Mostrando entradas con la etiqueta VICTOR FLEMING. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta VICTOR FLEMING. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de junio de 2010

TIERRA DE PASIÓN (VICTOR FLEMING - 1932)


Red Dust es sobre todo una película Pre-Code. ¿Que significa esto?. Se trata de un film realizado en años anteriores a la efectividad del Código Hays (Julio 1934) que estableció líneas de conducta moral para un cine que, con la llegada del sonoro y especialmente durante la gran depresión se había refugiado para sobrevivir financieramente en temáticas tales como "blood and guts" (sangre y tripas) o "hot cha-cha", en traducción libre, ritmos exóticos calientes.

En este contexto, Jean Harlow, máximo exponente de la seducción vive al lado y además nos hace reír, es la vamp (pero menos) idónea, cercana al espectador pero con la frescura suficiente para "hot cha-cha" a un regimiento. Clark Gable es un sinvergüenza y mujeriego que intenta dárselas de duro pero que, si las faldas se levantan más de lo socialmente aceptable, pierde el oremus y si las faldas se resisten también. Y por último Mary Astor es la resistencia (no francesa) pero que se muere de ganas por arremangarse sugerentemente bajo la "rain" monzónica.

Prostitución, adulterio, y los principios éticos y morales en remojo tropical, es el activo de un film donde Indonesia, el caucho y su proceso de elaboración son la excusa para amoralidades varias que distraían a la audiencias "liberales", que las otras empezaban a pirrarse por Shirley Temple.

Red Dust es el antecedente de otro film mítico: Mogambo de John Ford con Ava Gardner, Grace Kelly y el propio Clark Gable. Cambiando escenario (la acción se desarrolla en África) y pecado (en España el adulterio se tornó incesto) el "menàge" revivió en el 53, con un código Hays vigente, aunque "nominalmente" mas que otra cosa.

Como curiosidades: La película se rueda fundamentalmente en estudios, hirviendo agua en tetera y empapando la frente de los actores para conseguir el efecto sudor tropical. Las polillas se sueltan antes de cada rodaje, etc. Además, por aquellas fechas se suicida Paul Bern el esposo de Jean Harlow en circunstancias poco claras (se barajan temas financieros, de impotencia sexual o incluso de una madre excesivamente dominante). El caso es que a la MGM le interesaba no perjudicar la carrera de su estrella y echó la suficiente tierra para ocultar el asunto.

5 años más tarde moría Jean Harlow. La leyenda estaba servida y desde entonces, la mansión fantasmal, cuentan los "cuartos milenios", ha sido objeto de fenómenos paranormales, ya saben, gritos y susurros pero sin Bergman.



lunes, 10 de mayo de 2010

LA ISLA DEL TESORO (VICTOR FLEMING - 1934)


La novela de Robert Louis Stevenson es, sin ninguna duda, una de las obras magnas de la literatura universal. ¿Quién no ha tarareado, con más o menos alegría, “Ho, ho, ho, y una botella de ron”. ¿Quién no ha surcado los mares a bordo de La Hispaniola? ¿Quién no ha sido pirata cojo con cara de malo y parche en el ojo? ¿Quién no ha tenido un lorito que habla en francés? ¿Quién no ha exclamado “¡Al abordaje!? Marchando una de piratas…

La isla del tesoro, versión Fleming, ha de apechugar con ser una de las muchas versiones cinematográfica de una insigne y conocidísima novela. Sus actores han de dar gestos y facciones a personajes cuya corporeidad era tan múltiple como múltiples han sido a lo largo del tiempo los lectores del libro. Y, por descontado, siempre habrá quien los haya imaginado de otro modo, quien haya alargado en demasía a “Long” Silver y restado infantilidad al grumete Hawkings. Son versiones, opiniones, gustos, tan diversos como cada uno de nosotros.

Victor Fleming, Wallace Beery y Jackie Cooper, con la ayuda de Lewis Stone, Nigel Bruce y muy especialmente ese magnífico actor que fue Lionel Barrymore, salen airosos de un empeño difícil: Darle cuerpo a una obra multicorpórea y conseguir que los jóvenes vivan y los veteranos revivan la eterna búsqueda del tesoro. Un tesoro que, de muy diversas formas, ha movido el mundo de la ficción. Tantas que, ahí tenemos, el santo Grial, el Arca perdida, la piedra filosofal o el tesoro de sierra Madre, entre otros, esperando un Indiana Jones, un Harry Potter, un Bogart o un Tintín para alcanzar la heroica culminación de los sueños.

Stevenson, lo mismo que Julio Verne, fue maestro en el arte de llenar nuestros sueños tanto de doblones de oro y de perlas tan grandes como huevos de avestruz, como de objetivos maravillosamente alcanzados gracias a nuestros valores y a nuestras fuerzas. Víctor Fleming puso la cámara delante de nuestros sueños y el resultado ahí está. Bien sea por R.L. Stevenson o por nosotros mismos, La isla del tesoro es ese gran complemento que nuestros sueños se merecían.