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lunes, 30 de mayo de 2011

ESTA MUJER ES MÍA (W.S. VAN DYKE - 1940)


Hay actores a los que nos cuesta infinito imaginárnoslos de otro modo. Seguramente coincidirán conmigo que Spencer Tracy es uno de ellos, anclado per secula seculorum en personajes de valores personales profundos o cuando menos de trato amigable, distendido, juicioso y con sentido del humor. Seguramente habrá excepciones, pero no harán más que confirmar esta regla. En el caso que nos ocupa, Tracy da vida a un doctor comprometido con la gente y con su profesión, disconforme con las prácticas médicas de algunos colegas suyos que desde suntuosos edificios se dedican a sanar a hipocondríacas adineradas mordidas por lindos gatitos. El papel le sienta a Tracy como anillo al dedo y aunque la película no venga a ser nada del otro jueves, el actor deja trazas de su excelente profesionalidad.

Junto a él, en el rol femenino de señorita acostumbrada al buen vivir y con problemas sentimentales, Hedy Lamarr pone encanto, figura y belleza y algunas dotes, no demasiadas, como actriz. Su imagen acapara la pantalla y nuestros ojos secuestrados le rinden pleitesía, pero quizás por esa misma razón acabamos advirtiendo que el “talento” corporal cobra notoria ventaja sobre el artístico. No quiero pecar de injusto, la muchacha lo intenta y la resultante es un trabajo digno, que, si se deciden a verla, les entretendrá y les ofrecerá alguna que otra moralina.

De entrada les diré que el proyecto de esta película tardó bastante en realizarse y en el participaron en distintas épocas directores como Joseph von Sternberg, Frank Borzage y el propio W.S.Van Dyke. Las intromisiones de Louis B.Mayer, obsesionado con hacer de la Lamarr de Extasis una gran estrella, no gustaban a Sternberg por lo que se retiró y su material fue descartado. Borzage y especialmente Van Dyke (en 23 días) terminaron un proyecto que se conoció como “ I re-take this woman” ( con el re delante) o La locura de Mayer.

Como en todos los films que repaso, ha tratado de encontrar, como si de Wally se tratase, esa ostra madrepórica con perla dentro que se esconde en algunas películas. En este caso la sandokaniana perla de Labuán la encontramos en Verree Teasdale. Una de actriz de la que tenía pocas referencias pero que borda un personaje fuerte y con carisma. Toda la debilidad de Georgi Gragore(Hedy Lamarr), todas sus inseguridades, se contrapuntean con la fortaleza de Verree. Su personaje de Madame Cesca, propietaria de una tienda de modas de señora con buenísimas relaciones sociales daba mucho juego pero la fuerza interpretativa de que hace gala, lo mejora sin ninguna duda.

Llegados a este punto de que apenas les he dicho nada del argumento. Bueno, no suelo dar demasiadas pistas. Baste decir en este caso que las desventuras sentimentales de Georgi en lugar de sumergirla en las aguas oceánicas la sumergen en los brazos matrimoniales del Dr. Karl Decker, pero la sombra del anterior amor sigue siendo alargada. Sencillo resumen de una película que más bien pasó a la historia por las controversias de su realización que por méritos propios, aunque se deja ver y alguno tiene.

Puntuación: 6,00 





martes, 28 de octubre de 2008

SAN FRANCISCO (W.S.VAN DYKE - 1936)



¿Qué es lo más destacable de la película? No puedo decírselo. Supongo que dependerá de cada uno de nosotros como espectadores. Yo me quedaría, tal vez, con la interpretación de Clark Gable, actor al que no había valorado demasiado bien en otras películas como Mares de China (1935) pero que aquí demuestra temple y mando como los toreros.

Pero...también me quedaría con Jeanette MacDonald, interesante actriz pero excepcional diva del “bel canto” en un papel a medida dentro de un musical probablemente también a medida.

Pero...también me quedaría con la canción, con ese tema principal de la película que evidentemente ya conocía desde hace muchos años pero que he promocionado hasta el “top-ten” de mi hit parade particular y ahí estoy, tarareándolo en mis peregrinaciones diarias.

Y...también me quedaría con esos efectos especiales, año 1936, no lo olvidemos, que nos transmiten la fuerza, la impotencia y la angustia de aquella catástrofe.

