Por una parte he tratado de llenar una laguna (no precisamente negra) visionando uno de los trabajos más reconocidos de Jack Arnold, documentalista en sus orígenes y posteriormente experto en ciencia ficción. Y hacerlo con esta “criatura de la laguna negra” es una buena forma, especialmente si pensamos en su influencia en trabajos de otros directores como Spielberg (Tiburón) o en las referencias encontradas hasta en trabajos del gran Billy Wilder como La Tentación vive arriba, cuando a la salida de un cine en que se proyecta esta película se dispara el ventilador subterráneo en una de las escenas más famosas no solo de este film sino del cine en general.
También los proyectos de remake no me han dejado indiferente, como tampoco lo ha hecho la muy posible inspiración del monstruo acuático con los engendros espeluznantes creados de las pesadillas de H.P.Lovecraft. También las innovaciones técnicas del 3D son otro punto a favor.
Pero una cosa son las perspectivas y otra la realidad. Y esta nos habla de una criatura que a todas luces se ha mantenido en el mismo estadio evolutivo desde el devónico, en un hábitat como el amazónico apenas hollado por el hombre y cuya tranquila existencia viene a ser turbada por un equipo de geólogos e ictiólogos tratando de adjudicarse uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la humanidad.
Con los medios técnicos actuales el film tendría todas las cartas para ser uno de los más espectaculares y taquilleros de todos los tiempos. Pero aquello era el 55, ya saben, y para mas inri, serie B, low bullet, mucho maquillaje y un buen nadador con grandes pulmones para resistir under the sea. Dificultades que no nos deben desanimar sino, al contrario, hacernos valorar la historia que se nos cuenta muy al estilo King Kong o La bella y la bestia, con tomas submarinas de calidad y un artístico ballet acuático donde Julie Adams (habitual en series televisivas de los 60, como 77 Sunset Street) muestra sus habilidades natatorias y logra con su interpretación el papel estelar de su carrera.
La “rana y la princesa”, los sentimientos en embrión de un antecedente humano, la codicia y el amor por la investigación, la aventura e incluso momentos de suspense, son la oferta de este film que hay que ver, mas que con gafas tridimensionales, con ojos de un buen amante del cine.
Puntuación: 7,15