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sábado, 6 de septiembre de 2014

TRAS LA PISTA DEL ZORRO (VITTORIO DE SICA - 1966)


La dirección de Vittorio de Sica no pasa desapercibida y tiene su gancho. Reconozco que influyó decisivamente en la decisión de ver esta película. Grave error. Y aunque no acabo de explicarme como el gran cineasta italiano, uno de los padres del neorrealismo, se prestó a esta caza del zorro – tutti per la pasta- le eximo de culpa dado que la película no es suya sino de Peter Sellers y la productora (Brookfield) que formó junto a John Bryan. El actor británico, cómico memorable (El guateque, La pantera rosa, Dr. Strangelove) era fuera de las pantallas un tipo maniático, extravagante y de trato complicado. Su relación con De Sica fue casi imposible. Decía que pensaba como italiano mientras que él (Sellers) lo hacía como un inglés. Irrumpía en el rodaje aunque no tomase parte en las secuencias, especialmente cuando su esposa Britt Ekland actuaba. Incluso pretendió reemplazarlo a lo que se opuso su socio por razones financieras. Esta fue la primera y última película de Brookfield.

“Tras la pista del zorro” nos muestra las aventuras de un delincuente llamado Aldo Vanucci (Peter Sellers), conocido por El zorro, que ingenia un plan para introducir en Italia los lingotes de oro robados en Egipto. Para ello simulará ser un afamado director de cine rodando una película en una localidad marinera donde se producirá el desembarco de los lingotes con la colaboración de la totalidad de la gente del pueblo ilusionada con participar en una película. Victor Mature interpreta el papel de un famoso actor veterano a quien convencen para actuar en el film.

Uno se imagina esta película con la interpretación de Vittorio Gassman y siente que nos han birlado un excelente film. La trama argumental es francamente interesante y la mano en el guión de Neil Simon (Descalzos por el parque, La extraña pareja) se nota positivamente, pero el tono desmedido y casi esperpéntico de Sellers en una mala repetición de los mismos clichés que le dieron fama, resta demasiados puntos. Estamos ante un Sellers complaciente y pagado de si mismo que parece no darse cuenta de que las buenas comedias van más allá de la exageración en los gestos y los disfraces a lo Mortadelo. El espectador también agradece lo inesperado, lo sorprendente y el humor inteligente. Quizás por ello, por estas carencias son películas que suelen envejecer mal. Y aunque suene a blasfemia, incluso a La pantera rosa del gran Blake Edwards se le notan demasiado las canas en la actualidad. 

 ¿Destacable?: El tema musical de Bacharach, digamos correcto y la presencia de un actor que responde a ese nombre: Akim Tamiroff. Respecto a la participación de Martin Balsam y Victor Mature, solo se entiende por lo que decía antes, “per la pasta” y supongo que un poco por el caché que daba trabajar con el maestro De Sica.

Si la han visto: Olvidable. Si no la han visto: Prescindible



Puntuación: 5,00





lunes, 1 de marzo de 2010

EL LIMPIABOTAS (VITTORIO DE SICA - 1946)


Del mismo modo que me sucedió con Milagro en Milán trato de buscar adjetivos para este neorrealismo de Vittorio de Sica, que se aparta en los fondos, que no en las formas, de los parámetros establecidos por el cine de Rossellini (Roma, ciudad abierta, Alemania año cero, Camarada).

Traigo a colación una cita de André Bazin, crítico francés, que dice: " el estilo de Rossellini es una manera de ver, de Sica es, ante todo, una manera de sentir". Traduciéndolo a El limpiabotas la cuestión no estriba tanto en la pobreza extrema post conflicto bélico que obliga a que el primer mandamiento de niños, jóvenes o adultos sea la supervivencia sino en la descripción dura y acerada de como la guerra y sus secuelas afectan de forma irreversible a la infancia y a la juventud, golpeando amistades y sueños. Igualmente, de Sica pone en entredicho un sistema carcelario alejado de cualquier interés reformista donde la represión y la deshumanización campan a sus anchas. En El limpiabotas lo importante no es la desolación del paisaje urbano sino la destrucción del paisaje sentimental.

