que estaban condenados al patíbulo o a prisión casi de por vida pero eran unos tipos nobles a los que muy mal debieron ponérseles las cosas para hacer lo que hicieron. La guerra y una misión prácticamente suicida van a poner las cosas en el lugar donde siempre debieron estar y redimirlos de sus anteriores malos pasos. Por el contrario los nazis, y así lo certificaban los comics de la época tipo Hazañas Bélicas, eran seres innombrables solo merecedores de morir entre aplausos del respetable. Pero el segundo visionado fue distinto, entretenido, eso sí...

 Encerrar a oficiales, resto de tropa, amiguitas y personal de oficios y servicios en los calabozos del castillo, hacerlos estallar sin el menor escrúpulo y encima ser condecorados por ello, limpiando así su historial delictivo me parece lo más ajeno a las convenciones de Ginebra y de lo más inmoral que se haya visto en cine. Porque ser de "los buenos" no consiste en matar enemigos nazis a diestro y siniestro sino en tener principios. Y los años me han hecho ver que, en esta historia, de principios no andan sobrados .

Con un buen reparto (Lee Marvin, Telly Savalas, Trini López, Ernest Borgnine, Charles Bronson, Robert Ryan, etc.) y con dosis de humor algo elevadas para un tema bélico como éste, la película se deja ver. Aldrich consigue que pasemos dos horas francamente entretenidas, con las puntualizaciones antedichas.

A bote pronto y puestos a elegir prefiero Los cañones de Navarone, por ejemplo...

miércoles, 2 de julio de 2008

SODOMA Y GOMORRA (ROBERT ALDRICH - 1962)

Posted by Picasa
Las cinematográficas mezclas de historia y sacralidad no suelen estar demasiado bien vistas especialmente en estos tiempos que corren. Lo de los milagros no se lleva bien últimamente y la historia tampoco se corresponde demasiado con el carbono 14. Estos son los handicaps de partida con los que cuenta Sodoma y Gomorra máxime en el 2008. No obstante me siento dispuesto a otorgar una buena puntuación a esta película. Aldrich es un buen director que convierte lo que podría haber sido un peplum de tres al cuarto en una excelente recreación histórica ó pseudohistórica, como prefieran.


Excelente el trabajo de cámara y montaje en la batalla con los edomitas, espectacular la destrucción de las pervertidas ciudades por la cólera de Dios, espléndida la filmación de jinetes y cabalgaduras en la carga sobre los hebreos y muy bueno en general el trabajo de dirección de masas, que haberlas háilas y abundantes. Como verán la seducción del film no está tanto en la representación de una vida regalada, lasciva, hedonística y sensual que es lo primero que se nos viene a la cabeza al pensar en Sodoma y en Gomorra sino en otros aspectos de realce: fotografía, color, interpretación de los actores, música y por encima de todos ellos, esa habilidad de su regidor para mantener bien el "tempo" de la obra y con ello su interés para el espectador.


Es cierto que esa gama cromática con que se inicia la película parece un presagio de aquellas psicodélias alucinógenas tan propias de los 60 y es igualmente cierto que 154 minutos de película pueden acabar lastrando. Falsas premoniciones. La fotografía, el color y en general todo lo relacionado con el apartado imagen, ponen su genial contrapunto a una historia que creíamos conocer pero que acabamos descubriendo que no. Que, sin entrar en el eterno dilema de cine versus realidad ó pseudo-realidad, es mucho más que la famosísima estatua de sal. Y en ese interés, no diré que se nos figure corta, pero casi...