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viernes, 25 de septiembre de 2009

CAPTIVE WILD WOMAN (EDWARD DMYTRYCK -1943)


Captive Wild Woman (La mujer fiera) podría ser muy bien una de esas películas - complemento en aquellas impagables sesiones dobles de los cines de barrio. Sus 61 minutos aseguran entretenimiento serie B si no se es demasiado exigente y la mano directora de Edward Dmytryck (Encrucijada de odios, Los insaciables, El motín del Caine) nos deja sus buenos mínimos de calidad. No obstante, estamos ante un film prescindible salvo que estemos especialmente interesados en la obra de Dmytryck, en los films de tema genético o en el cine de terror de la Universal. Un cine que, en los 30 dejó obras maestras y en los 40 se lanzó por el terreno de las secuelas con bajones cualitativos más que evidentes.

Podría ser el complemento de La mujer pantera de Jacques Tourneur, película a años luz en cuanto a calidad pero con ciertas semejanzas. La fuerza animal de la mirada, por ejemplo, o la agresividad innata en momentos extremos. No obstante, el atavismo del film de Tourneur no guarda correlación alguna con los experimentos genéticos del científico loco Sigmund Walters - John Carradine en otra excepcional actuación – por lo que desprovisto de un argumento misterioso o inquietante, La mujer fiera se trastoca en un film vulgar y muy predecible construido en un entorno circense y donde las escenas de doma de leones y tigres acaparan en exceso el tempo cinematográfico.

Ciertas lecturas de la película hacen hincapié en los paralelismos entre la doma circense y la doma científica. Bien, es una idea. Sin embargo, gracias a Dios, la transformación de simios en hermosas mujeres anda todavía entre balbuceos, genéticamente hablando, lo cual es una suerte, porque aunque una mujer - bella o no - es siempre bienvenida al club, no andamos sobrados de primates. O sea que mejor dejamos las cosas como están.

No quiero ser demasiado cruel con una película que, aunque serie B, se deja ver y lanza la figura de la "mujer simio" sobre unos escenarios ya bastante repletos con las más diversas "perlas" de la iconografía monstruil. Tampoco esta mal que se nos invite a la reflexión sobre los límites de la ciencia, tema por cierto de actualidad candente, como demuestra el debate sobre los trabajos con células madre. Y además es muy probable que les entre el gusanillo de ver alguna que otro trabajo cinematográfico de Acquanetta, india arapahoe nacida en una reserva de Wyoming y que gracias a su exótica belleza fue especialmente buscada por los B-seguidores.

Propuesta de sesión doble: La mujer fiera - La fiera de mi niña. ¿Que tal?

Para poner tierra de por medio...



miércoles, 19 de noviembre de 2008

LOS INSACIABLES (EDWARD DMYTRYCK - 1963)


La sombra de la senatorial caza de brujas es alargada. Lo mismo que la del ciprés, Y todavía alcanza a Edward Dmytryk, visto lo visto. Solo así puede explicarse las críticas negativas en exceso a una película que supuso la mayor inversión de la Paramount en el año 1964 así como un gran éxito de taquilla.

Basada en un best seller del prolífico Harold Robbins, narra la ascensión de Jonas Cord a la cúspide de un imperio económico que negociaba con aviones lo mismo que con plásticos así como con el propio cine. Esta es una película mas de esas que tratan el cine desde dentro pero lo hace, no desde la óptica del cine y su mundillo sino desde la esfera del money money, del dinero que llama al dinero, del dólar que confiere el poder, la gloria y las mujeres.

Se ha dicho que guarda cierto paralelismo con la vida de Howard Hughes. Y ciertamente algunos de los personajes están claramente "emparentados" con stars cinematográficas de los 30. Es clara la relación Carroll Baker (Rina) con Jean Harlow, el rubio platino las delata, e incluso se habla de la posibilidad de que el papel de Martha Hyer (Jennie) fuese el equivalente a Joan Crawford. Sin embargo, y en mi opinión, el film no precisa de estas semejanzas para convencer al espectador.

Bueno, no es un convencimiento absoluto. Tiene sus lagunas. Ese lado oscuro del protagonista que condiciona su actitud de defensa agresiva y sus planteamientos negativos y fatalistas ante el concepto de familia estable, merman un tanto el film. Son buenos planteamientos para películas como Psicosis pero aquí las cosas van por otros derroteros, por lo que tratar de explicar las maldades inexplicables por la vía de la psicología freudiana es un riesgo innecesario. El espectador se contenta con millonarios pisoteando con garbo al personal, con sexis chicas boom envueltas en visones y con una colección de barrabasadas y perlas gramaticales a diestro y siniestro. No es preciso que en el fondo sean buenos.


Papel que ni pintado para George Peppard, actor que tal vez hubiese despuntado de no haber sido porque en aquellos años había otro, al que todos recordamos, que daba idéntico perfil para papeles como este pero que además tenia una calidad superior.

