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miércoles, 25 de noviembre de 2020

LOS OJOS DE LA MOMIA (ERNST LUBITSCH, 1918)

 

 
Los pioneros de este séptimo arte tan nuestro estaban lo suficientemente ocupados en el nigromántico trabajo de darle "alma, corazón y vida" cinematográficos al mundo de los sueños, como para entretenerse en clasificaciones y hablar de géneros. Las nacientes cámaras filmaban tanto trenes llegando a las estaciones como regadores regados, pasando por esos besos que siempre habían residido en las más domésticas intimidades. Por esta razón no podemos hablar con la seriedad requerida de "cine de terror" a pesar de que en los años 10 del siglo pasado ya se versionaban obras de Poe o de Mary Shelley. El "terror" como género no nacería hasta los 30 con una colección de obras, especialmente de la productora Universal, cuyo magisterio sobrepasó su tiempo y llegó hasta nuestros días.

"Los ojos de la momia" más que una incursión en el cine de terror es un trazo diferente en el universo cinematográfico dado por una de las personalidades más relevantes de este arte: Ernst Lubitsch, actor, director y sobre todo hombre de cine. Hace poco he tenido ocasión de revisar dos de sus incursiones como actor en las primerísimas comedias del cine silente: "Cuando yo estaba muerto" y "El palacio del calzado Pinkus", dirigidas por él mismo y donde nos sorprende con una más que interesante vena cómica. Ciertamente ni es Chaplin ni aparece en el reparto su famoso "touch", pero se presenta ante nosotros como un espíritu burlón, inquieto y con ganas de comerse el mundo del celuloide. Con la ayuda del productor alemán Paul Davidson y junto a dos promesas/realidades como Emil Jannings y Pola Negri se embarca en este su primer film dramático con bastante éxito.

Sin embargo, los terrores y misterios sugeridos por el título estallan como una pompa de jabón en escasos quince minutos. Desconozco si a los espectadores de 1918 les faltaba costumbre o si las salas cinematográficas germanas eran más oscuras y aterradoras , la cuestión es que desde los sofás contemporáneos las cosas se ven de otro modo y uno, en lugar de estremecimientos siente que le invade una risilla floja. El terror ni está ni se le espera. La comedia apunta de forma tan innata en Lubitsch como imperceptible . Lubitsch quería drama y tiene drama, exótico y con algún que otro tinte de misterio, como los poderes hipnóticos de Radu el egipcio (Jannings) pero drama al fin y sobre todo a la postre.

Ma (Pola Negri) a la que su secuestrador Radu obliga a interpretar el papel de la momia Ma, cuyos ojos parpadean al visitante desde su tumba, es rescatada por Albert Wendland, un pintor interpretado por Harry Liedtke, y llevada a Inglaterra donde contraen matrimonio. A su vez, Radu es recogido enfermo del desierto por el príncipe Hohenfels (Max Laurence) e incorporado como asistente a su servicio. El destino y un cuadro de Ma harán que de nuevo se crucen sus caminos y se precipiten trágicamente los acontecimientos.

Para los que nos sentimos afines a Lubitsch y su cine, es una película imprescindible. La genialidad, el toque y aquel "¿como lo resolvería Lubitsch?" de Billy Wilder, no eran más que un tenue destello en un horizonte que ya se presentía ahi. A sus 26 años Lubitsch tenía la osadía de los innovadores y una década de experiencia en el mundo del teatro. "Los ojos de la momia" significó sin duda un paso adelante en su carrera. para el que contó con la inestimable presencia, y habrían más, de Pola Negri y Emil Jannings. Tal vez el futuro de la comedia pasase por este terror sugerente de piadosas sonrisas, por una película como esta donde seguir sumando y aprendiendo. La forja de un cineasta es un proceso complejo y cuanto mayor es esa complejidad mas sutil y natural resulta el genio que surge del crisol de la experiencia. Es una generalización pero, podriamos decir aquello..."Pongamos que hablo de Lubitsch"
 

domingo, 16 de agosto de 2020

THE HOODLUM (SIDNEY FRANKLIN - 1919)

The Hoodlum es Mary Pickford. Básica y absolutamente. Todos los que desde nuestra ignorancia buscamos esa piedra Rosetta que nos explique los orígenes de este mundo mágico donde los  sueños se materializan en imágenes seguimos una ruta "aventurera" con escala obligatoria  en Griffith, Chaplin, Fairbanks y Pickford. "United Artists" frente al imperio del dólar y la fortaleza de los estudios cinematográficos. Una lucha desigual en la que David acabo imponiéndose a Goliath y donde los verdaderos protagonistas de aquel cinematógrafo cada vez más pujante se pusieron al frente de sus propios proyectos y revindicaron la autoría de sus trabajos.