No me hagan elegir. No puedo. Me quedo con la película entera. Con la plena realización de W.S. Van Dyke ( donde colaboraron también el propio Griffith y Eric von Stroheim), con ese puñetazo del curita Tracy que catapultó a Gable, de la lona al estrellato (evidentemente algunos trabajos del rey Gable ayudaron a esta ascensión “estelar”: Pongamos que hablo de Rebelión a bordo o de esta interpretación del seductor magnate del juego Blackie Norton) , con su historia de amor de ni contigo ni sin ti, e incluso con esa San Francisco resurgiendo de sus cenizas gracias a la fe y al trabajo de sus ciudadanos.

Les confesaré algo. Cuando el film sufre ese giro brusco, desde la comedia musical al cine catastrofista, llegué a pensar que la película se resentiría. Y no sucedió así. La dura realidad se impone al vodevil, a la alegría, al music hall y se hace un lugar justo enfrente de los espectadores. Y lo reconozco, conmueve. ¡Vaya si conmueve...!








viernes, 10 de octubre de 2008

ALMA EN LA SOMBRA (W.S. VAN DYKE - 1941)


La psicología es una de las ramas más complejas de la medicina. Lo digo desde mi posición de profano absoluto en la materia. Por ello, las anormalidades mas disparatadas pueden ser clínicamente posibles. Esa es una de las conclusiones a las que uno llega viendo películas como ésta. Porque la cuestión no estriba únicamente en las desaforadas consecuencias que pueden desencadenar los celos enfermizos sino que además existe otra patología, la de aquellos psicópatas que ven fantasmas donde no los hay y que necesitan estar molestos, intranquilos y por supuesto, celosos.
Esta es la situación en esta interesante película, mezcla de cine de suspense y de psicópatas, muy al estilo de cinematografías reconocidas como la de Hitchcock (Psicosis) ó el propio Fritz Lang (Secreto tras la puerta). No quiero decir con ello que alcance la categoría de estos films emblemáticos, pero sí que anda en línea con este género de personalidades inconfesables, traumas materno-filiales y otras hierbas de similar cariz.

Contar con la presencia de Ingrid Bergman es siempre un lujo. Rodearla de un magnífico actor como George Sanders en una interpretación algo inusual de bueno, bueno y romántico, es otro acierto. Y añadir la presencia de Robert Montgomery, una buena guinda a un pastel estelar más que notable. Todo ello conforma un buen film dirigido, en créditos, por W.S.van Dyke pero en el que colaboraron también Robert B. Sinclair y Richard Thorpe.

La ficción tiene sus reglas del juego que, en ocasiones, se apartan de las realidades convencionales. Por ello, es fácil que la resolución adoptada para darle carpetazo al film atienda más a intereses comerciales y de audiencia que a realidades verosímiles. Veamoslo así. Cine es Cine. Y no le den más vueltas...



viernes, 19 de septiembre de 2008

TARZAN DE LOS MONOS (W.S.VAN DYKE - 1932)



Joseph Losey ponía en boca de Topol (Galileo Galilei): “pobre del país que necesita héroes”. En el contexto oscurantista en el que se integra la frase, puede entenderse y apoyarse esa afirmación. Pero en tiempos de crisis la sociedad necesita esperanzas que le ayuden a seguir manteniendo el tipo. Y tras la depresión bursátil del 29 había que aferrarse a algo. Y el cine colaboró con su oferta de sueños (Kapra) y de héroes (Tarzán). El público sabía bien que la ficción nunca recompondría la realidad, pero necesitaba de los héroes para seguir sobreviviendo.

Por ello la película de van Dyke no es fiel al desarrollo de la novela de Burroughs. No pretende para nada explicar los orígenes de Piel Blanca “Tarzán” ni su adopción por los gorilas ni su señorío sobre los animales de la selva. No parte de cero. Parte del héroe necesitado. El que siempre acude cuando se le necesita. El héroe salvando a los elefantes. El héroe salvando la expedición de los grotescos pigmeos.

Es absolutamente cierto que la película tiene más fallos que una escopeta de feria. Pero respetemos que estamos en 1932 y sobre todo no veamos únicamente lo negativo. Seamos positivos. Valoremos la exhibición física de un gran atleta como Weismuller. Disfrutemos de la belleza y también de una cierta sensualidad, para la época, de Maureen O,Sullivan, actriz un tanto floja pero Jane por excelencia del mundo Lumière. Valoremos el trabajo de un actor como Aubrey Smith. Y sobre todo reconozcamos que aunque la escopeta tenga fallos, hubo que hacer una escopeta, con sus pantallas superpuestas, sus documentales tipo National Geographic, sus hombres-mono, sus trapecios disimulados y para ser totalmente justos, los elefantes eran elefantes de verdad. Eso sí con trasplante orejudo. Pero hasta eso tiene su mérito...