Como muchas de las grandes obras cinematográficas Harley tiene su origen en una exitosa comedia de Broadway interpretada por Frank Fay ex marido de Barbara Stanwyck quien consiguió revitalizar su carrera con aquel trabajo que estuvo cinco años en cartel y que fue reconocido con el Premio Pulitzer. Su papel en el cine, aunque también se pensó en Bing Crosby, acabó siendo para James Stewart, sustituto vacacional de Fay, y ello, en mi opinión, es el gran éxito de Harvey. Su trabajo se nominó al Oscar y tan solo la genial actuación de José Ferrer en Cirano de Bergerac se lo arrebató, compensándose en cierto modo con el Oscar a la mejor actriz de reparto otorgado a Josephine Hull quien ya había actuado en la comedia teatral y que debe reconocerse que luce una actuación magistral como hermana de Elwood.
Es este el papel preferido por Stewart, quien, cuando lo hemos visto de duro ha tenido el corazón blando como una esponja y cuando iba de blandengue siempre tenía la contundencia de las verdades absolutas. Aquí, bajo una capa de esas confiadas alegrías que da el alcohol, esconde las verdades del barquero más rotundas. “Si no eres listo, sé amable”, principio que aplica con precisión a su propia vida, haciendo y conservando amigos que dan sentido a su existencia y que no se cortan un pelo en invitar a copas al gigantesco y aparentemente invisible conejo.
Koster no se define sobre la realidad o no del conejo sino que pone al espectador ante sus propias estructuras y deja que seamos nosotros quien decidamos. Y nuestra decisión es, en el fondo una definición de lo que es, o dicen que es, la locura y quienes dicen que están locos y quienes realmente lo están. Meditaciones como ésta son las que establecen nuestra proximidad al desguace o no.
James Stewart es, sin ningún género de dudas, uno de los mejores actores de este mundo cinematográfico que nos apasiona. Sin él, y la gran interpretación de Josephine Hull la película hubiera sido muy distinta. Con una serie de momentos ingeniosos de excelente comicidad, como la confusión en el internado respecto a la identidad del enfermo, la escena del cuadro familiar y algunos otros, la película tiene todos los ingredientes para hacernos retroceder unos cuantos años hasta aquellos tiempos donde todo era posible y ¿porquoi non? Hasta los conejos invisibles podían existir. ¡Vamos! Una especie de aceite lubricante 3 en 1 o similar…
Puntuación: 8,80