Abundando en este última línea de pensamiento, quizás por ello no extrañe demasiado que el film fuese rodado en su mayor parte en estudio y que las localizaciones no fuesen especialmente significativas. Eso sí, la película contó con actores no profesionales, circunstancia plenamente neorrealista, así como con el guión de uno de los grandes expertos del género Cesare Zavattini. Resultado: Una obra maestra del cine italiano y mundial justamente reconocida con el Oscar a la mejor película extranjera en un tiempo donde la estatuilla se otorgaba fuera de concurso como reconocimiento a otras filmografías.

No es de extrañar que en una Italia sumida en la destrucción, la miseria, el mercado negro y tratando desesperadamente de sobrevivir y dejar atrás una época lacerante de su existencia como país, El limpiabotas, con todos los reconocimientos internacionales que se quieran, supuso un fracaso comercial y de crítica. El público demandaba cine escapista. El cine de Hollywood abría los ojos a alguna esperanza mientras que el neorrealismo los entornaba hasta cerrarlos. La historia de dos amigos soñando con la libertad simbolizada en un caballo que, avatares de una sociedad cruel, se ven abocados hacia su destrucción personal no podía ser aceptada por una sociedad que intentaba mirar hacia adelante y soltar amarras.

Quizás con este premio, el mundo "civilizado" (entre muchas comillas) quiso reconocer el gran sufrimiento y la estoica entereza del pueblo italiano. No busquen casualidades: Rossellini, Visconti o el propio De Sica no podían haber nacido en ningún otro lugar.


jueves, 11 de febrero de 2010

MILAGRO EN MILAN (VITTORIO DE SICA - 1950)


Se hace necesario acuñar una definición para este género cinematográfico. Lo de neorrealismo italiano se le queda pequeño. El neorrealismo retrata realidades y en los años de postguerra estas realidades eran duras y en países como Italia o la misma España, la dureza llovía sobre un mojado histórico. Definir como neorrealista un film como Milagro en Milán es válido pero insuficiente. Hay que adjetivarlo. Me ha gustado lo de neorrealismo mágico por lo que supone de vuelta a la infancia y de recuperación de la capacidad de soñar.

No en vano De Sica inicia su película con ese “Había una vez” tan propio de esos cuentos que nos adormecían de niños y que, al llegar a adultos hemos redescubierto en sus significados eternos y profundos. No en vano, también, la concluye con la esperanza de un lugar donde tener un buen día signifique ni más ni menos que eso, tener un buen día. Y en medio, un film donde la pobreza se viste de honradez y la riqueza de fariseísmo y donde aquel niño nacido como en los cuentos domésticos de una col se convierte en líder entre espiritual y mágicamente pragmático de una sociedad de indigentes. ¿Connotaciones cristianas? Probablemente. Pero sobre todo un retrato donde las acideces neorrealistas se camuflan entre canciones, risas, organillos, milagros, seres celestiales, fuerzas antidisturbios en traje de camuflaje y cantando ópera. Donde al final de la escapada vía escobas voladoras se halla, o al menos nos queda la esperanza, la antítesis de un mundo donde se han atrincherado el recelo, la codicia y la ley del dinero, entre otros residentes similares.

Un cuento de magia e ilusión, repleto de bondad y de optimismo, con sus personajes buenos y sus bellacos redomados que han de acabar perdiendo porque si no, no sería cuento. Nuestro yo infantil, ese que conservamos en nuestro interior y nos mantiene a flote en los mayores naufragios, verá hadas, príncipes y enanitos gruñones pero entrañables. Nuestro yo maduro, con sus descosidos y sus remiendos, verá la dureza de la supervivencia y la injusticia de un mundo que no precisa que te descuides para pisarte y encima retorcer el zapato.