miércoles, 6 de febrero de 2008

DESEOS HUMANOS (FRITZ LANG - 1954)


Valorar una obra cinematográfica nunca es tarea fácil. Mucho menos cuando se trata de una película inspirada en una obra literaria de un genio como el francés Émile Zola y muchísimo más difícil aun cuando está dirigida por directores que se apellidan Lang ó Renoir.

No voy a entrar en aspectos técnicos, para los cuales hay gente mucho más preparada, pero las sensaciones que ha dejado en mi la versión Lang de La Bestia Humana de Zola han sido infinitamente mejores que las que en su día me dejó la versión Renoir, que probablemente tenga un mayor mérito como trabajo de pura cinematografía pero que anda un tanto light en lo que se refiere a pasiones vitales. Y ahí Lang vence a los puntos a Renoir. Al menos así me lo parece a mi.


No es tanto cine negro como cine pasional. En algunas escenas la química Ford-Grahame produce combustiones y ascuas incandescentes. Ambos están bien en sus respectivos papeles, personajes así los desearían muchos actores, pero la resultante de su trabajo, lo que queda en la retina de los espectadores, no es tanto la ortodoxia de su interpretación sino la explosiva reacción de dos elementos alcanzado el punto de ebullición.


Pasión en los besos, pasión en las palabras, pasión en las ideas. La pasión como ciego deseo humano, irresistible, capaz de destruir la naturaleza humana, de hacer del hombre una bestia ¿humana?. Este es el resumen de la película, el hombre y la pasión y a la vez el hombre contra la pasión. No confundamos las cosas, de cine negro poco, de melodrama pasional mucho.


Coincido con algunos compañeros de críticas en que no puede calificarse de obra maestra, aunque no desentona para nada en el conjunto de la obra del cineasta alemán. Ahora, eso si, es una película que marca a su director, a sus actores y por descontado a nosotros, los afortunados espectadores de una grandísima película.

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