Por último, mencionar a Alan Ladd, nuestro recordadísimo Shane, quien fallecería poco después, victima de una mezcla letal de tranquilizantes y alcohol. Es posible que su actuación sea la más destacable de una película por la que no se tirarán cohetes pero que tampoco hay que denostarla en exceso.






jueves, 18 de septiembre de 2008

ENCRUCIJADA DE ODIOS (EDWARD DMYTRYK - 1947)


Curioso año el 47 cinematográficamente hablando. Una de las películas más premiadas (Oscar a la mejor película, al mejor director y a la mejor actriz de reparto) fue La Barrera invisible de Elia Kazan con premio para Celeste Holm, cuyo tema de fondo era el antisemitismo. Bien, su principal rival (optó al Oscar en las mismas categorías y además en guión adaptado y al mejor actor de reparto, Robert Ryan) fue precisamente Encrucijada de Odios con idéntica temática del antisemitismo.

Aunque hay que decir que en la novela original no se plantea un tema racista sino de condiciones sexuales pues el asesinado es homosexual. Complicado lo tenía Dmytryk con estos “planteamientos” para eludir la caza de brujas macartiana (permítanme la palabrita). Como así fue.

Hechos estos prolegómenos, diré que Crossfire es una película excelente. Que los tres Roberts andan muy finos en sus interpretaciones, Mitchum con su imagen característica de estar un tanto de vuelta de todo, Young como policía cuya responsabilidad vence a su cansancio y Ryan en otro de sus papeles a los que nos tiene acostumbradísimos, de complejidades sicológicas y alteraciones mentales.

Y si a todo ello le sumamos, por una parte a una Gloria Grahame que es un gusto verla (nominada al Oscar) y por otra un combinado de música y fotografía absolutamente magníficas y muy apropiadas a este género de cine negro, pues lo que tenemos es un trabajo interesante y ciertamente convincente.








HASTA EL FIN DEL TIEMPO (EDWARD DMYTRYK - 1946)


Desde el momento en el que establecemos un atisbo de similitud entre Hasta el fin del tiempo y Los mejores años de nuestra vida, ambas del 1946 y de idéntica temática, tendemos a colocar el film de Dmytryk un escalón por debajo, y es que siempre se ha dicho que las comparaciones son odiosas y además no imparten justicia. Y mucho menos cuando un director como Dmytryk es de los salpicados por el aquelarre McCarthy.

Pero ¿porqué culpabilizamos también a la película de los presuntísimos pecados de su progenitor?. ¿En que le afectan las desviaciones heréticas de su realizador? ¿Acaso en una agrupación ultraderechista de veteranos de guerra que, dicho sea de paso, es un pegote en el contexto de la obra?. “Ni católicos, ni judíos ni negros” llegan a decir. ¿Pero en qué país vivimos? En la USA post world war evidentemente...

El retorno de los militares de los tres ejércitos no fue una circunstancia más. Tres años y medio es mucho tiempo cuando la vida ha seguido su curso “normal” sin ti. Y volver a subirse al tren es muy trabajoso para los que vuelven con sus facultades íntegras y prácticamente imposible para quienes enterraron sus órganos en el Wounded Knee europeo. Eso sin hablar de los traumas psíquicos que dejan huellas tan indelebles como las manos sobre el boulevard hollywoodiense, ni de los Dean “rebeldes sin causa” a los que no les sobran los motivos sino mas bien les faltan.

Este es el trasfondo gris que Dmytryk retrata. Sobre él, tanto el amor pasional como el paternal dejan un brevísimo destello de color. El resto, un cóctel de oscuridad eso sí, con su buen chorro de esperanza. La del soldado caminando con sus piernas artificiales y sus muletas.

En cuanto a las interpretaciones me quedo con los ojos de Dorothy y el estilo Mitchum. Cumple con profesionalidad Bill Williams en su papel del discapacitado Perry. Y en cuanto a Guy Madison, ni fu ni fa. Será que la sombra de James Dean es demasiado alargada...


 

viernes, 21 de diciembre de 2007

LA MANO IZQUIERDA DE DIOS (EDWARD DMYTRYK -1955)



Comulgo, nunca mejor dicho, con la idea de que existe el religioso como género propio y diferenciado del resto. Películas como Las sandalias del pescador, Los diez mandamientos ó La historia mas grande jamás contada se encuadrarían mejor en la categoría de films religiosos antes que en el género Drama (subgénero: Religión, eso si).

No obstante, discrepo en catalogar La mano izquierda de Dios como película religiosa. Es absolutamente cierto que el mensaje último y profundo de la cinta es aquella máxima de que Dios escribe derecho aun con los renglones torcidos. Pero este mensaje también puede asumirse desde conceptos no tanto religiosos como humanos. La generosidad y el amor al prójimo pueden ser entendidos desde planos religiosos pero también desde perspectivas mas terrenales. Para mi, La mano izquierda de Dios es una película de aventuras con mensaje, donde encontramos a un Bogart aparentemente distinto al que estamos acostumbrados a ver pero que, fijándose bien, mantiene su habitual equilibrio entre malicia y humanidad y donde echamos algo de menos esa sensualidad de Gene Tierney aunque disfrutemos de su belleza de siempre.

La película es una buena muestra de un cine que, independientemente de donde lo encuadremos, derrocha profesionalidad por los cuatros costados. E.G.Marshall y muy especialmente Agnes Moorehead contribuyen con su buen trabajo a que la película acabe dejando un sabor de boca muy gratificante.