Esta pequeña reseña histórica nos sirve para situar a Mary Pickford en su tiempo cinematográfico. La "chica de los rizos" y primera "novia de América" era una muchacha ambiciosa y decidida que desde sus inicios quiso lleva el control de su propia carrera: guiones, producción y lo que era mas importante, sus propios emolumentos. Consciente de su valía y del influjo que ejercía en las masas no dudaba en reclamar constantes aumentos de sueldo a los que no podían negarse unos estudios presionados por el enamoramiento colectivo y los benefícios en el "box office". Por otra parte Mary tenía una dotes innatas para la interpretación. A pesar de sus 22, 23 años, su pequeña estatura y su rostro dulce y aniñado la hacían idónea para personajes juveniles o infantiles, incluso masculinos muchas veces con los que acababa seduciendo a sus seguidores. Su popularidad se acrecentó con su participación, junto con otras celebridades medáticas de la época, en la campaña publicitaria para financiar la participación americana en la Primera Guerra Mundial mediante Bonos Estatales adquiridos por la ciudadanía. Otros hitos de su carrera fueron la creación de su propio estudio y la producción de sus películas, así como el legado que dejó para la posteridad con su participación, junto a otras personalidades, en la creación  de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood.

Cuando rueda, con su propio estudio, The hoodlum, Mary Pickford tiene 27 años, lo que no es obstáculo para que en el preámbulo del film interprete a una alumna de primaria frente a una pizarra, en la que, bajo el asesoramiento de un educador oculto entre bastidores, escribe con infantiles erratas, unos consejos publicitarios que se dice ahora, sobre los bonos para el soporte del país tras una guerra apenas finalizada. La edad tampoco es impedimento para que su personaje de la película sea una consentida niña, nieta de un gran magnate de la industria newyorkina que deja la mansión donde vive con su abuelo para hacerlo junto a su padre en un edificio de los suburbios. Relatarles los hechos seguro que no les aportará mucho, tan solo baste decir que hay un estilo de películas, entre las que se incluye The Hoodlum, donde además de los personajes que se nombran en los títulos de crédito, está uno fundamental que acapara el film y pretende avanzar sin nocturnidad ni alevosía, con mucha claridad aunque sigilosamente, entre la moralidad de los espectadores. Y este no es otro que la "escuela de la vida".

Valorar este trabajo de un pujante director para su tiempo como Sidney Franklin, de quien me gustó bastante "The Forbidden City", resulta complicado a la par que injusto, dada la diferencia de un siglo entre el entonces y el hoy. Criterios morales y costumbres diferentes. La especie humana igual y a la vez tan distinta. Por ello, me conformo con haber acercado un poco más la figura de la "pequeña Mary" a los cinéfilos curiosos del mundo de hoy. 

Puntuación:7,00
 
 

 


 
 


lunes, 3 de agosto de 2020

OTETS SERGIY (YAKOV PROTAZANOV, ALEXANDRE VOLKOFF, 1918)




Tratar de situarnos en una especie de pedestal elevado desde el que intentar comprender los hechos, literarios o no, acaecidos hace mas de cien años se me antoja absolutamente imposible. Dan igual tanto el contenido de los libros de historia incluidos en los planes académicos de nuestra infancia como la cultura o "culturilla" atesorada durante años de aburridas rutinas existenciales. Es posible que aquellos historiadores con dedicación exclusiva a la causa puedan alcanzar un plano espacial y especial desde donde atisbar muy someramente las interioridades de un alma rusa pre-revolucionaria, ya enarbole la hoz y el martillo o los últimos estertores del régimen zarista.

Yakov Protazanov fue uno de los pioneros de la cinematografía rusa y la visión que, juntamente con Volkoff efectúa de estos años seguramente convulsos (no olvidemos que se filma en 1917) nos resulta interesante a los profanos. Su cámara es un bisturí que, siguiendo la estela de la obra de Tolstoi, disecciona, es cierto que muy superficialmente, la sociedad de su tiempo con su régimen zarista y aristocrático, su religión ortodoxa y politizada y el pueblo llano necesitado de horizontes y esperanzas. A pesar de la superficialidad de los rasguños en la imagen de la corte zarista y del propio zar la película tuvo, digamos,  dificultades de exhibición y tanto el equipo de realización como los protagonistas valoraron positivamente la oportunidad de cambiar de aires, beneficiándose Francia de este exilio cinematográfico temporal.

La ambición del príncipe Kasatsky, oficial de la corte, por hacerse de un puesto privilegiado en el mundillo aristocrático cercano al zar, le lleva a cortejar a la condesa Korotkova, dama de compañía de la emperatriz. La antedicha condesa resulta hacer horas extraordinarias y ademas de acompañar a la esposa lo hace de forma más íntima con el marido por lo que una boda con el príncipe desviaría las sospechas cortesanas y acallaría muchas habladurías. Conocedor de ello Kasatsky se niega a servir de tapadera a nadie por muy Nicolás que se llame, así que renunciando a cargos, prebendas y astas de toro, pliega velas y toma los hábitos, adoptando mas adelante el nombre de Padre Sergio.

La naturaleza humana entra ahora en juego y, como el buñuelesco Simón del desierto, el clérigo de nuevo cuño sufre las tentaciones tanto de la condesa, en forma de pesadillas fantasmales, como de féminas aristocráticas casquivanas de carne más que hueso, atraídas por la presunta imperturbabilidad del pope. Y digo presunta porque cada perturbación diabólica conlleva su correspondiente mutilación contabilizada "digitalmente" además de una caída libre hacia los infiernos siberianos.

Sería injusto finalizar esta reseña sin mencionar al protagonista,  Ivan Mozzhukhin, actor muy reconocido en su tiempo cuyo trabajo en este film me ha parecido bueno aunque sin alcanzar el grado de excelencia. La cámara de Protazanov retrata en estático sus emociones transmitiendo de este modo su intensidad al espectador, nada que ver con los avances que llegarían después de la mano de Eisenstein y  Vertov y que, mediante técnicas de montaje, conseguirían acelerar el tiempo fílmico y exponenciar dramas internos.  Aún así el film cumple las expectativas y, a la vez, nos permite un mínimo acercamiento a esa realidad social, cultural y religiosa en cuyas entrañas se gestó buena parte de la historia de Europa. La tragicomedia de Simón el estiligita, en su versión tolstoiana, es el paisaje gris dentro de una batalla en ciernes, la revolución de 1918.

Está considerada una de las obras maestras del cine pre-revolucionario. Que conste en acta.

Puntuación: 7,4

lunes, 24 de abril de 2017

MATER DOLOROSA (ABEL GANCE, 1917)






En una sociedad postmoderna y pre-apocalíptica quienes aún buscamos las reliquias de Santa Teresa en el maravilloso mundo de los Hermanos Lumiere somos pocos y gracias a que nos refugiamos en nuestros iglús de celuloide conseguimos que no nos declaren locos ni se nos prenda fuego en hogueras de nitrato de plata. Pero me consta que, quienes han pasado por este mi blog que siempre fue el de ustedes, son gente que viviendo con plenitud la cultura de su tiempo encuentran un hilo conductor entre aquellos grandes locos con sus locos cacharros y las vivencias culturales de hoy en día. Y eso me parece hermoso y para esa gente con un alma barnizada de cultura y de historias inolvidables me atrevo a escribir y hablar de un genio del cine francés y universal: Abel Gancé. 


En este año 2017 se conmemoran los 100 años del estreno de su película Mater Dolorosa, una exitosa producción que anticiparía sus más reconocidos trabajos como J´accuse o Napoleón. Cineasta comprometido con los conflictos bélicos, especialmente con la primera gran guerra, aparcó momentáneamente los temas militares para centrarse en la cotidianeidad vital de una burguesía atrincherada en reconocimientos y respetabilidades, componiendo una película de soledades, de infidelidades, de celos y sobre todo de silencios, de muchos silencios. Son silencios cargados de bayonetas, lacerantes, hirientes, enloquecedores. La ley del talión. El ojo y el diente hechos silencio. El silencio de un film mudo al que tuve que vestirle con algunos temas clásicos que merodeaban por mi PC. El vacío insufrible se fue llenando pero la tortura del silencio permaneció incólume e in crescendo.


Un matrimonio en busca de respuestas. Un padre sospechoso de in-paternidad. Una madre que solo encuentra la mudez absoluta donde debería escuchar la risa de su hijo. Dos fuerzas inflexibles enfrentadas la una a la otra, con una promesa in articulo mortis como fondo. Todo ello conforma un film oscuro, de sombras y transparencias, espléndidamente captadas por la cámara, que insinúa más que declara pero que cala nuestra sensibilidad como caló la de los espectadores de su tiempo. Tanto que fue necesario un remake dieciseis años después realizado de nuevo por Gancé.


Podríamos discrepar acerca de la oportunidad o no de un final que no pienso descubrirles, pero una cosa les digo: En ocasiones los dramas corrientes concluyen (si lo hacen) con finales inusuales y lo mismo sucede a la inversa. Así es la vida y así son las exigencias del guión.

Puntuación: 7, 60